Merche: “Siempre he sido muy consciente de que mi relación con Arturo me iba a perjudicar”

Tenía claro que quería que la carta de presentación de su nuevo disco, que saldrá el próximo febrero, fuese «Lo que me dé la gana». Un canto a la libertad, a la inclusión y al feminismo el de esta gaditana que hace seis años entregó su corazón al concursante de “Gran Hermano” Arturo Requejo 

Ricardo Castillejo

Como mujer luchadora que ha sido siempre, a sus 45 años quiere seguir poniendo su granito de arena en la lucha de por la igualdad en esta época que estamos viviendo de cambios y reivindicaciones. Defiende que cada uno haga lo que le apetezca con su vida, que se vista como quiera y que ame a quien desee, teniendo siempre el respeto por bandera. Lo hace también porque, por desgracia, ha tenido que convivir con el desprecio después de que, hace seis años, anunciara su relación con Arturo Requejo, exconcursante de “Gran Hermano 11”. Un amor que muchos no han llegado aún a comprender…

-¿Siempre has sido así de feminista y «batallera»?

-Siempre. Puedes escuchar «Abre tu mente», que la hice hace una década y cuyo mensaje ya era contra la violencia de género. Mi imagen era súper radical y lo grité a los cuatro vientos siendo consciente de ello. Me ponía las faldas muy cortas y todo de cuero, con un “look” muy agresivo para defender eso de que cada mujer sea libre sin temer que le puedan hacer algo por la calle. En todos mis trabajos he escrito sobre temas sociales como el acoso laboral o los refugiados.

No me gusta tener a los hombres atemorizados, que ahora te dicen «guapa» y ya, un corte o un “zasca”. En ocasiones usamos expresiones que, efectivamente, son machistas y tenemos que reeducarnos, pero poco a poco, sin volvernos locos”

-¿Has sufrido el machismo de la música?

-Claro. Todavía tengo que escuchar: «¿Quién te hizo esta canción?», en referencia a temas como «Si te marchas» o «Abre tu mente». Es curioso que, después de 17 años, todavía me lo sigan preguntando. Si fuese un chico no lo haría, pero soy mujer, me pongo rubia, las uñas largas y minifalda. En mi nuevo single hay una frase que dice: «Uso tacones cuando quiero»… y la pienso cantar descalza. Defiendo la libertad y ser diferente, porque cada uno es especial por sus peculiaridades, lo que nos hace únicos. 

-¿Has vivido lo que, sobre todo muchas actrices, cuentan del aprovechamiento de hombres poderosos?

-Sí. En mi caso siempre lo he tenido muy claro, no me he creído la historia y me he quitado de en medio. Entiendo que a otras a las que le ha pasado no lo vieron venir. Quizás hay otras que cogen ese camino y también es respetable, pero yo he comprobado que lo que viene con esfuerzo es lo que más dura. A mí eso de que me echen un cable me sienta hasta mal…

-¿Cómo contemplas al hombre? ¿Como un compañero, un enemigo, un complemento de la mujer…?

-Igual que la mujer. No me gusta tenerlos atemorizados tampoco, que ahora te dicen «guapa» y ya, un corte o un “zasca”. En ocasiones usamos expresiones que, efectivamente, son machistas y tenemos que reeducarnos, pero poco a poco, sin volvernos locos. No podemos erradicar de repente que un hombre que haya sido educado de determinada forma, abra la puerta a una mujer. A mí no me ofende que me digan «miembro», no exijo que me digan «miembra». No es una prioridad, aunque es importante porque insisto en que tenemos que reeducarnos en el lenguaje.

-¿Te agrada la galantería masculina?

-Me agrada el respeto, la educación y la galantería de ambas partes. No le exijo a un hombre que me invite a cenar y que me abra la puerta de un coche, pero sí me gusta un señor educado. A día de hoy, seguir reivindicando la igualdad entre hombres y mujeres es triste, pero hay que seguir haciéndolo. En mi caso, si mi granito de arena lo puedo poner con una canción, aquí estoy. Las cosas pequeñas también hay que arreglarlas, pero antes tenemos que centrarnos en lo realmente importante, como las agresiones sexuales, las diferencias de sueldo o el acoso laboral. 

Yo tengo muy aleccionada a los míos para que no me doren la píldora si lo hago mal. Si empiezo a no estar al 100% de mis capacidades, espero que me lo digan”

-¿Has podido hacer en tu camino lo que te ha dado la gana?

-Sí, y eso conlleva equivocarte. Prefiero hacerlo yo a que lo hagan los demás por mí. He hecho lo que he querido, con mis aciertos y mis errores.

-¿Eres de las que se lamentan mucho de los errores?

-Si te dijera que no, te mentiría. Me flagelo demasiado. Todos nos equivocamos mil veces en el día a día y soy de las que, cuando se acuestan, les gusta hacer examen de conciencia. 

-Hablando de errores y aciertos, ¿en qué momento estás ahora? Porque sufriste un palo considerable con una persona de confianza…

-Todo es muy sencillo. Al 90% de los artistas de este país les ha pasado lo mismo que a mí. Hacienda tenía un criterio y, de repente, de un día para otro, lo cambió. Todos nos encontramos en un lío. A eso se añadió que todos mis temas personales los llevaba alguien que no me contó lo que había. Hizo lo que quiso, confié en él y me pegué el «zasca». Ése es el error más grande que he cometido. Si te das cuenta, a todos los que nos pasa eso, nos ocurre con los que más confianza tenemos, amigos íntimos que consideras de tú familia. Con frecuencia me he flagelado por esto y sigo haciéndolo. ¿Cuál es mi pecado? ¿Creerme a un ser humano? No me quiero convertir en una desconfianza, pero ahora pienso mal y siempre acierto.

