Raquel Sánchez Silva: “Es un grave error pensar que quien más ha sufrido es el más sabio. También hay que ser fuerte para estar alegre”


Segunda parte hoy de la entrevista a la periodista protagonista del número de marzo de la edición impresa de “Sevilla Magazine” y una forma de conocer mucho más íntimamente a la que es una de las “estrellas” de la televisión actual

Por Ricardo Castillejo

“El viento no espera” es la nueva novela de esta mujer apasionada que, por vez primera, se ha vestido, para nuestro medio, de flamenca, y que se sincera en muchos ámbitos de su vida, hasta ahora, menos conocidos.

-Hablas en tu libro del amor, del desamor, de las relaciones tóxicas… 

-Todos estamos expuestos a que algo tóxico o malo nos ocurra porque crecemos confiando en la bondad del mundo. Y así tenemos que crecer y educar a nuestros hijos, indicándoles que estamos rodeados de gente buena y que la bondad gana por goleada a la maldad. Pero la realidad es que hay bastante personas malas y que, cuando se portan mal, se portan muy mal. Mis reflexiones sobre la toxicidad, personal o laboral, es para que estemos un poquito alerta. No con miedo, pero sí prestando atención, que es un ejercicio de responsabilidad adecuado conforme uno se va haciendo mayor. 

Pieza del diseñador José Manuel Pérez

-¿Las embestidas de la vida te han endurecido?

-No. Esa especie de coraza, en general para todo el que ha pasado por una situación muy complicada, es más una leyenda. A todos, de alguna u otra forma, nos ha tocado sufrir porque el sufrimiento va en la vida. Lo que sí aprendes tanto lo bueno como lo malo. No te hace más sabio el sufrimiento que la alegría. Es un grave error pensar que quien más ha sufrido es el más sabio. También hay que ser fuerte para estar alegre. Hay que ser muy fuerte para salir a la calle cada día, sonreír y portarse bien con los demás. Quien lo logra es extremadamente fuerte. Más incluso que la que ha pasado por algo tremendo y enseña sus heridas. Es más valiente el que no presume de ellas, sin esconderlas, que quien las va enseñando.

Fui mamá mayor, con 42 años, y no me resultó sencillo. Nunca hago declaraciones al respecto, y protejo a mis niños, pensando en las madres que lo quieren ser y no lo logran. La mujer tiene que ser feliz. A veces pasará por la maternidad y otras, no”

-¿Y tú, como el viento, esperas o no esperas?

-Desde niña he sido de las que salían a buscar las cosas porque nunca he tenido la sensación de que nada venga a buscarte a ti. Eso te expone, pero es que he querido viajar, enamorarme, conocer personas, hacer lo que no sabía… Una actitud que me ha traído algunos disgustos pero, sobre todo, muchas alegrías.

Modelo de Arte y Compás

.¿Te da más satisfacción la admiración de un fan televisivo o de un lector?

-Lo que más ilusión me hace es cuando, quien sea, me mira y me dice: “¡Cómo me lo he pasado contigo!”. Por eso soy incapaz de terminar mal los libros. Es un hándicap como autora. Necesito la garantía de que, quien lo acabe, va a sentirse bien. Y en la tele me pasa igual así que me costaría hacer un programa triste. Al final, esto son cuatro tardes de playa… Que estemos todos lo mejor posible.

Si hay algo que no me siento cuando me pongo moda es superficial. Al contrario, es un ejercicio cultural y artístico que hay que defender con mucha profundidad”

-Eso es lo que transmites, buen rollo, alegría, positividad… ¿Tu fondo, no obstante, es así?

-Tengo mis días tristes como todo el mundo y mis llantos y mis nubes pero, en esos instantes, procuro que sea para mí y compartirlo cada vez menos. También transmitir algo confortable a los demás es de valientes. A ese amigo al que le has pedido el hombro para llorar le tienes que compensar con seis tardes de fiesta (risas).

La escritora vestida por Aires de Feria

-Y la maternidad, ¿qué te ha dado? (¿o qué te ha quitado?)

-Soy hiperprudente para hablar de este tema porque pasé por un proceso de reproducción asistida, como lo son casi todos, difícil. Sé cómo me dolía ver a algunas mujeres en las revistas afirmando: “Lo mejor de mi vida ha sido tal…” o “No me imagino mi vida sin haber sido tal…”. ¡Cómo me hería la apología de la maternidad cuando se me ponía muy en contra todo y parecía que no la viviría! Fui mamá mayor, con 42 años, y no me resultó sencillo. Nunca hago declaraciones al respecto, y protejo a mis niños, pensando en las madres que lo quieren ser y no lo logran. La mujer tiene que ser feliz. A veces pasará por la maternidad y otras, no.

-¿Y “Maestros de la costura”? ¿Qué te ha dado?

-A tres amigos íntimos, porque la productora ejecutiva ya lo era, que son María, Palomo y Caprile. Un contacto con la moda que no esperaba, y menos a estas alturas. No soy modelo y, cuando me veo con esos “looks”, me hace mucha ilusión. Supongo que quien siga el programa puede sentirse cercano con alguien que, habiendo sido mamá, midiendo 1,69, con sus “cosas”, es como ellos, como las mujeres más de la calle. Eso me hace mucha ilusión. Aparte, he descubierto que es un mercado muy complicado, donde hasta los más famosos sufren mucho, del que es muy complejo vivir. Los jóvenes necesitan encontrar su lugar, pero es David contra Goliat. El sentido de la moda se está perdiendo. El público quiere comprar ropa todas las semanas y no entiende pagar algo más por una prenda única, confeccionada para ti y eso complica todo. Los creadores se quedan solos y eso no puede ser. Habrá que encontrar la manera de cuidarlos o los perderemos.

