Por sus flamencas les conoceréis…

 

 

Aunque a nivel de diseño no hubo grandes riesgos, la inauguración del Salón Internacional de la Moda Flamenca ayer en FIBES sí desplegó un amplio abanico de posibilidades (algunas muy destacables) para las usuarias de nuestro traje típico

 

por Ricardo Castillejo

¿Estamos llegando al límite de la moda flamenca? ¿Hay cada vez menos posibilidades de reinventarse aquí? ¿O, tal vez, la crisis ha vuelto más prudentes a los diseñadores y, en lugar de hacer grandes alharacas con sus creaciones optan ahora por ir más a lo seguro? No podría dar la respuesta segura a estas preguntas, aunque en lo que no cabe duda es en que siguen existiendo un sinfín de posibilidades a la hora de elegir una opción para ir a la Feria (o ferias). Tantas como profesionales que presentan unas colecciones a través de las que, indiscutiblemente, se percibe a las personas que están tras ellas.

Uno de los diseños de Lina. Fotos: Iván Alcázar

Así, Lina -firma encargada de abrir cada edición del SIMOF desde hace unos años-, presentó a una mujer que, sin arriesgar, apuesta por lo que sabe que no fallará: un buen vestido con escote en uve en espalda y pecho, colores básicos que siempre funcionan (negro, blanco o rojo) y un patrón favorecedor pero cómodo. Como novedad, mezclas de diferentes tejidos de lunares y, en otras propuestas, una hilera de lunares rojos en el lateral del cuerpo. Por su parte, Aurora Gaviño derrochó en el auditorio la misma fuerza y la misma pasión que ella posee, optando por una flamenca “cañera” que no pudo tener mejores embajadoras sobre la pasarela que Antonia Dell´Atte y Gloria Camila, hija de Ortega Cano y Rocío Jurado. Grandes pendientes, grandes lunares, pechos adornados con detalles bordados y volantes en las mangas que tapaban hasta las manos fueron solo una pequeña pincelada de ese gran espectáculo que solo “la” Gaviño, maestra en lo suyo, sabe regalar al público.

Gloria Camila con un diseño de Aurora Gaviño.

En cuanto a Luis Fernández y Alejando Santizo destacar, a pesar de ser desfiles compartidos pero independientes, la sensibilidad y la exquisitez que les une. El primero trabajó mucho más en torno a los pasteles y apostó por una mujer sexy pero elegante mientras que el segundo derivó más hacia la sofisticación con rojos con detalles en dorado, verdes botella, negros, azules y oro y hasta blanco dentro de unos “looks” muy limpios y con mangas largas, eso sí, ciñendo ambos -Santizo algo más aún- sus vestidos al cuerpo.

Una de las propuestas de Alejandro Santizo

Turno luego para otra grande de esto, Pilar Vera, que jugó en sus estilismos utilizando coronas invertidas de flores que caían sobre la nuca y llamando la atención con conjuntos sin mangas pero con un volantito a modo de hombrera y, sobre todo, con una serie final de tejidos estampados florales ideados por ella que no podían ser más alegres y resultar más frescos, tocando en su gama cromática hasta el amarillo casi flúor. Más atrevido, Alex de la Huerta homenajeó a la cultura “country” y a los indios en “American Sherokke”, nombre bajo el que amparó unos conjuntos originales dentro de los que pudimos ver hasta un mantón de piel de vaca, cómo no, americana. Muy preciosista en su confección, sus mangas ablusonadas fueron celebradas, al igual que un guardapolvo dorado y un can flamenco de tul los cuales, unidos, formaban una combinación explosiva. Un pase el suyo mano a mano con Ángeles Copete, más tradicional pero, al mismo tiempo, muy juvenil en un concepto a través del que recordó los cinco años que lleva en este Salón. Dulces tonalidades pasteles las de Ángeles que, en satenes, popelines y tules, dieron forma a un pequeño universo pensado para enamorar a las más amantes de lo nuestro de toda la vida, eso sí, actualizado.

Una de las elegantes propuestas de Pilar Vera.

En la recta final, Patricia Bazarot se adentró en la alta costura con negros y lunares dorados o rosas palo inundando de delicadeza el espacio. Elementos como cinturones de metal, capas doradas, chaquetas o puños con volantes reconvertidos en una especie de elegantes faroles dieron paso, para cerrar, a Pedro Béjar, cuya profusión en el volumen de los volantes causó tanta sensación como sus largos tobilleros y el decantarse por los poco frecuentes, pero preciosos, beiges o naranjas.

Guiños juveniles en las propuestas de Ángeles Copete.

Muy buen quehacer general que se vio empañado por la triste noticia del fallecimiento de una persona tan querida en el Palacio de Congresos como María José del Pino quien, a sus 52 años, nos decía adiós esa misma mañana después de luchar contra una dura enfermedad que ha terminado arrebatándonosla. Prudente y conciliadora, la ausencia de la que fuera Directora de Ferias de la empresa que ampara este certamen que nos ocupa dejó en el ambiente un sabor agridulce. Ése de perder a gente a la que le llega el turno de irse demasiado pronto.

 

LO MEJOR

El prolongar la pasarela más allá del escenario y adentrarla en el patio de butacas

 

LO PEOR

El pequeño caos del público buscando a oscuras su sitio antes del comienzo de cada desfile. Es peligroso para las señoras mayores.

 

Lina. Fotos: Iván Alcázar

 

Ángeles Copete. Fotos: Iván Alcázar

 

Alejandro Santizo. Fotos: Iván Alcázar

Luis Fernández. Fotos: Iván Alcázar

 

Pilar Vera. Fotos: Iván Alcázar

 

Aurora Gaviño.  Fotos: Iván Alcázar

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