Más Pilar que nunca

 

 

Pastora Soler ha vuelto. Ha esperado tres años y lo ha hecho con una canción titulada “La tormenta”, incluida dentro de un disco que verá la luz después de verano y que se llamará: “La calma”. Y así la encontré esta semana en Matalascañas, donde veranea desde hace muchísimo tiempo y hasta donde fui para descubrir que mi querida amiga regresa más madura que nunca, más mujer que nunca… Más Pilar que nunca.

Porque si Francis, su marido y su mejor amigo, ya supuso un antes y un después en su crecimiento personal, la llegada al mundo de su hija Estrella, hace casi dos añitos, se ha convertido en el revulsivo que realmente necesitaba para darse cuenta que nada merece tanto la pena como cuidar de ti, de los tuyos, de tu entorno. Y así, alejada de los brillos de esa profesión de artista que llegó a comerle el terreno tanto que casi acabó con ella, es ella misma la que irradia una cálida luz de la que me encantó ser testigo.

Lúcida y con las ideas muy claras, llega Pastora sin intención de agobiarse, ni de autoexigirse hasta límites que traspasan el sufrimiento, ni de alcanzar según qué metas en ventas de discos, giras o notas en el pentagrama musical. La ausencia le ha enseñado todo lo que no quiere hacer y con quien y dónde no quiere estar y en su niña ha encontrado la fuerza para defender su terreno como la fiera que, hasta ahora, solo había sido sobre los escenarios. Y eso sin perder la sonrisa. El arma más eficaz para los que apuntan con el corazón.

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