Soportar no es respetar

Estaba mi amiga Ana muy cabreada el otro día porque decía que Ricky Martin se había pasado casi toda su vida engañando a sus seguidores y, sobre todo, engañándose con el tema de su encubierta sexualidad. Yo le decía que siempre hay que ponerse en los zapatos del otro para saber por qué ha dado los pasos que ha dado en su camino pero que, fuera como fuese, el entorno del puertorriqueño (me refiero a Hispanoamérica) aún dista bastante de disfrutar del mayor aperturismo que sí podemos encontrar en otros países europeos como España. Y eso que a nosotros en concreto nos queda bastante en este sentido puesto que olvidamos cómo, para ciertos sectores -y en ciertos entornos pequeños, como pueden ser los pueblos-, lo de la condición homosexual todavía no se termina de ver con la total normalidad que sería deseable. Porque una cosa es aguantar o soportar algo y otra, muy distinta, respetarlo. En lo primero aceptas porque no te queda otro remedio y, en lo segundo, lo contemplas como una opción más que en realidad te parece tan bien como las otras y ante la que no sientes ningún roce ni ninguna fricción interna.

Eso, desde dentro, se nota y, aunque muchos hagan el intento y el esfuerzo por estar cómodo ante alguien gay, en el fondo no lo logran. Claro que siempre será mejor esto que los que directamente cometen delitos tan terribles como torturar, pegar o asesinar a los que, en este caso a nivel sexual, no son como ellos. Eso sigue pasando hoy día en muchas partes del mundo y no podemos ni debemos olvidarlo. En esta semana del Orgullo LGTB, poder erradicar tanto odio y tanta incomprensión sería la gran victoria del colectivo. Pero entonces seríamos otra especie, no seres humanos.

 

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