Raffaella Carrá Setenta años (+ 1) no son nada

La artista cruza hoy la frontera de los setenta años disfrutando de un momento pleno tanto a nivel sentimental, donde continúa su relación de dos décadas con el coreógrafo Sergio Japino, como a nivel laboral, habiendo lanzado un reciente disco, “Replay”

Ricardo Castillejo

Gracias a ella descubrimos que “para hacer bien el amor hay que venir al Sur”. O aprendimos a bailar el “Tuca Tuca”. O incluso supimos que, al descolgar el teléfono, en determinados momentos televisivos puede ser muy conveniente responder… “¡Hola, Raffaella!”. Raffaella María Roberta Pelloni, “la” Carrá para el mundo del espectáculo, cumple hoy 71 años y no podemos sino festejarlo, especialmente teniendo en cuenta la etapa tan dulce que vive junto a su pareja y de regreso al mundo del espectáculo con el disco, “Replay”.

Nació en Bolonia en 1943 y siendo una niña de ocho años dejó su hogar para comenzar a formarse como bailarina de la Academia Nacional de las Danzas de Italia. Poco después, a los nueve añitos, debutó en el cine con un pequeño papel en la película “Tormento del passato” algo que la marcó de tal manera que, a partir de ahí, su destino estuvo escrito en el Parnaso de las “estrellas” del mundo del espectáculo entre las que, con el tiempo, llegó a brillar con luz propia. Pero antes, mucho camino por recorrer y experiencias como las de, en 1965, el salto a Hollywood, donde llegó a coincidir en un rodaje –y a mantener, según dicen, un romance- con el mismísimo Frank Sinatra. “Mi sueño era ser coreógrafa de ballet clásico”, ha reconocido la artista en una entrevista concedida a la prestigiosa revista “Vanity Fair”. “Me dijeron que, si quería tener el certificado para ejercer, tenía que estudiar hasta los 28 años… ¡y para mí aquello era ser taaan vieja! Respecto a Sinatra, era una persona fantástica y se portó como un caballero conmigo”.

Anécdotas de una biografía plagada de instantes inolvidables como aquellas primeras apariciones suyas en la “pequeña pantalla” de su país (a principios de los 70), cuando enseñaba el ombligo y hasta fue censurada por el Papa por el mencionado “Tuca Tuca”. Posteriormente, en 1975, se produjo su desembarco en España, a través del popular programa “Señoras y señores”, y el nacimiento de un mito que traspasó fronteras y generaciones de admiradores que la han seguido como presentadora, cantante o actriz. Sin embargo, ella ha ejercido su profesión sin ataduras que la hayan limitado. “Soy una persona muy libre”, confesaba de nuevo en “Vanity Fair”. “Nunca he sido una empleada de la televisión. Cuando empecé mi carrera y tuve mi primer gran éxito trabajaba haciendo un programa una temporada y retirándome a descansar durante dos. Mis compañeros hombres me decían: «Si te vas, Rafaella, alguien tomará tu sitio». Y yo les respondía: pues que lo tomen. Una mujer puede desgastar su imagen más rápidamente porque siempre tiene que innovar con sus trajes, sus canciones…. Es mucho más complicado que para ellos”.

Sea como sea, Raffaella ha logrado conectar con el corazón del público gracias a su simpatía natural y a títulos como “Rumore”, “Fiesta”, “Lucas”, “¡Qué dolor!”… Ritmos que aún hoy continúan presentes en las pistas de baile evocándonos a una creadora que, a golpe del movimiento convulso de su cabellera rubia, es la creadora de un estilo único que ha vuelto con fuerza en forma de “pop dance” producido y editado por ella misma. “Llevo una día a día muy tranquilo, ése es el truco. A veces me acuesto pronto y como lo justo. Luego, otra semana, me divierto, duermo más y como lo que me da la gana. Lo importante es alternar tu estilo vital y no renunciar, pero sin estar siempre a churros y chocolate”.

Con infinitas idas y venidas junto a su compañero, Sergio Japino, hacia él, a pesar de todo, solo tiene palabras de admiración. “Me domina bastante porque tiene una personalidad muy fuerte. Por eso tenemos una compenetración tan increíble. Él me deja total libertad en el escenario”. Pero, ¿supone un riesgo mezclar amor y trabajo? Raffaella lo tiene claro. “A veces discutimos sobre ciertas ideas pero también es una gran ventaja poder contrastar opiniones con alguien de quien puedes fiarte totalmente”. Irrepetible, vitalista… y sabia -“la vida te prepara para muchas cosas, de ahí que crea en el destino, en el sentido del humor, en las ironías del camino”, reflexiona-, cuando nació, rompieron el molde. ¡Y vaya molde!

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