Seducidos por la magia de Dueñas


El Palacio de Las Dueñas. Un espacio donde confluyen años historia, naturaleza y belleza a partes iguales, y donde la duquesa de Alba vivió sus años más felices para, finalmente, fallecer en su habitación el 20 de noviembre de 2014. Hoy, en “Sevilla Magazine”, visitamos algunas de sus estancias

Las Dueñas pertenece en la actualidad al duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo​​, pero se encuentra abierta al público para que los más curiosos puedan ver desde dentro las paredes que, durante décadas, acogieron el día a día de Cayetana, la duquesa de Alba. 

Se trata de una construcción con más de cinco siglos de historia, pues se creó en el siglo XV tomando el nombre del desaparecido monasterio de Santa María de las Dueñas. Antes de pertenecer a los Alba, muchos han sido propietarios, siendo los primeros en habitar sus muros los Pineda, señores de la casa Bermeja, uno de los linajes más importantes del patriciado de Sevilla. Sin embargo, cuenta la leyenda, que de Pineda es apresado por los moros y su familia tiene que vender el inmueble para pagar el rescate. Se lo venden a doña Catalina de Ribera, viuda de Pedro Enríquez, quien compra la casa para ampliar la herencia de su hijo. De esta manera, fue pasando de generación en generación hasta que una de sus descendientes, Antonia, se casó con el VI duque de Alba.

Sin duda, uno de sus inquilinos más famosos fue Antonio Machado, que en 1875 nació en Las Dueñas y vivió allí durante los primeros ocho años de su vida. Un tiempo que dio para mucho y lo marcó personalmente, tal y como versan sus poemas escritos en su época adulta: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde maduran el limonero…”, haciendo referencia al tradicional Patio de los limones, el más grande de la finca. 

Más allá, la huella más importante de su historia, al menos para el imaginario colectivo, es la que ha dejado doña Cayetana Fitz-James Stuart, nuestra querida duquesa de Alba. Ella impregnó su esencia y su personalidad en todos los rincones del recinto, con detalles que no se han cambiado a la hora de abrir al público una casa que es digna de disfrutarse tal y como estaba. Nada más entrar nos encontramos un impresionante jardín lleno de vegetación y una fachada frontal completamente cubierta de buganvilla, siendo las caballerizas el primer lugar en el que los visitantes se paran para observar con detenimiento. De ellas hay que mencionar que nunca estuvieron habitadas por caballos (estos estaban reservados para la realeza), sino por mulas alazanas. 

A lo largo de sus habitaciones interiores se dan cita el arte clásico, el moderno y el flamenco. Una escultura que representa a una bailaora flamenca de Benlliure preside el Salón del Baile o de la Gitana, lugar donde solía recibir las visitas la duquesa de Alba. Allí mismo puede contemplarse gran parte de su colección de porcelanas, de distintos siglos y estilos, los marcos con las fotos de sus hijos, una de Eugenia montando a caballo y otra de sus hijos Carlos y Cayetano. Cayetana era una gran aficionada al baile y al cante, como también se puede comprobar en los zapatos de baile, con los que aprendió de la mano del maestro Enrique el Cojo, que allí reposan. Por otro lado, en el salón flamenco encontramos carteles de anuncios de las fiestas de Sevilla y Jerez desde el siglo XIX, así como objetos y fotos del mundo de la tauromaquia como un traje de luces verde regalo de su amigo Curro Romero. Sin duda toda una aventura difícil de olvidar y a la que siempre es un placer regresar. 

(Visited 91 times, 1 visits today)

Leave a Reply