Una vida sin complejos

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Falete va a someterse a una lipoescultura y a un régimen alimenticio, con el doctor Tafalla, para perder los kilos que le sobran

Lo de los regímenes es, para gran parte de la población, una obsesión en virtud de la que se llega a hacer de todo (especialmente en un momento como el actual donde lo que vende es la delgadez). Hay quien sigue la famosa dieta de la alcachofa, están los que se dejan asesorar por esa vecina poseedora de un régimen mágico, los que optan por los sobres de batidos proteínicos o los que hasta acuden, como debiera ser, a los profesionales adecuados. Porque, presumamos o no de ella, nos importe más o menos, la gordura no solo no es buena por la cuestión estética sino, sobre todo, por la salud.

A esa conclusión ha llegado Falete quien, a sus 36 años, ha decidido someterse a un tratamiento que comenzará en estos días con una lipoescultura (a través de la que le quitarán catorce litros de grasa, unos doce kilos), mezclada con una alimentación personalizada que le ayudará a aprender a comer y a evitar ese sobrepeso que, casi desde que nació, le ha acompañado en la vida. Y eso no significa que el cantante se sienta mal, ni que se canse, ni nada de eso (más bien al contrario, pues los niveles de sus analíticas son perfectos), sino que, previendo un futuro con problemas, ha decidido dar el paso de la mano del doctor Manuel Tafalla.

Yo no he tenido complejos nunca”, me cuenta mi amigo en conversación telefónica y como avance de la entrevista que publicará “Sevilla Magazine” en su edición del próximo 15 de junio. “Lo que pasa es que no me gustaría que, por no ser previsor, me encuentre de aquí a un tiempo con verdaderos obstáculos que me hagan no poder, por ejemplo, estar ágil o que deriven en algo más grave”, continuaba con una aplastante coherencia como en pocas ocasiones he tenido frente a mí. Porque eso de ponerse delante de un espejo y asumir con todas las consecuencias lo que hay e incluso, más allá, sentirse orgulloso y seguro de uno mismo, no es nada sencillo. Aceptar tu nariz, tu boca, tus manos… potenciar tus virtudes y perdonar tus defectos es algo que solo logran personas muy maduras y, sobre todo, con las ideas muy claras.

Eso no quita que uno no pueda y deba mejorar y que, con la ayuda de los avances técnicos y médicos, no evolucione hacia una mayor excelencia física. Ya lo hacía Cleopatra con sus famosos baños de leche de burra mezclada con miel (y su menos conocido contorno de ojos hecho con pulpa de albaricoque), y tantas y tantos que, a lo largo de la historia, han buscado estar bien en cuerpo… y alma. Porque, al final, éste sí que es el secreto de la belleza eterna. Por eso hay personas que, tengan la edad que tengan –y el físico que sea-, siempre gustarán y emanarán armonía. Y otras que, por mucha juventud y magnificencias corporales de las que presumir, ni siquiera transmitirán eso. ¿Por cuál de las dos opciones se inclinan?

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