Victor Manuel: “He hecho siempre lo que me ha dado la gana. A veces le ha interesado a la gente y otras, no le ha interesado nada”

El autor de hitos como “La puerta de Alcalá” o “Nada sabe tan dulce como tu boca” ha vuelto a componer con su álbum “Casi nada está en su sitio”, que mañana presentará en concierto en el Cartuja Center

Por Ricardo Castillejo

Hacía 10 años que no sacaba un disco de canciones originales, aunque Víctor Manuel ha seguido activo en la música. Ahora ha publicado un nuevo álbum con 24 temas que le salieron todas seguidas, pues las tenía dentro y estaba deseando sentarse para escribirlas. “Hacer letras es picar piedra”, este mito del mundo del espectáculo vuelve en un contexto muy distinto al que había en sus comienzos, aunque apuntando, como siempre, a lo más alto. Sin manejar las redes sociales, porque no le interesan, y atribuyendo su éxito en la memoria de la gente a un buen repertorio, el compositor vuelve a sacar música inédita por la puerta grande.

-¿Te sientes, sobre todo lo demás, autor?

-No hay nada comparable a escribir, en el sentido de sacar algo de donde no hay nada, inventar. Cada canción que acabas te da un subidón tremendo y crees que has hecho la obra maestra. Al día siguiente la oyes y ya notas si esta mejor o peor. Días después de escribirlas todas, seguía con ideas en la cabeza, pero yo mismo me forcé a dejarlo ahí.

-Al ser también intérprete y, de alguna manera, protagonista, ¿has encontrado ahí un equilibrio?

-Me gusta mucho el directo y disfruto mucho. Eso de que te aplaudan cada tres minutos es como si a un cirujano le aplaudieran cada vez que hace una puntada al paciente. Es recibir compensación por lo que piensas que está bien hecho y me parece estupendo, aunque escribir canciones lo es más.

-¿Y que tus temas las canten otros?

-Me gusta más la versión de «Asturias» de Miguel Poveda que la mía. Depende de quién y cómo lo haga. Por vanidad, ver mis canciones cantadas por Ana me parece maravilloso. No sería capaz de hacerlo así. Normalmente, cuando hago una melodía para ella es algo que yo no podría cantar, porque tiene unas facultades extraordinarias y un registro del que carezco. Con tu personalidad le das una forma que es intransferible, pero cuando otra persona coge una pieza tuya y le da otro aire, da mucho gusto.

Los de mi generación nos acostumbramos a dar la cara muy pronto, sabiendo que no se puede gustar a todos y que en este país te ponen la cruz simplemente por pensar de una determinada manera”

-Empiezas “Casi nada está en su sitio” con una letra que recuerda tu tierra… Cuando vamos cumpliendo años, ¿volvemos a las raíces?

-Siempre estoy volviendo. Hace 55 años que no vivo allí, pero nunca me he ido del todo. La patria y la infancia son el pozo de donde sacas agua toda la vida. Recuerdo muchas cosas de aquellos primeros años en los que era un crío muy feliz. Vivía en plena naturaleza, con un prado gigantesco detrás de casa, un bosque al lado y agua que bajaba por allí. Se lo vendería a cualquiera como forma vital. Mi familia era modesta, no sobraba nada, pero tampoco faltaba. Cuando compongo, por un lado, o por otro, aparece Asturias.

-¿Cómo afrontas entonces seguir hasta el final en una ciudad como Madrid?

-No me importa nada. Las grandes ciudades tienen muchísimas ventajas también, entre ellas, el anonimato, te pierdes entre un montón de gente. Al principio sí que pensaba que iba a volver al pueblo, pero con una aspiración de paleto, porque pensaba en comprarme un coche muy grande y poner allí una cafetería. Todo eso se me fue curando, entre otras razones, por encontrar a Ana.

-Cuando comentas lo de que «casi nada está en su sitio», ¿te refieres a la vida?

