Rocío Márquez: “Me ocurrió algo que no le deseo a ningún artista: perdí la emoción de cantar”


La cantaora presenta el jueves en el Teatro de la Maestranza el espectáculo flamenco, “Alternativas”, coincidiendo con el lanzamiento de un disco, “Visto en El Jueves”, donde homenajea coplas de figuras como Rocío Jurado, Bambino o la mítica Concha Piquer

Por Ricardo Castillejo

Acaba de sacar su álbum, “Visto en El Jueves”, haciendo referencia al tradicional mercadillo sevillano de la Calle Feria, lugar que le ha servido como inspiración a sus 33 años para crear, por fin, un trabajo por y para ella misma. Defendiendo que cada artista debe cantar lo que siente y no lo que le imponen, Rocío Márquez -figura joven pero comprometida- busca conectar con el público a través del flamenco y, sobre todo, la música en general.   

-¿Piensas que tienes demasiada calidad para el mundo en el que vivimos?

-Me considero una afortunada de poder vivir de lo que amo. Es cierto que las cosas que me interesan no suelen coincidir con lo que le gusta a la masa, pero hay un público, no tan mayoritario, con el que sí coincido.

-Pero el artista, en el fondo, ¿no busca llenar un estadio olímpico?

-No todos. Nos han vendido el éxito con demasiados fuegos artificiales y nos lo hemos creído. Todo esto que comentas tiene una parte maravillosa y otra muy difícil de sostener. Lo que es más cercano y más íntimo está más unido a lo natural. Ahí me encuentro bastante cómoda y es maravilloso porque no se siente la carencia de no llegar a llenar estadios, sino que vives la fortuna de poder estar en espacios y con personas que te aportan, te enriquecen y te hacen ser feliz, por encima del reconocimiento. 

-¿Qué sientes cuando te escuchas?

-Mucha conexión conmigo misma, que me ha costado mucho conseguirla. Intentar que el disco sea directo y limpio me ha llevado mi tiempo. Ha sido un trabajo no solo artístico, sino también personal. 

Con el tema de género tenemos que ser bastante firmes para no perder derechos que han costado mucho conseguir. Lo que estamos viviendo es peligrosísimo y de ninguna manera se le puede dar licencias a algunas propuestas políticas”

-¿Antes tenías más capas?

-Tenía más prejuicios y me importaba más lo que opinaban de mí. Ahora no te voy a decir que no me importe, pero tengo claro que, por encima de todo eso, está mi felicidad. 

-¿Condiciona la crítica?

-Al principio llegó a condicionarme bastante, pero tuve una experiencia muy bonita que me cambió, aunque en el momento sufrí mucho. En 2008 logré la Lámpara Minera y aunque todo el mundo piensa en la parte buena, es un arma de doble filo. De repente empiezas a ser el foco de atención del mundo flamenco y tienes que defender que lo has ganado con la presión de no defraudar a nadie. Por el miedo que me generaba eso, me llevé prácticamente un año haciendo el mismo repertorio y, de la misma manera, buscando la aceptación. Después me ocurrió algo que no le deseo a ningún artista: perdí la emoción de cantar. Me limitaba a reproducir y ya está. Me parecía de una falta de honestidad y algo tan triste que llegué a pensar que, si no conseguía conectar otra vez, buscaría otra salida como, por ejemplo, la pedagogía. Entonces, me permití otro tipo de propuestas con otros músicos, otros cantes y otras letras, a ver si conseguía despertarme y recuperar la sensibilidad… Y así fue. La vida me dio una lección para que supiera que lo que siento es a lo que le tengo que dar prioridad, por encima de las personas que estén a mi alrededor.

-¿Qué es lo más bonito y lo más terrible que han dicho de ti?

-Lo primero negativo que se me viene a la cabeza fue algo que, quien me lo dijo, lo hizo como un defecto para desprestigiarme al considerarme cantante, no cantaora. Sin embargo, me sirvió para darme cuenta de en qué prejuicio no quería caer. Por otro lado, lo más bonito fue cuando alguien me comentó que era «pura orfebrería». 

