Uno queda de lo que es

cayetano-evaTengo que confesarles que estoy indignado. Y no me refiero a la indignación de los “indignados” que protestan contra la corrupción política –que también, y mucho-, sino con la actitud de algunos famosos que van de “perdonavidas” y que se piensan que los periodistas somos unos seres incómodos cuya única misión es cotillear de su privacidad, sacar “trapos sucios” y molestarles cuando están en situaciones más o menos relajadas. Unos personajes, algunos de ellos, con una preparación cultural más que cuestionable que olvidan, a juzgar por sus reacciones, cómo los que nos dedicamos a ejercer este trabajo necesitamos, para empezar, una alta nota de selectividad para poder acceder a la carrera de Periodismo (que supone otros cinco años más ya a nivel universitario). Eso para luego convertirnos en mileuristas (con suerte) que, por vocación sobre todo, nos vemos tiraditos por ahí para, volviendo al principio, encontrarnos con quienes, sin saber hacer la “o” con un canuto, pretenden darnos lecciones de no sé qué o, peor aún, enfadarse (y hasta insultarnos) solo por preguntarles algo que no quieren responder.

140914_destacado__O lo mismo Eva González, por citar un caso que está de plena actualidad, piensa que su “segunda oportunidad” con Cayetano motiva más que, por ejemplo, leer un libro, ir un rato al cine o, simplemente, dar un paseo por alguna tienda. O igual cree que, como parece ser que alguien declaraba en el desfile de Jorge Vázquez al que ha asistido esta semana en Madrid, su mera aparición en el “photocall” ya era un lujo al que los profesionales allí presentes tenían que estar agradecidos (pues, al no cobrar por su presencia, no había lugar para declaraciones). Sea como sea, lo cierto es que la Miss terminó concediendo algunas palabras cuando se le cuestionaba si le cansaba que siempre saliera a relucir ante los medios el tema de su pareja. “Me parece un coñazo”, comentó al respecto para, de seguido, despedirse dejando el consiguiente mal sabor de boca por lo poco agradecido de su discurso.

Porque, en el fondo, ¿qué sería de muchos populares si no fuera porque sus relaciones sentimentales interesan? ¿Quién los contrataría como imagen de productos o para presentar programas de televisión? ¿Ganarían lo mismo y tendrían las mismas ventajas sociales? ¿Les prestarían sus maravillosas ropas las primeras firmas de moda? ¿Se mantendrían tanto tiempo en el “candelabro” (perdón, candelero)?

A lo mejor Eva (y la menciono a ella como podría referirme a cualquiera en sus mismas circunstancias) hubiera preferido contestar a estas dudas en vez de a la de su novio. Y tal vez de ser así su perspectiva sería distinta y se pensaría mejor las cosas que comenta para no darle la razón al refrán aquel de que “uno termina quedando de lo que es”. He dicho.

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