Una diosa de la música en Mérida

Mónica Naranjo ofreció, el viernes por la noche, un inolvidable concierto en el Teatro de Mérida dentro de una gira, “4.0”, con la que tiene previsto regresar al escenario del Auditorio Fibes de Sevilla el próximo sábado 1 de noviembre

Ricardo Castillejo

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Foto: Roberto Ríos

Decir Mónica Naranjo, dentro de la música española, no es decir poca cosa. La intérprete, con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas, ha ido ganándose, poco a poco, el reconocimiento del público a nivel profesional, primero, y, gracias a la televisión, en el plano personal, en los últimos tiempos. Y así, el personaje que la de Figueras había construido –dramático hasta el extremo, desgarrado, sufridor y, hasta cierto punto, un poco siniestro-, actualmente convive sobre los escenarios con la mujer que le da vida y que, mucho más cercana, tierna, y con gran sentido del humor, sabe meterse a sus admiradores en el bolsillo en el mismo momento en el que aparece ante ellos.

010814_destacado__Eso mismo es lo que sucedió el viernes por la noche en el teatro romano de Mérida donde “la” Naranjo había actuado anteriormente con su espectáculo, “Adagio” (revisión de su obra bajo una perspectiva sinfónica, y al que llevó el actual, “4.0”, con el que celebra su 40 aniversario dando un repaso a algunos de los títulos más significativos de su discografía. Doce, para ser más exactos, que son los once que aparecen en su álbum más reciente, con el mismo título que la gira y el “show” que tiene entre manos, más un “regalazo” con delicados arreglos de “cuento de Navidad” como es la versión de “Rezando en soledad” (sin duda, uno de los instantes más emocionantes de la velada).

Así, recubiertas con la pátina del sonido electro-rock, en el mágico recinto de la ciudad extremeña sonaron melodías como “Europa”, con la que arrancó la puesta en escena, “Todo mentira” o “Usted”, del último período discográfico de la diva, u otras que se rescatan de su primera etapa como “Desátame”, “Entender el amor” o su himno, “Sobreviviré”. Un repertorio coreado por el repleto auditorio y que se arropó con una banda de tres guitarras, batería (y efectos), dos chicas y un chico de coro y cuatro bailarines que complementaban la presentación y que ayudaban, con algunos números en solitario, para que los cambios de vestuario apenas se notaran.

monicanaranjo_merida02Muy urbana, Mónica presentó tres monos con pantalones bombachos en dos tonos de gris y negro que resaltaban lo mejor de su figura, marcando cintura a través de cinturones o, en el último caso, un corpiño de tachuelas. El resto del equipo, de riguroso negro y maquillados con aires góticos para fomentar el misterio que, desde siempre, tan bien ha sabido generar nuestra protagonista en torno a ella misma. Buena iluminación, mucho humo y una careta blanca gigante –sobre la que se proyectaban imágenes alusivas a lo que, en cada momento, iba sonando-, conformaban los elementos que atrezzaban esta aventura de quien, por otro lado, lo cierto es que no necesita más que su voz para convencer al respetable. Una garganta privilegiada que le hace abarcar la amplia tesitura que posee y que, desde los tonos más graves a los imposibles agudos, la hacen ser un referente admirado y casi inimitable. Porque, aprovechando su vinculación con el programa “Tu cara me suena”, ¿quién, famoso o anónimo, se atrevería, saliendo más o menos airoso, a emular a esta felina mezzosoprano poseedora de tan singular técnica vocal?

Lejos de servirse de ello para separarse del resto de los mortales, nuestra “diosa” se ha esforzado por ser vista como alguien normal, esposa de su marido y madre de su hijo, que, eso sin duda, cuando tiene que trabajar se transforma “desatando”, nunca mejor dicho, la locura general. Con una larga melena de pelo ondulado, raya en medio y ojos ahumados, la suya es una belleza que, estando alejada de los cánones habituales, no deja de seducir con una femenina sensualidad que explotó en “Kambalaya”, para ella, la única pieza en la que se acerca a sus orígenes andaluces (su familia materna es sevillana). Más allá, “Pantera en libertad” supuso casi el adiós antes de un bis, el de “Solo se vive una vez”, que cerró la algo más de hora y media de una espléndida labor que, esta misma semana se ha anunciado, volveremos a tener la oportunidad de disfrutar el sábado 1 de noviembre en el Auditorio Fibes. Hasta entonces, esperaremos con impaciencia. Lo bueno de verdad, siempre sabe a poco.

 

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One Response

  1. David

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