-El tema de la mujer está más candente que nunca y las coplas, protagonistas de tu nuevo álbum, no las suele dejar bien…

-Con «Se nos rompió el amor» la mujer coge ese poder que tiene y advierte que, si esto se ha acabado, me voy. Con el tema de género tenemos que ser bastante firmes para no perder derechos que han costado mucho conseguir. Me parece que lo que estamos viviendo es peligrosísimo y de ninguna manera se le puede dar licencias a algunas propuestas políticas. El 8 de marzo hice huelga y en mi día a día hago todo lo que puedo, como con «El romance de la almendrita», del disco anterior, que tenía un mensaje muy feminista. Cuando una mujer se posiciona, reivindica y hace una propuesta suya personal está defendiendo esa igualdad. 

La fama no me encanta, es un precio demasiado alto el que hay que pagar. No poder tener vida privada ni irte con tus amigos o tu familia a hacer lo que quieras… Es demasiado caro”

-El flamenco es un mundo de amores muy desgarrados en general… ¿Crees que se podía entender con letras de amor “bonitas”?

-Los artistas en general somos pasionales, pero por supuesto que sí. Además, es cuestión de que vayamos adaptando las letras a nosotros mismos. No todos los flamencos somos iguales. Esto lo aprendí hablando con José de la Tomasa, cuando estaba aprendiendo a cantar por seguidillas. Me advertía que no intentara cantar como si fuera de las que pegan portazos cuando se enfadan si no soy así. Poco a poco tenemos que dejar de poner en las letras lo que no diríamos en primera persona. Lo que ocurre es que esto, aunque parezca muy fácil, en el flamenco no lo es tanto. 

-¿Te ves haciendo algo como Rosalía?

-En este momento no, pero no quiere decir que más adelante no me lo plantee. Admiro mucho lo que ha hecho Rosalía. Es una valiente que ha abierto el flamenco a un público enorme que, de otra manera, no habría llegado. Cuando sacó aquello que decía: «ponme la mano aquí Catalina mía», y aclaró que era de Vallejo, no te imaginas el número de oyentes que subió él en Spotify.

-Tu objetivo final con tu música y tu arte, ¿cuál es?

-Quiero disfrutarlo, sentirme feliz y, si eso se lo puedo transmitir a otras personas, es para mí lo máximo. 

-¿Y en cuanto a la fama y el dinero?

-A ver yo no soy una santa y a mí me gusta el dinero como a todo el mundo (risas).  El dinero más que la fama, La fama no me encanta, es un precio demasiado alto el que hay que pagar. No poder tener vida privada ni irte con tus amigos o tu familia a hacer lo que quieras… Es demasiado caro. Me gustaría llegar a más gente de la que llego actualmente, pero creo que es compatible con un ritmo más tranquilo. Otra experiencia que me enseñó mucho fue un concurso televisivo en el que estuve, «Gente de primera». Durante esa época me paraban por la calle mucho más que ahora y por un lado lo ves muy guay, pero claro, allí no elegía yo el tema, era con el tono que a todos nos venía bien, con sonido enlatada… Al final no estaba contenta y con experiencias así, pienso que prefiero mil veces estar artísticamente satisfecha, aunque se me conozca menos por la calle. 

-¿Piensas en trascender?

-¡Si ya cuando me muera estaré muerta y no me enteraré de nada…! (risas). No es algo que me quite el sueño, aunque no te digo que no tenga mis fantasías en la cabeza.

-O sea que cuando esto se acaba, se acaba…

-Creo que en la reencarnación y en que aquí estamos para aprender. Precisamente por ello, no tiene sentido darle cabida al ego. 

-¿Cuál es la gran lección que te queda por aprender?

-Es difícil ser sincera… Precisamente a no caer en lo que humanamente a cualquiera le fascina, como la gloria de la fama y el dinero. No venderme fácilmente. Conectar en una sociedad que te invita continuamente a estar consumiendo, desconectada de ti misma, de quienes te quieren, para ir consiguiendo metas.

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