Mar Cambrollé, “Soy una superviviente de la pobreza y la marginación”

Mar Cambrollé, una mujer de verdad” es la biografía de la Presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía quien, desde muy pequeña, hizo de la lucha social su bandera

por Ricardo Castillejo

marcambrolle01Su nombre es un referente para todas aquellas que han sufrido rechazo por la transexualidad. Una realidad que gana actualidad cuando ocurren casos tan desagradables como el de Saray, de 49 años, quien, esta misma semana y en pleno siglo XXI, ha sido “insultada, amenazada y agredida” en la cabeza con un vaso de cristal que le causó importantes heridas, todo eso en un bar de la Plaza de la Encarnación de Sevilla. Una ciudad en la que nació Francisco José Cambrollé Jurado en el seno de una familia humilde y donde, al cumplir la mayoría de edad, entendió que, en función de su identidad, lo que se sentía de verdad era mujer. Desde entonces es una luchadora incansable por los derechos de un colectivo al que pertenece y para el que ha logrado consolidar una ley, la andaluza, que es única en España. ¿La responsable? “Mar Cambrollé, una mujer de verdad”.

-¿Cómo recuerda su infancia?

-Desde pequeña tuve consciencia de que algo pasaba conmigo. Me gustaba reproducir los roles femeninos (pintarme, ponerme ropa de mi madre…). Todo eso entraba en el mismo saco pero aquello no era ser transexual. Éramos todos maricones. Mi familia lo llevó en general bien pero con mi padre tuve dos etapas. Al principio, como aprendí a leer muy rápidamente, le gustaba presumir de mí delante de sus amigos. Después pasó a odiarme y a decirme: “¡Qué asco de niño!”. Cuando hice la transición, con 19 o 20 años, volví a casa un día y se produjo la reconciliación. Me abrazó y me dijo: “¡Qué guapa estás!” [se emociona]. No hubo que pedir perdón ni nada que perdonar.

-¿Cuáles fueron sus siguientes pasos?

-Monté un tenderete de artesanía en la Plaza del Duque y de ahí saqué dinero para la depilación eléctrica, para la operación de nariz, el aumento de mamas… Cuando empezaron a publicar reportajes sobre Bibi Andersen y otras decidí que, por encima de lo que me gustara sexualmente, me sentía mujer. Empecé a hormonarme como nos hormonábamos por entonces. Imagínate, consultábamos unas con otras y hacíamos barbaridades.

8-Siempre fue una mujer con muchos “reaños”…

-Me llamaban “Paca la brava”, por mi fortaleza. Me he implicado mucho desde joven porque creo que los imposibles son posibles y las utopías pueden tocarse con las manos.

-Muchas transexuales se ven abocadas a prostituirse… ¿Usted también pasó por eso?

-Sí, claro. Lo hice de forma voluntaria durante dos meses. Eran ganancias rápidas, aunque nada fáciles, para no tener que entramparme con un banco. Muchas se quedan enganchadas a la prostitución pero yo tenía un objetivo: tres millones de pesetas para montar un negocio que luego me fue estupendamente…

-¿Con los hombres le ha ido igual de bien?

-He gustado y sigo gustando. De hecho, en la prostitución, el sector que genera más ganancias es el de las transexuales. Es una genitalidad diferente pero somos mujeres. Gustamos a los heterosexuales con una fantasía distinta.

-¿Solo le han atraído los hombres?

-El deseo afectivo-sexual es por ellos. Me siento afortunada porque le he visto la cara al amor (en cuatro ocasiones) y al desamor. Soy persona de relaciones estables. Me enamora la complicidad y el sentido del humor. Y luego que tengamos un buen entendimiento sexual. Eso, aparte del bótox, es lo que te mantiene joven (risas).

-Pasemos a la política y sus decepciones al respecto…

-Todos los políticos intentan utilizar los movimientos sociales pero nunca me he afiliado a ninguno. Siento empatía por los que apoyan nuestras denuncias. En un momento determinado tuve un acercamiento al PSOE pero después me costó una “enemistad”, tal vez, motivado por el hecho de que sus asociaciones más afines me destituyeron del liderazgo del Orgullo. Aplaudo cuando tengo que aplaudir y critico cuando tengo que criticar.

-¿Y con el PP? ¿Todo bien?

-He mantenido mis encuentros. Me he manifestado contra sus políticas económicas y exteriores pero a nivel personal, con algunos de ellos, aunque estemos en las antípodas ideológicamente, ha habido diálogo en ciertos proyectos.

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Con el autor de su biogragía, Francisco Artacho.

-¿Cuál es el balance que hace de su propia biografía?

-Celebro haber sido una superviviente de la pobreza, de la marginación, haberme “autoempleado”… De un ambiente humilde, soy un referente para el colectivo transexual de España y para las nuevas generaciones. Se ha logrado la Ley de Transexualidad de Andalucía, que es un mito similar al del matrimonio igualitario.

-¿Le ha costado muchas lágrimas el camino?

-Sí, y me siguen costando. La ingratitud, el castigo político del partido, la discriminación de muchas personas que lideran colectivos LGTV… Si hubiera sido “gay” estaría en los altares por todo lo que he logrado.

-¿Alguna deuda pendiente?

-Una: seguir trabajando para que se pida perdón político para con las transexuales. Es importante para no caer en los mismos errores.

-¿Cómo le gustaría ser recordada?

-Como alguien con unos valores humanos que no abundan. He defendido lo que he creído que era lo justo.

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