Paula Sanjurjo, encargada SEVIMER: “En la flamenca no hay capacidad para imaginar, o quizás hay miedo a arriesgar y hacer algo distinto por si luego el mercado no responde”


“Sevimer” es la empresa que se encarga de ofrecer la materia prima a los grandes diseñadores de Sevilla y que, mejor que ninguna otra, conoce los entresijos de la moda.

Por Ricardo Castillejo

Paula Sanjurjo es la encargada del grupo textil SEVIMER, que lleva 30 años como empresa líder en fornituras y tejidos, ofreciendo a sus clientes, en su mayoría grandes talleres, un amplio catálogo de productos con los que tratan de renovar la moda flamenca cada temporada. Sin embargo, cada vez más está ganando puntos la vertiente urbana y de fiesta. 

-El 25 aniversario de SIMOF, ¿es para vosotros una fecha también especial?

-No particularmente. Me han dicho que ha habido una mayor afluencia, pero no creo que un aniversario influya en el mercado. 

-Pero en este tiempo ha habido una revolución en la flamenca…

-Claro. Cuando entró la moda flamenca en una dinámica más similar a la moda urbana fue a partir del 2010. Se multiplicaron los vestidos, dejó de existir esa uniformidad… Antes era todo el mundo con lunares o con falda corta… En el 2014 llegó a su máximo y a partir de ahí empezaron ciertas crisis y hubo un debilitamiento. 

-Y esta temporada, ¿cómo la ves a nivel de diseño?

-Llevamos dos o tres años muy planos, poco creativos, otra vez buscando la uniformidad (salvo algunas excepciones, que son muy buenas). Existe una mayoría que sigue mucho a lo que marcan las demás.

-¿Y a nivel de mercado?

-En relación con el pasado hemos subido en facturación, pero la información que me llega a nivel de diseñadores es todo contrario. Tienen la cosa más tranquila y todavía no se ha activado como debería…

-En lo que ofrecéis en cuanto a fornituras, tejidos… ¿apostáis por la renovación?

-Siempre, absolutamente. Hacemos propuestas nuevas, pero las utilizan las profesionales con personalidades más marcadas, las que son más innovadoras. Curiosamente, a la segunda, tercera o cuarta campaña es cuando empiezan a extenderse de forma más masiva. Está el que anticipa y propone algo para una minoría, que luego se va mimetizando.

-Dime apuestas nuevas…

-Lisados superpuestos, tules corrugados, aplicaciones distintas, muchos galones bordados florales, pasamanería con toques de lurex…

-¿Cómo está Sevilla en la actualidad a nivel de moda?

-Hay una minoría muy interesante que crea piezas muy especiales que solo se hacen aquí. Esa minoría me gusta bastante y la pondría al mejor nivel nacional. Jóvenes con mucha inquietud. Tengo clientas de unos 30 años, casi sin infraestructuras, pero con una cabeza muy bien amueblada. Realizan pocas unidades y las mueven muy bien por la red. Sacan unos reportajes increíbles en los que cogen el avión y se desplazan a Nueva York, a París o a Madrid para hacerse 20 fotos. 

-¿Escucháis a los diseñadores o miráis las tendencias de moda?

-Intentamos mostrar avances de tendencias. Cuando detectamos que hay líneas muy agotadas buscamos un contratipo, como por ejemplo ahora, que llevamos un tiempo en el que se ha simplificado mucho el traje de flamenca. De ahí la uniformidad que te comenté antes…

-¿Los diseñadores se copian entre sí?

-Hay «seguidismo» y pereza a la hora de idear novedades. No hay capacidad para imaginar o, quizás hay miedo a arriesgar y hacer algo distinto por si luego el mercado no responde. 

-Sin embargo, Sevilla es de las ciudades que más eventos de moda organiza…

-Se hacen muchos, pero después el parque de diseñadores tampoco es tan espectacular…

-Hay quien se queja de los precios de los vestidos…

-Han bajado mucho. Hace 4 o 5 años sí que eran muy altos, pero es que un traje cuando tiene adornos y fornituras son muchos metros de material. Eso va sumando, además de todo el esfuerzo que tiene… Hay vestidos sumamente baratos, incluso indecentes. 

-¿Existe mucha diferencia entre lo que cuesta la materia prima y el precio final del producto?

-No, está equilibrado. No vas a comparar un prototipo que se pueda hacer como churros, a uno personalizado y con una confección muy cuidada.

-¿Ves a las nuevas generaciones valientes a la hora de vestir?

-Igual que son menos los diseñadores que actualizan e innovan, ocurre lo mismo en la calle. Está la mujer que es valiente, inquieta y que le gusta la aventura, pero la mayoría no lo es. 

-¿Qué quejas escuchas del sector?

-Llevan, con este, cinco años descendentes. Y me refiero a nombres consolidados. Quienes fabrican tejidos tampoco suben, así que quizás se esté dando un menor consumo en general. Una gran parte de responsabilidad puede que la tenga la dirigencia, porque hay quien se está despegando de la moda flamenca, que no saben entender que la Feria es una fiesta con unos acentos y unas características concretas y que, si se las quitas, es como si a los San Fermines le quitas el pañuelo rojo. Habría que incentivar esto desde la administración. Si no se alimenta, se apaga (y más ahora con la tiranía de la globalización). Una niña de 18 años seguramente esté ajena a todo esto de la Feria…

-¿Qué sensación provoca ver tus diseños en vestidos?

-Satisfacción o, a veces, todo lo contrario… (risas).

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