Razones para querer/odiar a Mariah Carey

La diva de la música acaba de dar el “campanazo” abandonando el concierto de Año Nuevo en Times Square y sumando un “desastre” más a una carrera llena de anécdotas…

por Ricardo Castillejo

Que Mariah Carey es un ídolo, nadie lo discute. Razones para eso (y para más), le sobran. La artista, de 46 ó 47 años (hasta en eso hay “leyenda negra”, al desconocerse la fecha exacta de nacimiento), ha creado un personaje en cuya trayectoria ha habido muchas anécdotas y situaciones como la del comentado concierto de Año Nuevo en Times Square, que abandonó a la tercera canción por problemas de sonido. “Seguiré dando más titulares en 2017”, aseguraba la cantante. A las pruebas nos remitimos, no se equivocaba.
Amada y odiada a partes iguales, de ella podríamos destacar muchas cosas, como que es una de las intérpretes que más beneficios económicos dan en el mundo, con más de 200 millones de copias vendidas (solo detrás de Barbra Streisand y Madonna). O que está en el Libro Récord de los Guiness como “ave cantora suprema”, superando con su voz las cinco octavas. O que ha mantenido romances tan conocidos como el que la unió a Luis Miguel, dentro de una vida amorosa conocida por sus múltiples fracasos sentimentales.

NEW YORK, NY - DECEMBER 31:  Mariah Carey performs during Dick Clark's New Year's Rockin' Eve at Times Square on December 31, 2016 in New York City.  (Photo by Taylor Hill/FilmMagic)

Caprichosa y consentida, la “diva” suele tener problemas con los “playbacks”… y con el alcohol, como cuando en 2010 recibió el premio a la mejor actriz secundaria por su papel en “Precious” en el Palm Springs Film Festival y subió al escenario riendo y hasta dando la nota al ser llamada por un asistente “borracha” (lo que la aludida confirmó con su mano). Luego, en 2014, volvió a dar que hablar cuando durante un concierto la caja del auricular se le cayó en varias ocasiones (en una, en concreto, una niña de un grupo de niños que la acompañaban durante un tema la cogió y salió corriendo con Mariah, en plena actuación, detrás para que se lo devolviera).
Eso por no hablar de su “guerra” con el físico el cual, en la fiesta de acción de gracias, quiso corregir con un “Photoshopazo” que le salió mal y que dejó en evidencia complejos con el cuerpo que ella compensa con manías como la de pedir un gimnasio en cada suite contigua a la suya de los hoteles en el que solo suene su música. O bañarse en agua mineral francesa que comparte con su mascota. O pedir sales del mar Muerto para hacerse “peelings”. O negarse a subir escaleras. En fin, caprichos que solo privilegiadas un poco “colgadas”, como “la” Carey, pueden permitirse.

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