Raquel Sánchez Silva impecable de José Raposo

No me inquieta envejecer. De hecho, ya lo estoy haciendo y estoy en un camino donde no hay marcha atrás, donde no va a haber un día mejor que el anterior. Me preocupa la venta de la perfección “

-La moda viene muy asociada a superficialidad…

-Yo no lo hago. El mundo de la moda no es la portada de la revista, ni la sesión de maquillaje o el “shooting”. Es la patronista, la cadena de montaje, la señora que está bordando de noche porque no llega para el desfile… Hay muchísimos puestos de trabajo en este país, una industria que depende de la moda. Si hay algo que no me siento cuando me pongo moda es superficial. Al contrario, es un ejercicio cultural y artístico que hay que defender con mucha profundidad.

Traje de lunares creado por los diseñadores Victorio y Lucchino

-¿Y la imagen? Porque eres una mujer que se expone frente a la cámara, 46 años… 

-Me cuido y cada vez me hago las coletas más tirantes… (risas). Hago mucho deporte, porque me gusta, pero todo sin volverme loca. Nosotras damos un mensaje y a mí me asusta en las redes sociales que chicas con 19 o 20 años se preocupen porque algo no sea igual a antes de ayer. No me inquieta envejecer. De hecho, ya lo estoy haciendo y estoy en un camino donde no hay marcha atrás, donde no va a haber un día mejor que el anterior. Me preocupa la venta de la perfección. Es una responsabilidad envejecer lo mejor posible sin dar la sensación de que somos prisioneras de la juventud. Flaco favor les hacemos a los que vienen. Claro que todo está conectado con el que, en el cine o en la televisión, las mujeres, a partir de cierta edad, no somos lo suficientemente interesantes mientras que los hombres pueden serlo hasta que les dé la gana. Eso es muy duro. Hay que cambiar, por el bien de todos, el que se crea que la juventud es el principal valor.

-¿Te retocas la cara o las fotos?

-Desde los treinta y pocos me hago muchos tratamientos para tener la piel en su mejor estado sin renunciar a mi vida por ello. Soy muy pecosa y me encanta el deporte al aire libre y, cuando entro en Felicidad Carrera, me quieren matar porque vengo de la playa o la montaña. ¿Voy a dejar de jugar al tenis porque me salgan manchas? Pues no. ¿Que me voy a hacer lo que esté en mis manos para un cutis menos manchado? Pues sí. Nunca renunciaría a la vida por mi imagen. Jamás. Además, la alegría rejuvenece…

La presentadora de Ernesto Sillero

-¿Quién frena tu pasión?

-Nadie… (risas). Tampoco soy de rodearme de gente que me frene. Me gusta la pasión, el arrebato, los que se equivocan (que suelen ser apasionadas). Suelo confiar más en quienes son en apariencia más vulnerables, más impredecibles, más flexibles… Me hacen más gracia. Confío más en alguien que en un enfado parezca que me va a pegar una voz que en uno tan correcto que me diga siempre lo que crea que estoy esperando. Prefiero a los rebeldes… (risas).

-Porque tú lo eres también…

-Sí… Tengo todas las aristas, a pesar de que intento limarlas. La madurez va por ahí, hacerle la vida mejor a los que tienes alrededor. Cuando eres muy apasionado, eres muy vehemente y esa vehemencia debes usarla para la alegría, para el amor, para decir “te quiero”, para dar un achuchón… y menos para lo contrario. Enfadarse menos, divertirse más… (risas).

-¿Y lo siguiente?

-El día que sepa responder esa pregunta será de los que me iré a mi casa llorando porque será que nada me va a sorprender. Casi todo lo alucinante que me ha sucedido jamás lo esperaba y, casi siempre, ha acertado la vida. No quiero saberlo, pero quiero que lo haya.

Bello conjunto rojo pasión de Pedro Béjar

-La política… ¿Te seduciría…?

-¡No! No tengo alma de líder. No la he tenido, no la tengo y no la quiero tener. Vivo, como otros muchos, un sentimiento de decepción bastante agudizado. Es un “no” rotundo.

-¿Apoyarías a algún partido?

-No… No… No… Siendo periodista me parece más libre mantener la distancia que nos da la ansiada o posible objetividad. Los periodistas no debemos significarnos. 

-Por cierto, ¿tienes tiempo para ti?

-El otro día leí que las mujeres con hijos que trabajan tienen veintidós minutos al día para ellas mismas. Si llegara la inteligencia artificial, y me liberara, buscaría qué hacer. No he estado en una tumbona más de veinte minutos en mi vida. No sé. El tiempo mayor que paso sentada es escribiendo y leyendo. Y mirando, que es una capacidad que, por desgracia, hemos perdido. Me nutro mucho de lo que pasa en la calle, pero soy inquieta. No duro mucho en el mismo sitio haciendo lo mismo. Me viene de serie… (risas).

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