Tatiana Solovieva: “El ballet clásico tiene un lugar y, la gente culta, lo sabe valorar”

El Ballet Imperial Ruso ha llegado a Sevilla con ‘Romeo y Julieta’ y ‘El Cascanueces’, que estas navidades ha llenado el Cartuja Center y seguirá haciéndolo con ‘El Lago de los cisnes’ los próximos días 1, 2 y 3 de enero.

por Pepe Zarza

Tatiana Solovieva es quien hace que todo lo que vemos en el escenario empiece a funcionar, el motor de estas obras. Estudió musicología durante 17 años, toca el piano, canta, baila y estuvo trabajando en el Teatro Musical de Moscú. Ahora es productora y busca que las funciones que la emocionan puedan disfrutarse por todo el mundo.

-¿Cómo está siendo la experiencia de traer el ballet clásico a Sevilla?

-La experiencia de las primeras representaciones ha sido maravillosa. El teatro es fantástico, muy grande, cómodo para bailar, con muy buenas luces y muy buenos equipos. El espectáculo queda muy bonito. Además, por nuestra parte es un placer poder actuar aquí. El Ballet Imperial Ruso ya está esperando la posibilidad de volver otra vez y encontrarnos, de nuevo, con esta ciudad.

-¿Qué tal la recepción del público?

-Nos ha recibido muy bien, con muchos ‘bravos’ y muchos aplausos, aunque espero que ‘El Lago de los Cisnes’ vaya a gustar aún más. No es algo fijo que en todas partes sea igual, cada compañía tiene su versión y cada director artístico tiene la versión de cómo quiere su ‘Lago de los Cisnes’. El Ballet Imperial Ruso lo ofrece bajo la dirección de Gediminas Tarandá, cuya visión marca mucho y es una obra muy diferente a las que hayamos podido conocer antes. Todo lo que hace me parece fantástico, porque es un gran bailarín, solista estrella del Ballet Bolshoi, y uno de los mejores directores artísticos, no solo para el ballet sino también para los grandes eventos nacionales. Tiene muy buena percepción de lo que gusta y de cómo tiene que quedar en el escenario, mantiene la emoción con muchísimo éxito. Transmite una sensación de haber presenciado algo único e inolvidable.

-¿Cuáles son las cualidades que debe tener un buen bailarín?

-Depende de la compañía, porque cada una puede tener un objetivo diferente. Pueden querer que esté todo perfecto y sincronizado o, por ejemplo, en el Ballet Ruso, hace falta que, aparte de dominar la técnica, sea muy buen actor porque todos los espectáculos tienen argumento y hay que saber transmitir también la parte artística. El ballet es un montaje teatral, son historias que tenemos que contar con los medios clásicos, igual que un pintor con su pintura.

-En la sociedad de hoy, donde está triunfando el reggaetón, ¿tiene cabida un ballet clásico?

-Hay gente para todo. Quien no quiere pensar tiene un tipo de diversión, pero hay muchísimas personas que desean cultura, aprender, lo bello, van a los museos, a la ópera, al ballet… Esta danza es lo más bonito, lo más espectacular, es la belleza de los cuerpos, la técnica de los bailarines, ese maravilloso vestuario, el decorado o el argumento. El ballet un lugar y, la gente culta, lo sabe valorar, los que no han llegado a ese nivel de cultura, allá ellos… (risas).

-Hablando de cultura y en Sevilla… ¿A ti el flamenco que te inspira?

-El flamenco es una cultura muy profunda y muy importante. Los que lo dominan tiene mis respetos. He trabajado mucho con artistas flamencos y he llevado muchas veces a grupos españoles de gira por Rusia. Hacer una gran puesta en escena así también es muy importante para el mundo.

-¿Qué punto en común crees que tiene el ballet con el flamenco?

-El parecido es que los dos necesitan disciplina, pero los métodos son diferentes y las formas del baile no tienen nada que ver. En Rusia también hay otras danzas nacionales como el flamenco, porque el ballet no lo llamaría baile nacional puesto que no es algo absolutamente ruso, ha estado también en España con la Escuela Bolera, ha pasado por Francia -donde se ha convertido en “ballet”-, pero llegó a su nivel máximo profesional y de grandes producciones en Rusia a finales del siglo XIX.

-¿De qué forma se trabaja esa perfección del Ballet Ruso?

-La Escuela de Ballet Ruso es muy buena y tiene más de dos siglos y medio de historia. Se cuidan los profesores, se transmite lo que han aprendido de generación en generación, hay buenos bailarines, buenos coreógrafos, grandes diseñadores de ropa escénica… Es un conjunto de experiencias adquiridas. Lo bueno en una escuela para lograr el nivel es tener continuidad y respetar a los anteriores, aprender de ellos y desarrollarlo durante siglos.

-Películas como ‘Cisne negro’ muestran que una vida dedicada al ballet es muy dura y que se pasa mal…

-Para mí, la película del ‘Cisne negro’ no tiene más que un guión para un filme del siglo XXI. Los temas que se exponen ahí no son la realidad del ballet clásico porque esto es como una profesión cualquiera a la que uno se dedica desde pequeño, desde los 10 años. Los bailarines son como actores que han aprendido a manejar su físico, la técnica y, a partir de ahí, trabajan, pero como actores. Entonces, si en una compañía el director está un poco chiflado y los bailarines tienen envidias unos a otros y aparte tienen problemas sexuales, se trata de la película, pero en la vida real nada es así (risas). Ni siquiera la cuestión de las relaciones sexuales de la protagonista se corresponde con un ballet romántico, pues ‘El Lago de los Cisnes’ es del siglo XIX y en esa época ni hablaban de ese tema.

-Pero sí que se exigirá mucho sacrificio…

-Como cualquier oficio. A los médicos y a los ingenieros también se les exige. Todo el mundo tiene que estar profesionalmente preparado y, ser bailarín, no algo diferente del resto.

-Tras dirigir títulos como ‘Romeo y Julieta’, ‘El cascanueces’ o ‘El Lago de los Cisnes’, ¿cuál es la mayor satisfacción?

-Antes era artista, pero ahora estoy en la parte de producción y organización. Entonces busco espacios, compañías, veo los estrenos que me gustan y que quiero compartir con otros. Después de preparar durante más de un año una gira para una compañía, cuando todo sale bien y el público está contento aplaudiendo, me siento también feliz porque es el resultado del esfuerzo bien hecho. Y lo importante es que no lo hacemos para nosotros, sino para que se disfrute y se aprenda, para que haya cultura. Hacemos también propuestas como ‘El Cascanueces’, introduciendo niños de las escuelas locales para ayudarles a crecer profesionalmente y a que entiendan el mundo del ballet. Además, así vienen sus padres, sus amigos, sus tíos y se crean nuevos públicos porque, una vez que uno viene al ballet clásico y le gusta, vuelve a verlo, empezando un nuevo caminito aparte del reggaetón (risas).

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