Preso antes de entrar en la cárcel

Llevo unos días escuchando y hablando bastante sobre las uniones tóxicas y cómo es necesario, cuando nos vemos en una de ésas, salir de ahí poniendo “pies en polvorosa”. La verdad es que no sé cuál es el principio de ese tipo de parejas. Supongo que va muy en función de personas acomplejadas y manipuladoras que de pronto dan con gente de personalidad más débil o que pasa por un mal momento y aprovechan las circunstancias para, vampíricamente, machacar a sus víctimas y así ellos/as sentirse mejor. O está en relación con esos que piensan que hay que poder más que el contrario y que se toman todo más como una lucha que como un disfrute.
Confieso que he vivido el infierno de toxicidades y que, incluso a día de hoy, cuando recuerdo algunos de esos momentos pasados, he de tragar saliva por haber consentido tanto. Pero bueno, son experiencias que nos deben hacer aprender y entender que en ningún caso una relación debe basarse en la propiedad y que, cuando no funciona, no funciona y punto. Si todo esto se le metiera en la cabeza a José Fernando, el hijo de Ortega Cano, seguramente no habría sido condenado a un año por romper una orden de alejamiento, como se supo ayer, ni habría agredido a su novia, Michu, ni sufriría más de lo que hay que sufrir cuando algo entre dos se acaba.
Con un antecedente en 2014 de un año y nueve meses de condena por robo violento, José Fernando ya es preso antes de entrar en la cárcel. Del mal querer a los demás, y a él mismo.

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