Ni antes, ni después…

 

 

Hace unos años, antes de pegar el “boom” de popularidad que vino después, mi querida Pilar Cruz -una clásica de las discográficas-, me llamó para ofrecerme a un chico que estaba pegando fuerte en Youtube con sus canciones y que tenía de promoción del que era su primer disco. Raro en mí -porque siempre intento atender a todo el que puedo-, tuve que desechar, por un tapón de trabajo en el que me encontraba, la entrevista con aquel incipiente artista llamado Pablo Alborán.

¡Ni imagináis la de veces que he pensado en lo mucho que pueden cambiar las cosas en un instante y en esas oportunidades que tenemos delante de nosotros y que, por la razón que sea, no llegamos a aprovechar! Y aunque tampoco se trate de algo en lo que se me vaya la vida, lo cierto es que, como apasionado de mi trabajo que soy, perder el encuentro de alguien que, como le sucedió al malagueño, se volvió tan presente en nuestra actualidad después, no puedo ocultar que escocía un poquito.

Pero el destino, caprichoso como él solo, buscó una segunda oportunidad el jueves cuando, en Madrid, conocí a Pablo durante la presentación de su gira, “Prometo”. Un viaje que hice hecho con otras intenciones y durante el que se produjo la cita que, ahora sí, no dejé pasar.

Incierto es que los trenes solo pasan una vez por nuestro lado. Como incierto es que dejarlos pasar sea una desgracia irreparable. Todo sucede cuando tiene que suceder. Ni antes, ni después.

 

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