-A todo lo que tenemos alrededor. Vivimos en una época muy acelerada en la que parece que hemos tenido teléfonos móviles inteligentes desde siempre. Hay un gran exceso de información y poco tiempo para pensar en ella… Todo esto me desestabiliza, casi nada está en su sitio. Aparte el espectáculo tan cambiante que tenemos por delante… Ninguno pudimos soñar con que Estados Unidos iba a tener un presidente como el que tiene o que los pequeños fascismos empezarían a emerger en Europa. Ya se nos ha olvidado la Segunda Guerra Mundial y parece que es momento de empezar otra vez por ahí…

-¿Eres de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor?

-Para nada. La vida que ahora tenemos está llena de ventajas, aunque controlamos menos que nunca. Dejamos la huella en una red social y pensamos que es gratis, pero no, al poco te mandan publicidad a través de ella.

-Perteneces a una generación de artistas en la que había un activismo político importante mientras que hoy ninguno quiere hablar de eso… ¿Se ha sufrido un retroceso?

-Todo el mundo es más cauto, sobre todo los más jóvenes. Quieren tener un perfil lo más anodino posible. Hablan de su música o de sus teatros y, cuando les preguntas políticamente por algo, se escurren. Es una opción y en su interior cada uno tendrá lo suyo, unos serán muy reaccionarios y otros muy progresistas… Los de mi generación nos acostumbramos a dar la cara muy pronto, sabiendo que no se puede gustar a todos y que en este país te ponen la cruz simplemente por pensar de una determinada manera.

Estamos muy entretenidos en si se puede decir o no «mariconez» o con el «pequeño Nicolás», cuando se debería de hablar de otras cuestiones que nos deberían preocupar más»

-Tu sonido nuevo, ¿es también para las generaciones actuales?

-Cada generación tiene su música, pero sí que les puede interesar en determinados aspectos. A veces buscan algún título mío de una época fuerte, como «Contamíname» o «La puerta de Alacalá»… Los sentimientos son comunes. Se ama ahora de la misma manera que hace 50 años.

-¿Qué es lo que más te choca del presente?

-La dependencia con las redes, el teléfono. Estamos muy entretenidos en si se puede decir o no «mariconez», con el «pequeño Nicolás» o con el «pequeño Villarejo». También desde los medios de comunicación insisten mucho en estas tonterías, cuando se debería de hablar de otras cuestiones que nos deberían preocupar más, como la estabilidad emocional, lo laboral, el futuro de las pensiones…

Victor Manuel y su mujer, Ana Belén

-¿En las nuevas generaciones se puede dar una relación que dure como la tuya?

-Sí, no hay nada mágico en esto. En cualquier edad, para tener una relación estable no se debe invadir terrenos, se debe dejar aire y que las cosas respiren. Así, cualquier pareja que se quiera puede durar lo que deseen.

-Entre los jóvenes, muchos piensan que la pareja ha pasado a la historia…

-Yo no lo creo. No sé si todos los jóvenes piensan así, pero les sucederá hasta que se enamoren como burros.

-Ahora vuelves a las promociones, entrevistas… ¿te llevas bien con los periodistas?

-Sí, muy bien. Hay un tipo de prensa que me gusta menos y no la comparto… Tampoco la busco para decir tonterías sino por motivos profesionales que me interesen que se publiquen.

-Pasando los 70, imagino que se hace balance…

-No soy muy de eso… Me acuerdo que entré en la academia de «Operación Triunfo» y los chavales de allí me dieron una ternura tremenda. Les conté cómo fueron nuestros comienzos en comparación con los de ellos, con todos los medios que tienen a su alcance. Eso no es un balance… Una vida como la nuestra no siempre es lineal, no siempre tienes éxito, a veces sacas álbumes que te los tienes que comer con patatas porque no le gustan a nadie…

-¿Has conocido el fracaso?

-Depende de lo que se entienda por eso. Para mí, el fracaso es hacer las cosas de mala manera o no estar a gusto con tu trabajo y en eso no he fracasado nunca. He hecho siempre lo que me ha dado la gana. A veces le ha interesado a la gente y otras, no le ha interesado nada.

-Como creador, ¿cuál es tu mejor obra?

-El haber llegado hasta aquí con ganas de escribir canciones. El mérito más gordo que me atribuyo es el haber conseguido hacer un disco donde entra la vida de nuevo, donde está la calle, lo que pasa… Soy un señor mayor ya y, tener todavía esa visión de lo real, es lo más.

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