Más de veinte años sin Lola

El 16 de mayo de 1995 se marchó Lola Flores, poseedora de una personalidad artística única y uno de los mitos más definitivos del mundo del espectáculo de nuestro país

por Antonio Montero

Veintiún años se cumplen hoy, 16 de mayo, del adiós de Lola Flores. Y va pasando el tiempo y el mito va creciendo. Lo sabíamos ya en vida: que era única e irrepetible, que tenía una gracia y un arte difícilmente clasificable, que se ganaba al público con una personalidad chispeante, que era parte de la historia de este país, que estaba destinada al “Olimpo de los inmortales”. Todo eso ya lo sabíamos pero no por ello dolió menos cuando se marchó “La Faraona”. Una despedida que se venía anunciando, tras encontrarse en su camino con un cáncer frente al que, como dijo su Lolita en una triste rueda de prensa, “luchó hasta el final”.

Queda, a quienes no la conocimos en persona, su legado: sus actuaciones grabadas para televisión, sus entrevistas, sus películas y sus canciones que forman parte del imaginario colectivo. “Pena, penita, pena”; “La Zarzamora”; “El lerele” (que dio nombre a su casa de Madrid), y tantas otras. Más allá, podemos recordarla también a través de los innumerables videos de Youtube que existen de ella y de sus grabaciones más emblemáticas: “Si me queréis, irse”; “Si cada español pusiera una peseta…”; o su desternillante aparición en “La Clave” pidiendo que, tras morir, se la metieran (la bata de cola) en el ataúd. En otra grabación, muy reproducida y conocida, Lola explica a Lauren Postigo cómo le gustaría que fuera su funeral, con capilla ardiente para sus miles de seguidores, igual que, siguiendo esa voluntad, se hizo con sus restos mortales.

El otro gran regalo de Lola Flores es su familia, por la que tenía devoción y de la que también se marcharon su hijo Antonio, unos días después que su madre, en 1995, y su viudo, “El Pescailla”, en 1999. Sin embargo, el clan Flores continúa a través de Lolita y Rosario y de sus nietos, cada uno de ellos con su carrera independiente, como Elena Furiase, que fue portada de nuestra revista, “Sevilla Magazine”, en febrero de 2015 y Alba Flores, con una trayectoria imparable como actriz en series de televisión. Sea como sea, son sin duda las hijas de Lola las que con más frecuencia y cariño recuerdan a los suyos que ya no están. De ellas, Lolita pasa por uno de sus momentos televisivos más interesantes, con muchos proyectos de éxito, participando como jurado y como “coach” en distintos programas, aunque quizá no pase por una etapa tan buena sentimentalmente desde que se separó de su marido, Pablo Durán, al que le unió un amor maduro que terminó apagándose.

Por su parte, Rosario tiene, posiblemente, su etapa más brillante tanto en televisión, en los llamados “talent shows”, como en su camino musical, tal y como pudimos comprobar el viernes en su concierto del Auditorio Fibes presentando en Sevilla su gira de 2016. Y es que muchos quieren ver en la pequeña de los Flores a la heredera de la fuerza y el temperamento de su madre, si bien ella misma siempre dice que las comparaciones no tienen sentido pues, sin a contradecir las leyes de la genética, son dos figuras que, con una personalidad muy definida, son completamente diferentes. En lo emocional, “Rosarillo”, como la llaman algunos, siempre fue más reservada, disfrutando del amor de su compañero, Pedro Lazaga y sus hijos, Lola y Pedro Antonio.

Rescatar de la memoria a “la que no cantaba y no bailaba, pero no se la podían perder” en el aniversario de su muerte no es ninguna novedad. Es más, la jerezana universal está presente todos los días del año para los que admiraban su personalidad.  Porque ha habido figuras muy grandes que ha dado esta tierra y que han pasado a la historia en su parcela correspondiente pero siempre nos quedará la sensación de que Lola era algo más, que era algo como de otro mundo (ella, con su característico sentido del humor, solía bromear comparándose con un “extraterrestre”), una de ésas de las que, una vez hechas, se tira el molde, que trascendía los escenarios y las cámaras. Algo raro y precioso como un diamante cuyo brillo, generación tras generación, sigue fascinando.

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