-¿Lo has resuelto?

-Ya está todo encaminado. No resuelto definitivamente, pero, por suerte, no me han faltado proyectos en estos años.

-Un acierto importante ha sido tu pareja que, cuando apostaste por él, nadie daba un duro…

-¡Nadie! Y probablemente ni él, ni yo tampoco… No sé qué va a pasar mañana, pero, mientras nos sigamos haciendo felices ahí, estaremos. Ya son seis años y tenemos una niña preciosa. Fuimos los dos a la India a por ella y lo ha vivido todo desde el principio como yo. Hemos formado una familia muy bonita. Es verdad que parecía que no teníamos nada que ver. De hecho, somos absolutamente diferentes, pero eso es lo que me gusta. Es un hombre maravilloso, tiene un corazón muy bonito y una personalidad brutal, es muy noble, generoso y muy auténtico.

-¿Qué has encontrado en él que te haya dado la fuerza para seguir a su lado, a pesar de los impedimentos?

-Han llegado a tirar mi música o a dejar de seguirme en redes cuando se enteraron que empecé a estar con Arturo. El año pasado me comentaron eso en el Orgullo, cuando canté en Sol «Abre tu mente». Miré a esa persona y le respondí: «Hay qué ver que yo esté aquí defendiéndote y que me digas que me has tirado por salir con alguien que viene de un programa de televisión». ¿Ha matado a alguien? ¿Ha hecho algo malo? Me parece injusto porque yo sí creo realmente en la igualdad.

-Arturo está también presente en este tema…

-Tenía que sacarlo. «Lo que me dé la gana» habla de respeto, de inclusión, de hacer cada uno lo que le apetece. Siempre he sido consciente de que esto me iba a perjudicar. Él lo dejó todo porque quiso. Nos encontramos, surgió y así lo hicimos. Llevo seis años con Arturo Requejo, es mi compañero de vida y estoy orgullosa. Aunque me ha regañado porque dice que en el videoclip sale muy poco (risas). 

-Han pasado casi veinte años desde que empezaste y ahora la música es diferente, salen artistas continuamente… ¿De qué forma se hace para continuar en la cuerda del equilibrista?

-Empecé y ya estaba la música muy mal. Todo lo que escuchaba es derrotismo porque era la época del primer «Operación Triunfo» y crecí con ese comentario de: «La única que no es de ‘OT’…». Con la piratería, igual… La gente va a seguir consumiendo música. Es verdad que cada vez somos más y que muchos son muy conocidos antes de sacar nada, como ocurre con «OT» o con «La voz». Pero cuando de pequeña soñaba con ser artista no lo hacía para serlo un ratito de los 20 a los 30. Soñaba con ser Chavela Vargas. Mientras tenga algo que contar, y el público me dé la posibilidad, continuaré. Nunca se me ha pasado por la mente dejarlo. Y mira que ha sido una etapa muy intensa… Mis «Merchitos» tampoco creo que me lo permitan (risas).

-En España, hay muchos nombres como Mónica Naranjo, Pastora Soler, Malú, tú misma… ¿Entre vosotras hay competencia?

-A mí no me gusta competir, voy a mi bola y lo que le pase al de enfrente la verdad es que no me interesa. Paso de tonterías. ¿Hay competencia? Toda la del mundo. Hay muchos egos, mucho «divismo», mucho «te quiero mucho, pero yo lo hago mejor»…

-¿Te ves como Madonna, con 60 años haciendo una actuación como la de Eurovisión aunque las condiciones no te acompañen?

-Pero, ¿por qué nos sorprendemos? Si Madonna ha cantado así toda la vida… A mí no me sorprendió, su voz no es su fuerte. Ella es mucho más, es una estrella diferente y, en esencia, es la pera. Es verdad que esta vez fue distinto, parecía un poco más «torpona» de lo habitual. Yo tengo muy aleccionada a los míos para que no me doren la píldora si lo hago mal. Si empiezo a no estar al 100% de mis capacidades, espero que me lo avisen. Sea como sea, en el momento en que note que la historia que estoy contando no interesa, la que me voy soy yo. No quiero estar aquí perdiendo el tiempo. Compondría y cantaría, pero me quitaría de en medio. 

-¿Qué harías si no hicieras esto?

-Soy maestra, me podría dedicar a la educación. He sido secretaria de dirección cinco años y también podría hacerlo. Empecé a estudiar Administración y Dirección de Empresas y podría terminar y tirar por ahí. Soy de la opinión de que todos podemos hacer de todo. 

-¿No te verías en «Tu cara me suena» o en la isla de «Supervivientes»?

-En «Tu cara me suena» no porque no sé imitar y me lo han ofrecido mil veces. No soy de «realities». Disfruto lo más grande viéndolos, me sacan de la realidad y me emociono. Pero una cosa es ser espectador y otra es ir allí. Me tendrían que pagar como a “la” Pantoja y no lo creo… Además, preferiría una casa antes que pasar frío en «Supervivientes». Aparte, me dan bajadas de tensión cuando no como… 

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