Una moda flamenca ‘in crescendo’

Arranca el 25 aniversario del Salón Internacional de la Moda Flamenca sin muchos fastos especiales en el Palacio de Congresos, pero con una pasarela de grandes profesionales que presentaron colecciones, en algunos casos, realmente meritorias

por Ricardo Castillejo / Fotos: Jesús Green

No sé si será que, por mi vinculación al SIMOF, 25 años me parece una fecha muy importante y significativa pero, yo personalmente, habría incluido algo más especial para el arranque de la pasarela de ayer jueves. Y no es que el desfile de Lina fuera poco, que no lo es, sino que creo -e, insisto, es mi modesta opinión-, un cuarto de siglo no se cumple todos los días y eso merece algo que lo destaque del resto de ediciones, precedentes y venideras. Sea como sea, mi más sincera enhorabuena a todo el equipo, de FIBES y Doble Erre, por el especial cariño que demuestran hacia “Sevilla Magazine” -el medio que en la actualidad represento-, y, en concreto, hacia mí mismo. Incluyendo a Raquel Revuelta, que hasta me dejó que le diera un beso con el que espero recibiera el mensaje que, al menos en mi caso, el rencor nunca es buen compañero de viaje. Y menos en esto que nos ocupa. 

Un viaje por la flamenca que comienza por una firma clásica, la mencionada Lina, que, como siempre, dejó el buen sabor que deja lo bien hecho. Como esas recetas de tu madre -los que tengan madres que cocinan bien sabrán a qué me refiero- que jamás te decepcionan. Lunares, blancos, azules bebé, fucsias, volantes que se mueven solo. Todo eso, y más, es Lina. Bajo un concepto de maquillaje con la base bastante pálida y concentrando la fuerza en labios y ojos (sin ahumar), la colección -titulada “Fuera de contexto”-, contó con zapatos, también de lunares, y, al final, con unas preciosas propuestas rocieras de faldas con talle muy alto y frescas blusas.

De seguido, la temperatura subió en el auditorio con la indomable Aurora Gaviño. Indomable, indómita, incorregible… Rebelde. La misma que nos enamoró con su “Flower Power”, y que después nos sobrecogió con el luto de la pérdida de su madre, renace, cual “ave Fénix”, para desplegar una paleta en la que no faltan las mangas ablusonadas o medievales, fuertes escotes en uve en espalda y pecho (algunos de ellos muy adornados con detalles dorados que recordaban a los vestidos de ciertas Vírgenes), mantones de crochet y otros con mensajes como el de “Soy fuerte, soy ambiciosa”… Eso sin olvidar presencias invitadas como las de Gloria Camila, la hija de Rocío Jurado, o Carmen Hierbabuena, quien transformó su momento en una auténtica “performance”.

En cuanto a Alejandro Santizo, sus “Retales de mi vida” enamoraron. Por su sencillez, por un lado, y por su fuerte conocimiento -y realce-, de la figura femenina, por otro. Partiendo de una serie de patrones negros con flores rojas en el pelo, entre los que no faltaron uno de terciopelo negro con pecherín de gasa -o mangas sin volantes en los puños, pero sí en los hombros-, fue el primero de la tarde en arrancar aplausos desde el principio. Rosas empolvados con celestes, amarillos, naranjas… Tonalidades puras, pero con mucho estilo. Y, sobre todo, unos rojos que, desde Vicky Martín Berrocal, no habían sido tan poderosos en este Salón donde, con Santizo, vuelve el concepto Valentino a la pasarela.

Compartiendo desfile, Luis Fernández, en “Flamencool”, usó escotes de corazón y de pico, dejando al aire los hombros y complementando con faldas de volantes asimétricos que demostraron el estudio del patronaje de nuestro protagonista que, además, tuvo entre su elenco de chicas a la estupenda Ángela Ponce, recién llegada de “Fashion Week Madrid”.

Turno para Pilar Vera. LA MAESTRA. Y no porque por veteranía merezca esas mayúsculas -que, por supuesto-, sino porque, con la posibilidad de equivocarse, es de gran maestría arriesgar por nuevos caminos cuando el del éxito se tiene ya recorrido. Pero es la única manera de aprender y, desde ahí, convertirse en el ejemplo que es esta mujer cuyo solo nombre hace casi llenar un aforo como éste que nos ocupa. Así lo hizo con “… Y Sevilla”, donde se contó, para empezar, con la espectacular voz de Claudia, la hija de “la” Revuelta, como cálida forma para romper el hielo de una presentación con cuerpos de volantes –muy años veinte– que nacen desde poco más abajo del pecho, bombers de lunares con mallas con encaje en los tobillos o faldas, mantoncillos cruzados marcando silueta, hombros al descubierto al modo de la indumentaria típica mexicana, estampados con el rostro de Lola Flores (y otros con rosas gigantes)… Una flamenca muy actual que culminó con vaporosas propuestas todo en un ambiente de renovación muy interesante.

En la recta final, “Malvasía”, de Consolación Ayala, homenajeó a la uva y al vino en colores (verdes, malvas, morados o negros) para un sello entre el que se incluyeron pantalones y otras opciones ligeras pensando, más que nada, en las romerías. Además, muy cómodos sus volantes de tul, que dan vistosidad, pero sin que ello suponga añadir un peso extra en los conjuntos. Una estupenda “bebida” que culminó con el mejor de los postres: Pedro Béjar. Grande, pese a su juventud, lo suyo se inició con negros que parecían auténticas estampas decimonónicas, pero con esos toques de modernidad y creatividad que te hacían no poder dejar de mirar unas enaguas de volantes que parecían no tener final. Lunares de cristal, espaldas al aire con lazos al cuello, una gigante rosa de tela con una manga asimétrica, mangas abullonadas, mezclas de fucsia y rosa empolvado… ¿Cómodo? Tal vez no demasiado. ¿Impresionante? Lo más. Un dulce que se cerró con otro dulce: la tarta sorpresa con dos velas de “25” que Raquel Revuelta, desconocedora de tal regalo, sopló a ritmo de la música y rodeada del cariño de los asistentes. Más no se puede pedir.

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