Para los que no quieren fama

Tengo intolerancia a que me llamen pesado. Vamos, que me sienta como una patada en el estómago en especial cuando me lo achacan a cuestiones laborales porque, supongo que por aquello de hacer preguntas, a los periodistas mucha gente nos considera así.

Sin ir más lejos, mi paisana Eva González, el otro día, cuando un grupo de periodistas en un evento le preguntaron cuándo Cayetano y ella iban a ser padres, reaccionó diciéndoles: “¡Pero qué pesados sois!” (respuesta que, además, no es la primera vez que le escucho). Claro que lo mismo se le ha olvidado –algo que no solo le pasa a la modelo, sino que es bastante común entre muchos famosos-, que gracias a “pesados” como nosotros la gente pudo enterarse, en su momento, que había ganado Miss Sevilla y, posteriormente, Miss España. O tal vez no recuerda que, sin profesionales de los medios que se hicieran eco, ninguna firma le haría suculentos contratos para que fuera imagen de sus productos. O incluso hasta puede que se le haya pasado que, sin informadores que le dieran trascendencia a su trabajo, lo mismo no podría ejercerlo porque no sería el personaje que es (y que lleva a las productoras a las que pertenece a fijarse inicialmente en su perfil como conductora, por ejemplo, de programas).

Queridos populares: los periodistas NO somos unos “pesados”. Somos unos “curritos” que pasamos muchas horas tirados en la calle en busca de la noticia y que, como mínimo, merecemos un respeto. La fama tiene un precio. Si no queréis pagarlo, hay más profesiones donde elegir.

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