Una reina nacida para la polémica

Coincidiendo con el 46 cumpleaños de la reina Letizia Ortiz, hoy sábado, analizamos el perfil de una monarca que, si por algo pasará a la historia es por estar de continuo en el centro de la mirada pública

 

por Ricardo Castillejo

 

Que Letizia Ortiz es una reina polémica, es un hecho. Lo fue incluso ya cuando, al presentarse ante los medios como prometida de Felipe de Borbón, calló a éste ante los periodistas para aclarar que, si podía, seguiría ejerciendo como profesional en la medida en la que su cargo se lo permitiera. Una osadía que muchos no le perdonaron y que la convirtió en el objetivo de críticos como Jaime Peñafiel, uno de sus enemigos públicos más declarados.

A partir de ahí, Letizia –nacida un 15 de septiembre de hace 46 años-, quedó relegada a un segundo plano mientras ejerció como princesa, protagonizando una boda donde, la abundante lluvia que cayó en Madrid, pareció presagiar lo peor para un matrimonio en el que, si algo ha quedado claro es el amor que él le profesa a ella, salvándola en toda circunstancia de nada que pueda afectarla…o contrariarla. De hecho, esta misma semana ha saltado la noticia de que la reina Sofía no podrá estar en el primer acto de la princesa Leonor en Asturias (algo que la abuela deseaba profundamente y que, por lo visto, ha recibido la desaprobación del padre de la pequeña). Doña Sofía, por su parte, le habría pedido a su esposo, Juan Carlos, que escribiera a Felipe VI para pedirle que deje de “consentirle todo a su mujer” (quien, poco a poco, ha ido separándose (y mucho) del resto de la Familia Real).

Muy preocupada por su imagen, Letizia Ortiz no solo presta atención a su vestuario (siempre objeto de análisis y rankings) sino, de forma especial, a su físico, dentro del que ha sufrido modificaciones como las de su nariz y barbilla que, de ser larga y afilada, respectivamente, han pasado a recortarse y redondearse para, de esta manera, suavizar un rostro que resultaba demasiado duro. Es decir que, para empezar, se ha sometido a una rinoplastia y a una mentoplastia. Sin embargo, la cosa no queda ahí porque es evidente que, la que fuera presentadora del Telediario de TVE, también es usuaria de la toxina botulímica (bótox), la cual le permite que, hasta el momento, ninguna arruga haya aparecido en una cara en la que, si nos fijamos, sus pómulos son bastante más prominentes que al principio de darse a conocer (efecto posible gracias al ácido hialurónico). Visto lo visto hay quien apunta también a que sus mejillas lucen más estilizadas por la ausencia en ellas de las bolas de bichat algo que, comparando los antes y después, parece ser otro retoque más dentro de todos los que han transformado a esta ovetense que, por los pasos que ha ido dando, da la sensación querer tener un cierto parecido con la también reina, Rania de Jordania.

Lo que no parece preocuparle tanto a nuestra soberana es lo que su comportamiento, en determinadas situaciones, provoca, siendo bien conocidos sus gestos de incomodidad -que no tiene inconveniente en mostrar cuando no se encuentra a gusto-, o desaires como el que protagonizó a finales del pasado mes de abril cuando, en Palma de Mallorca, rechazó el que sus hijas se hicieran una foto con doña Sofía. Un momento de gran tensión que fue grabado por cámaras presentes y que constituyó un motivo de escándalo que incluso traspasó fronteras, posicionándose el pueblo a favor de la querida monarca emérita quien, desde el principio, ha sabido ganarse el cariño popular por su ejemplar ejercicio de sus obligaciones.

Y aunque dicen que estas “meteduras de pata” generan en Letizia Ortiz gran pesar –deprimiéndole bastante-, lo cierto es que, echando la vista atrás, son unas cuantas ya las que lleva acumuladas desde que pasó a formar parte de la Casa Real. Amante del rojo y de los zapatos de tacón, igual sabe brillar como una “estrella” sobre la “alfombra roja” que puede perder todo su “glamour” cuando se trata de ser diplomática. Y eso que ha recibido consejos hasta de la mismísima Sarah Jessica Parker que, al ser preguntada recientemente por ella, contestó: “Su  estilo es encantador. Aunque no he visto muchas imágenes suyas, creo que no se trata tanto de la moda sino del ser humano que hay detrás”.

Claro que lo que nadie puede discutirle a nuestra cumpleañera es el amor que demuestra hacia sus hijas, Leonor y Sofía, junto a las que no deja de presentarse sonriente y de dedicarles guiños de cariño y protección. Igual que le sucede con su marido al que, a día de hoy –y superando rumores que apuntaban a una crisis (y hasta una posible ruptura)-, todavía lanza miradas de complicidad.

En definitiva, una reina nada al uso que pasará a la historia por ser polémica y, seguro, por mucho más de lo que nos deparará su reinado. Tiempo al tiempo.

 

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