Universal arcoíris para la Feria de Abril

La amplia paleta cromática de los trajes de flamenca de esta temporada se convirtió en la nota más destacable de la jornada del sábado del SIMOF

por Josan Muñoz

Como cada año, la solidaridad tenía su sitio preferente en la primera mañana de la recta final de Simof. En esta ocasión, las beneficiarias serían las comunidades indígenas del centro de África desde donde llegaban unos tejidos que sirvieron a más de 30 diseñadores para rendir homenaje al continente olvidado a través de la Asociación Teranga. Eva Yerbabuena, madrina del proyecto, abría la pasarela con una pincelada de su baile, suficiente para mostrar la conexión y el diálogo existente entre la cultura andaluza y la de nuestros vecinos del Sur.

Modelos de la pasarela benéfica "Teranga", confeccionada al completo con tejidos africanos

Modelos de la pasarela benéfica “Teranga”, confeccionada al completo con tejidos africanos

Ya al mediodía comenzaban los desfiles profesionales de la mano de Verónica de la Vega e Isabel Vargas, que se estrenaban con buenos augurios en este Salón Internacional. Tras ellas, un destacable Andrew Pocrid que proponía siluetas entalladas que resaltaban el cuerpo, con incrustaciones de cristales de Swaroski sobre tonos rosa, turquesa o beige. Remataba con mangas de volúmenes imposibles y juegos de volantes asimétricos con centenares de metros de tul intercalados entre ellos. Compartía pase con Miriam Galvín, que recurría estampados mucho más coloristas en patronajes de prominentes escotes o cuellos de barco.

simof 2016 sara d benitez

Sara de Benitez puso sobre la pasarela el colorido de “El arte de vivir” . / Fotografía González

La tarde llegaba con fuerza gracias a Sara de Benítez y su “Arte de vivir”. Un pequeño universo de color ideado para las mujeres arriesgadas y decididas, dispuestas a enseñar pierna y presumir de unos volantes en cascada, subidos por delante, que disparan el vuelo al caminar y se han convertido en el sello de esta cordobesa que disfruta ya de un reconocido modo de hacer. Los bolsos y abanicos de flecos, a juego con lo demás, son un detalle a destacar.

Era el momento luego de dos firmas veteranas en esta muestra: Carmen Latorre y Margarita Freire. La primera quiso homenajear al toro como animal bravo y de nobleza desde el prehistórico arte rupestre hasta vivencias de los callejones de la Maestranza, trasladándolos a la tela con pinturas hechas a mano. La segunda presentaba trajes mucho más livianos, con volantes canasteros y talles más cortos. Sus combinaciones de lunares en positivo y negativo, el uso del bolillo y las nejas la convirtieron en uno de los planteamientos con sabor más añejo –y cómodo- de la jornada.

Turno entonces para Loli Vera, otra clásica gracias a la fuerza, la paciencia y la creatividad que requiere su oficio. Unas virtudes que plasmó en vestidos de cortes desiguales que combinaban texturas y abullonaban las mangas como en épocas anteriores. En Sonia & Isabelle fueron los bordados, las transparencias y los brocados en terciopelos los protagonistas de su concepto del vestir andaluz.

El colofón llegó de la mano de Pilar Rubio, mujer de raza que imprime fuerza y elegancia en unas creaciones donde nada es porque sí. Ni en las primeras con aplicaciones florales muy estudiadas que otorgaban un toque “hippie”, ni en las camisas vaporosas que derrochaban sensualidad, ni en las mallas de tejido 3D deportivo para los calurosos días de nuestras ferias. La guarnicionería campera elaborada para ella en exclusiva o la piel teñida de pitón de sus brazaletes iban anticipando un fin de fiesta para el delirio, con modelos vestidas de rojo pasión, color que hizo que Mireia Canalda, invitada del día, irradiara belleza.

Diseño de Pilar Rubio / Fotografía González

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