Sergio Dalma: “Con 53 años que tengo, si no diera mi opinión en ciertos asuntos, me sentiría inútil”

 

 

 

El cantante vuelve a revisar éxitos italianos en “Via Dalma III”, final de una trilogía del que, a sus 53 años, es también un hombre comprometido con la actualidad social de su país

 

por Ricardo Castillejo

 

Sergio Dalma no se calla ni una. Y pese a que su espíritu no es ni mucho menos belicista (en apariencia, todo lo contrario), el artista ha llegado a una madurez vital que le permite contemplar las cosas con distancia y pronunciarse al respecto de cualquier cuestión sobre la que se le pregunte. Catalán de nacimiento -su auténtico nombre es Josep Sergi Capdevila- aunque residente en Madrid, con su garganta rota ha conquistado varias generaciones durante el último cuarto de siglo. Y es que la veteranía que atesora en sus espaldas, junto a su increíble talento musical, lo señalan como el mito que es en la actualidad y que ahora se enfrenta a su tercera parte de la trilogía, “Vía Dalma”, gracias a la que desempolva, y actualiza, recordados hits del país vecino como “Volare”, “Solo tú” o “Este amor no se toca”.

-¿Cuál es el sello de las canciones italianas?

-Las melodías. Es lo que más destaca de ellas. Hoy día es muy difícil grabar un disco y más aún saber si de aquí a 15 o 20 años un tema tendrá vigencia porque todo se vive de una forma muy inmediata. Sin embargo, esta música ha pervivido de una forma mágica.

-En España, no obstante, con los artistas somos un poco crueles, ¿no?

-Sí. Eso es lo duro. Somos críticos con nosotros mismos. Nos gusta encumbrar pero luego también hundir y aquí hay esa manía de que, cuando una figura cumple años y tiene una larga trayectoria, en vez de ensalzarlo y de mimarlo, lo dejamos más de lado. Forma parte de nuestro carácter y hay que asumirlo.

-¿Sientes que, incluso siendo Sergio Dalma, tienes que seguir demostrando algo?

-Siempre tienes que pasar examen. Y es bueno también. Eso te obliga a exigirte, ponerte las pilas y no ubicarte en la zona de confort. Las emociones son cada vez mayores y es algo precioso. Sigo llorando cuando suena en la radio el single del proyecto que acabas de estrenar o cuando sale a la venta o cuando empieza la gira…

-Pero eso es un estrés continuo…

-Es el reto. Hubiera podido seguir viviendo de una serie de éxitos pero para mí sería muy aburrido. Mientras tenga esa sensación de vértigo, desafío y nervios es bueno. Cuando no pase me plantearé vivir esto de otra manera.

-¿Te motiva más una fan de toda la vida o una nueva?

-Bueno, al fan hay que mimarle. Sea nuevo o de muchos años. Con tanta competencia, el que la gente continúe viniendo a las firmas y te siga es un lujo. Hay quien desde el 89, con “Esa chica es mía”, tiene todos mis álbumes. Pocos artistas tienen la discografía mía con lo que imagínate cómo hay que valorar esto. Lo que sí en ningún momento he querido hacer un “break” para captar nuevos públicos, abandonando a los de antes. He intentado crecer y sorprender y de forma espontánea se han sumado a mí generaciones nuevas.

-¿Cuánto tienes de divo?

-Nada. Nunca me ha gustado. Ésta es una profesión como otra. Empecé a los 16 años y eso lo tengo muy claro. Cuando termino intento pasar desapercibido y ser uno más. Además cada vez más se busca la cercanía.

-Cuando empezabas gustabas, pero has ido gustando progresivamente más… Es más, a las chicas jóvenes les encantas…

-Está bien, sobre todo cuando haces un concierto y desde el escenario ves a varias generaciones. Eso es impagable.

-¿No te ligan por redes sociales?

-Es que soy muy gañán para eso. Además, tengo mucha precaución cada vez que cuelgo algo porque me siento observado con lupa aunque, con 53 años que tengo, si no diera mi opinión en ciertos asuntos, me sentiría inútil.

-Pues aprovecho para preguntarte sobre tu tierra, Cataluña, y todo lo que está pasando en ella…

-Yo llevo 26 años viviendo en Madrid y nunca he tenido ningún problema para defender el catalán, mi lengua materna y mi cultura. Lo que más me entristece es que los políticos utilizan a las personas cuando son ellos los que deberían llegar a acuerdos. Ni de un bando ni de otro dan su bando a torcer. No soy partidario de la independencia, pero si hace tiempo se hubiera hecho un referéndum pactado y legal, se habrían evitado males mayores. Yo he llorado el 1 de octubre y cualquiera con un mínimo de sensibilidad lo habrá sentido igual.

 

-Tu familia y amigos están allí… ¿Ha creado esto malestar entre vosotros?

-No porque intento no tener enfrentamientos ni desacuerdos con nadie ni por política, ni por fútbol. Hay tal abanico de opciones y de ideas que hay que saber convivir con el que es de izquierdas, de derechas, católico… En la variedad está la riqueza y hay que aprender a ser tolerante con cualquier opción.

-¿En qué momento te encuentras?

-Intento disfrutar de todo y ahora me doy cuenta de que con pequeños detalles a los que antes no daba importancia me lleno mucho. Tener esta sensación a mi edad, de estar realizado y a gusto, da mucha satisfacción.

-¿Se deja de creer en el amor cuando uno va para arriba?

-No. Seguimos enamorándonos. Lo mismo no por carta, como Galilea, pero eso no va a desaparecer. En mi caso vives más el presente y no es algo tan bucólico. Tocas más con los pies en el suelo y todo lo disfrutas al máximo.

-¿Te enamoran más por los ojos? ¿Por el estómago?

-Es un conjunto. Que haya afinidades, que estés cómodo y que te rías mucho. Yo lo hago de mí mismo continuamente. Lo que no hay que plantearse mucho más.

-Pero tú, en la intimidad, ¿cómo eres?

-Muy soso (risas). Soy muy tímido. Tengo la suerte de que está “el” Dalma, que tiene más cara y puedo jugar con esa dualidad pero a mí me gusta pasar desapercibido siempre que puedo. Intento hacer lo de siempre: estar con mis amigos, coger el metro, pasear… Dentro de mis posibilidades, intento seguir ejerciendo como Josep Capdevila.

 

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