Yo estuve en el “agujero”

Más que artista, este singular personaje se considera vedette. Más que artista, este singular personaje se considera vedette. Foto: Paco Manzano

Más que artista, este singular personaje se considera vedette. Más que artista, este singular personaje se considera vedette. Foto: Paco Manzano

Tres semanas llevan ya de representaciones los artistas de “The hole”, el espectáculo creado por Paco León que, en el Charco de la Pava, cuenta con una maestra de ceremonias tan ingeniosa, chispeante y fantástica como la “Terremoto de Alcorcón”. Una “madame” de una mansión, hablo del personaje que interpreta la actriz, que se enamora de una rata llamada Cristóbal junto a la que disfruta de una relación sentimental la cual, a pesar de su extenso currículum de romances, jamás antes había encontrado con ningún ser humano (hombre o mujer). Y claro, ¿quiénes somos los demás para juzgar tan singular amor?

En la vida solemos montarnos un cliché de lo que, en general, queremos y luchamos desesperadamente contra viento y marea –lo puedo afirmar desde la experiencia-, por lograr lo que no nos damos cuenta de que no era tal y como pensábamos hasta que a base de equivocarnos aprendemos o hasta que, en ocasiones, hemos perdido unos cuantos trenes en el camino. Por eso caemos una vez tras otra en el “agujero” (que es lo que significa en castellano “hole”) algo que, dicho sea de paso, no está tan mal si nos sirve como fructífera experiencia.

El caso es que, aparte de estas conclusiones más o menos trascendentes –tampoco es que me crea yo Federico Moccia-, la enseñanza más importante del espectáculo (que a todos les recomiendo que, si tienen oportunidad, no dejen de ver) es que, sea lo que sea lo que nos pase, no perdamos nunca el sentido del humor. Reírnos es el ejercicio más sano que existe y una manera perfecta de desestresarnos ante cualquier situación, si bien es cierto que, lo primero de todo para ello, es preciso tener sentido del humor (que parece una bobada pero de lo que no todos pueden presumir o, al menos, no siempre coincidiendo con lo que a uno le hace reír).

Les aseguro que La Terremoto lo pasa fenomenal con “su” tímido Cristóbal, al que no le gusta ser protagonista de las “revistas del corazón” y que prefiere cocinar para ella pepino (cuidando de esa forma de la figura de su amada) y, por supuesto, lo hace pasar fenomenal al público con el que cuenta cada noche. Una mujer ésta a la que todos conocimos a raíz de su parodia del inolvidable “Hung up” de Madonna y que, con muchísimo talento, ha ido convirtiéndose tanto en un referente del teatro-cabaret como en una intérprete de demostrada solvencia en series como la fantástica “Carta a Eva”.

Encantado con tan valiente puesta en escena –en la que, punto que para cierto sector de los espectadores es un poco peliagudo, el sexo se trata con una naturalidad casi “animal” (tienen hasta un “pony loco” del que, una de las veces que he estado ahí, me he llevado un buen lametón en la cara)-, ayer volví a entrar en el “agujero”. Y volví a salir. Porque la vida sigue y, como dice la canción, uno se maquilla el corazón y tira “p´alante”. No hay más remedio.

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