Vive, siente… ¡ama!

87 años cumple hoy la duquesa de Alba que, a pesar de su edad, constituye un ejemplo para todos de lo que es una vida apasionada y libre de la que todos debiéramos tomar nota y, en la medida de nuestras posibilidades, imitar. Y es que, aunque algunos puedan pensar que su posición social y económica es la que le ha permitido hacer en cada momento lo que le ha ido dando la gana, lo cierto es que todos tenemos en nuestra mano la libertad para hacer, o no, lo que nos parezca en especial, en los asuntos del corazón.

Cayetana, contra viento y marea, ha defendido los amores que le han conquistado. Lo hizo con su primer esposo, lo repitió con Jesús Aguirre –ese hombre que, según ella misma reconoce, no le gustaba nada pero que, poco a poco, le demostró cómo podía darle el equilibrio y la paz que tanto bien le hizo-, y lo ha vuelto a realizar con Alfonso Díez. A ella no le importa ni la cuna, ni la edad, ni el qué dirán de las gentes. Esos asuntos que tanto suelen obsesionar a la mayoría y que, en su caso, pasan a un segundo o tercer plano (o ni existen) ante lo que verdaderamente importa: sentir, disfrutar, hacer más agradable este tiempo, más o menos prolongado, que venimos a pasar a este mundo.

Hay quien se equivoca buscando en sus parejas un físico, un poder adquisitivo o una similitud de calendarios y olvida que el secreto está en eso mismo que la duquesa ha encontrado en cada una de sus etapas afectivas: entenderse, aceptarse, respetarse. Eso mismo que, extrapolado al resto de los terrenos de la vida, nos haría seguro mejores personas con uno mismo, y con los demás.

Así que, haciendo gala de la generosidad por la que también es conocida, Cayetana de Alba es quien, en su cumpleaños, nos hace el regalo a través de su propio testimonio vital. Otra cosa es que queramos y estemos preparados, para aceptarlo.

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