Nieves Herrero: “Llegué a Carmen Franco llena de prejuicios y, poco a poco, me los fui quitando”

 

Nuestra entrevistada se sincera sobre su experiencia con la recientemente fallecida Carmen Franco, sobre la que trata el último libro de la periodista, “Carmen. El testimonio novelado de la hija de Franco”

por Ricardo Castillejo

No era alguien que le despertara especial simpatía pero, como profesional de la información que es, Nieves Herrero no podía negarse a escribir sobre un referente histórico con tanto que contar como Carmen Franco. Así, sin demasiadas esperanzas en que la hija de Franco accediera a su petición, nuestra protagonista se puso en contacto con ella para encontrarse, inesperadamente, con un “sí” suyo ante su propuesta. Gracias a esa decisión podemos disfrutar de un legado que, ahora que la madre de Carmen Martínez Bordiú ha muerto, cobra especial valor si cabe. Es el testimonio vital de una mujer que, parece ser, solo llegó a ser feliz en su última etapa.


-Desde tu editorial te pidieron que Carmen fuera el hilo conductor de esta novela, ¿por qué aceptaste el reto?
-Bueno, llamé y la familia me dijo que “no” pero a los tres meses se puso en contacto conmigo ella. Le había mandado algunos libros míos y le había pedido ayuda para éste y me llevé esta sorpresa. Ha sido muy, muy difícil. Me he quedado hecha polvo.
-¿Y eso?
-Por el paisaje. Es Franco, sin que sea una novela sobre él. Es de su hija. Los recuerdos de ésta eran ráfagas y no se podía dar saltos. Había lagunas y la volvía a llamar y hasta la séptima reunión no pensé que tenía material para trabajar. Han sido casi 40 horas y 400 folios. Cada entrevista eran unas dos horas y media o tres.
-Antes de conocerla, ¿cuál era tu predisposición hacia tu protagonista?
-Iba con mucho “background” detrás. Solo conocía a Carmen Martínez Bordiú, que creo que es la que le habló de mí porque he coincidido con ella mil veces. Por Francis era “no”. Mi sensación era que me iba a enfrentar a una señora muy mimada, que había vivido entre algodones y que no tenía ni idea de la realidad. Luego, poco a poco, me di cuenta de que ella, al margen de su progenitor, era dueña de su propia historia. Sí que era alguien acostumbrada a tener a muchas personas alrededor, que nunca había ido a la cocina (solo una vez le hizo una tortilla a su marido) ni había sido ama de casa, que tuvo siete hijos que no crió (lo hacía Mrs. Hibss), que después de salir del Pardo se dedicó a viajar y a acudir a actos sociales… Sufrió una carencia afectiva, sobre todo de su padre al que, después de la guerra, ya no conocía. Se había quitado el bigote, estaba más grueso y mandaba mucho. Ella criticaba que era muy machista pero, le gustasen o no mis preguntas, hico un gran esfuerzo para contestarme. Hasta lo referente a su marido, que sé que era un tema que no le agradaba.
-¿Te ha cambiado la perspectiva de su padre?
-No, no. He nacido con un Franco muy mayor y, cuando soy adolescente y empiezo a darme cuenta de las cosas, él muere. Mi sensación es de pertenecer a la democracia. Es más, a los de mi generación no nos enseñaban nada de la Guerra Civil.
-Tus últimos proyectos están muy vinculados a referentes de la derecha, ¿no? ¿Te interesa más la gente de izquierdas o de derechas?
-Bueno, uno era sobre una marquesa. Luego estuvo Luis Miguel Dominguín, que era un ser libre, amigo de Picasso… Me interesa la gente, en general. Si puedo acceder a alguien que ha estado cerca de quien ha sido noticia… Es que eso me encanta…
-¿Está bien que algunos periodistas hablen en representación de según qué partidos?
-Yo lo respeto mucho pero no me siento capaz. Soy de la escuela de Hermida quien, si hoy invitaba a Aznar, después tenía que llamar a Zapatero.
-Y el que la familia de Franco tenga un lugar destacado en España, ¿qué te parece?
-Es que a mí me parece que una vez que muere Franco pasan de ser “la familia” a estar denostados. Como la caída de los Dioses. Carmen Martínez Bordiú es como un verso suelto pero no veo que el resto sobresalgan.
-¿Carmen sentía vergüenza de lo que hizo su padre?
-No decía nada. Ella no era crítica con él. Sin embargo fue consciente, cuando empezó a viajar, de que la llamaban “la hija del dictador” (aunque su concepto de dictadura no era el mismo que para nosotros). No consideraba que fuera un sistema malo. Sea como sea sí reconocía que estuvo mejor con Felipe González que con Adolfo Suárez.
-¿No es para ti este libro un poco peligroso?
-Me ha costado la salud, Ricardo. Lo he pasado muy mal pero es que era alguien que nunca había hablado a los medios y que me daba su vida. Me acordaba del libro de la hija de Mussolini, que dio la vuelta al mundo. Todo para mí es objeto de entrevista.
-¿Cuál ha sido la pregunta más incómoda durante la promoción?
-Ninguna. Las considero normales. Haría las mismas que tú.
-¿Ella llegó a leerlo?
-Le envié las galeradas y no me dijo nada.
-¿Y su hija?
-Le leí el final y se echó a llorar porque el epílogo es muy contundente: “Aquí estoy dispuesta a recibir lo que venga sin lágrimas. No tengo miedo de nada. Ni tan siquiera de la muerte. La he visto muchas veces y la conozco perfectamente. (…) No me pillará quieta (…). Soy Carmen, nada más”. Fui con todas las prevenciones y me encantó conocerla y conocer un entorno aristocrático al que no pertenezco. Iba llena de prejuicios y me los fui quitando.
-¿Qué es lo que más y lo que menos te gustó de ella?
-Lo que menos, que nunca sabías qué estaba pensando. No expresaba emociones. Todo lo recibía con la misma actitud. Una frialdad aprendida. No estaba acostumbrada a obedecer, a disimular o a decir lo políticamente correcto. Fíjate que se sorprendió llorando cuando falleció su nieto. No lo había hecho nunca antes y se dio cuenta cuando se tocó la cara y descubrió sus lágrimas. Y lo que más que, cuando le comunicaron que tenía una enfermedad terminal, le dio la normalidad que le dio a todo en su vida. Lo encajaba todo sin hacer ningún aspaviento. Ni se quejaba ni te hacía partícipe de su dolor.

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  1. Gerald

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