Pablo Castilla, 39 años: “Me da pereza ir a comprar ropa pero reconozco que me encanta estrenarla”

Cuatro empresarios amantes de la moda. Una serie de entrevistas que formaron parte del reportaje “El estilo de los hombres con poder”, de “Sevilla Magazine”, y que comenzamos con Pablo Castilla, gerente de Puerto de Cuba y, desde los 24 años, presente en el mundo de los negocios

 

por Ricardo Castillejo

 

Empresario desde los 24 años, el caso de Pablo Castilla es muy llamativo pues, desde muy temprana edad, se vio metido en un mundo, el de los negocios, donde un buen aspecto es un plus. Una discoteca en el recordado Palenque, “La playa”, fue su primera aventura (2003) para pasar, a finales de 2004, a ser director y socio de Onda Giralda, CRN Giralda y, por último, Giralda Televisión (de la que, en su etapa municipal, fue gerente). Aparte, otros negocios como la discoteca Santuario (luego Tokio) o el restaurante Voraz y, sobre todo, la “joya de su corona”, el emblemático Puerto de Cuba, inaugurado en abril de 2005 en los bajos del Restaurante Río Grande. A él, tras ser expulsado de malas formas el año pasado por la propiedad del edificio, volverá muy pronto con la sentencia judicial en la mano apoyando el que, con el grupo de propietarios, cometieron una auténtica barbaridad. Pese a todos los pesares, nuestro protagonista, casado y con dos hijos (Pablo, de casi dos años, y Manuela, de pocos días), conserva siempre una actitud dialogante y una imagen impecable.

-¿Has tenido en cuenta durante tu trayectoria la manera de comparecer ante los demás?

-Sí, claro. La imagen te representa y te identifica pero, a la hora de ir a la oficina o a un evento, es importante no solo ser elegante con lo que lleves sino en tu educación y tus formas.

-Un chaval que, con apenas un cuarto de siglo, entró de lleno en la gestión de empresas, ¿qué se ponía?

-Pasé a ir muy formal -quizás no propio a mi edad-, para derivar a algo más acorde a momentos posteriores, dentro de una línea más casual, compaginando trajes con americanas y pantalones. Tal vez debería ser más atrevido, pero me siento cómodo con un chino, camisa sin corbata y chaqueta sport.

Pablo Castilla con “total look” de Álvaro Moreno: Foto Nacho Álvarez

-¿Camiseta?

-Solo en verano y en la playa (risas).

-¿Existen en ti muchas diferencias en tu “look” laboral y el íntima?

-Sí. Cuando mucha gente que me veía en traje de chaqueta entre semana se encontraba conmigo en festivos, se sorprendía porque no me imaginaban en otros registros.

-¿Controlas lo que te queda bien y lo que no?

-Eso creo. Por eso me atrae Álvaro Moreno porque, como Milano, tiene los cortes entallados y eso realza la figura. Luego me da pereza ir a comprar ropa pero reconozco que me encanta estrenarla.

-¿Y en colores?

-Suelen decirme que me favorece el blanco aunque, como soy pálido de piel, me siento mejor con la gama de los azules.

-¿Qué imagen piensas que transmites?

-Hombre, me encantaría que me consideraran alguien educado y formal pero también bromista y simpático. No me gusta ni una vestimenta rigurosa, en cuanto a tirante y que eche para atrás, ni tampoco estridente o demasiado moderna.

-¿Y físicamente? ¿Te cuidas?

-Trato de hacer deporte regularmente, dos o tres días a la semana, y no cometer muchos excesos respecto a la comida y a la bebida. En cuanto a cremas, aftershave y poco más, la verdad, aunque tengo la piel bastante seca.

-¿Deberían los hombres quitarse complejos en este sentido?

-Muchos. La mujer tiene muchas ventajas, como el maquillaje (y la gama de productos de los que dispone para embellecerse). Nosotros no contemplamos la posibilidad de utilizarlos y es un inconveniente pero confieso que, en ocasiones, he usado corrector de ojeras para no transmitir cansancio.

-Por cierto, agotador debe haber sido la experiencia con Puerto de Cuba, ¿no?

-Bastante. La pasada primavera la propietaria, Carmen García Sánchez, nos comunicó que quería romper el contrato con excusas muy peregrinas e iniciando mecanismos de presión como cortarnos la luz o cambiarnos las cerraduras. Es más, la noche del 31 de octubre se presentó con 15 matones y nos echaron con el uso de la violencia. Entretanto, tuve conocimientos de que había vendido el edificio, con los negocios que allí había, a Miguel Gallego Jurado -que nos negó la compra que, el 7 de noviembre, sí se efectuó-. Denunciamos y hemos ganado el procedimiento civil que iniciamos, teniéndonos que devolver la posesión del negocio. A partir de ahí, o nos mantienen o deberían demandarnos para que un juez estableciera cuántos años podríamos seguir con el contrato vigente.

 

 

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