Si no te valoran, sigue buscando

agathapedroj_Hace algo menos de un año, a través de mi amiga Sara, conocí a Ismael Gil, presidente de la Asociación de Astrología de Barcelona y una de las personas, a pesar del poco trato que he tenido con él, más definitivas de mi vida. Yo, que no creía en absoluto en estas cuestiones –por desconocimiento, tengo que reconocerlo-, descubrí que a través de la Carta Astral es posible conocerse mucho mejor, potenciar nuestras virtudes y, a la vez, minimizar nuestros defectos o corregir aquello que nos hace menos bien en el crecimiento personal. Y así, poco a poco, he llegado a sentirme orgulloso de ser Virgo y de llevar a gala en mi personalidad algo de lo que, sobre todo echando un vistazo alrededor, se echa cada vez más en falta: el compromiso y la fidelidad. ¿Cómo van a durar, por ejemplo, las relaciones sentimentales si la mayoría de ellas carecen de dos valores tan definitivos?
Lo mismo mañana descubrimos la respuesta en el programa de Risto Mejide, “Viajando con Chester”, cuando le refiera a Pedro J. Ramírez el famoso vídeo sexual que circuló hace 17 años y donde se le pillaba al periodista en una situación más que comprometida con una chica de color que, no obstante, no impidió que su matrimonio con Ágatha Ruíz de la Prada se mantuviera y siguiera. O lo mismo habría que preguntarle a tantos y tantos otros que logran que, a pesar de sus escarceos, sus parejas aguanten “al pie del cañón” perdonándoles una y otra vez tan desagradable situación (véase casos famosos como los de Michael Douglas, Bill Clinton, Arnold Schwarzenegger…).
En este sentido viene siempre a mi memoria mi admirada Concha Velasco la cual, después de muchos años soportando el libertinaje de su marido, Paco Marsó, sobre el que tanta y tanta gente le advertía, terminó rompiendo esa unión tras haber sacrificado su parcela amorosa por alguien que, realmente, ni la merecía a ella, ni siquiera merecía la pena. Algo parecido, dando el salto a una “ficción muy real” a lo que le sucede a Carmina, la madre de Paco León, quien, en la película “Carmina y amén”, le confiesa a su difunto cómo, en el fondo, tampoco le quería tanto y que, más por los absurdos convencionalismos, había aguantado “carretas y carretones” que tan poco afortunada le habían hecho sentir.
Al final, uno se mete en una espiral donde se termina autoconvenciendo de que no merece más de lo que tiene al lado y de que no existe otra alternativa y el tiempo, que no tiene amigos por los que se pare ni un instante, pasa y no vuelve atrás. Por eso en la India obligan a los novios a presentar la mencionada Carta Astral antes de casarse. Y por eso en otras culturas, como la anglosajona, se lo piensan tanto antes de dar el paso de formalizar una relación (consultando con familias y seres queridos). La pasión acaba y, si no hay cimientos, el edificio, tarde o temprano, se vendrá abajo. ¿Conclusión? Si no te valoran, sigue buscando.

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