Manolo Medina y Javier Vallespín: “A los Millenials y a los Youtubers les falta la gracia”

Son, sin salir en la “tele”, un fenómeno social que. desde el viernes hasta el domingo, estarán en Sevilla, en el Teatro Los Remedios, con su obra “Qué mala suerte tengo pa tó”.

por Ricardo Castillejo

En octubre del 2013 estuvieron con la mismísima Reina Doña Sofía en un encuentro del que guardan inolvidables anécdotas. Muchas vivencias, las que tiene que contar Manolo Medina, tras 17 años representando “Dos hombres solos sin punto com ni ná” – la cual está ahora exportada en México – que lo han llevado hasta a publicar su propia biografía, “Un hombre solo sin punto com ni ná”.

-Cuando se está tanto con una misma obra, ¿no te cansas de hacer lo mismo tanto tiempo?

(Manolo) No, porque ninguna función es igual. Nosotros tenemos un guión y sabemos cómo empezamos y cómo tenemos que acabar. Lo que pasa en medio lo ignoramos (risas).

(Javier) Si vienes el viernes y luego el domingo, piensas: «Han cambiado cosas». Es la frescura de la improvisación. Somos andaluces y tenemos la carcajada y el sentido del humor a flor de piel. Procuramos hacerlo así, primero por el bien nuestro y luego, por el del público (risas). Somos los primeros que nos lo pasamos bien en el escenario y eso se refleja. Aparte que “somos” sangre, nos admiramos, nos queremos y nos respetamos, y eso es primordial para que algo funcione.

-El humor es complicado porque no tiene término medio y, a los humoristas, o los amas, o los odias… ¿Cómo se sabe cómo acertar?

(J) El humor no es complicado, el complicado es el público. No nos podemos quejar, pero el más difícil es ese público nuevo que por todo se indigna y que, gracias a Dios, no vienen a vernos (porque, al meternos con todo el mundo, estarían todo el rato indignados).


Cuando la reina Sofía se desmontó de risa con nosotros no había corona, ni sangre azul, ni nada. Solo una señora colorada como un tomate”

-Dentro de esa improvisación que hacéis y en la que os metéis con todo, ¿hay algo intocable?

(J) Lo que no puede ser es que veamos en redes a uno que ha creado una cuenta, que se llamaba «Julen muerto». Hay cosas que no se pueden tocar.

(M) Yo, en nuestra obra anterior, «Dos hombres sin punto com», hablaba en mi monólogo hablaba de la madre superiora de mi colegio, que no me podía ver, y de cómo estábamos un día en el recreo, se me acercó y, dándome en la nariz con el dedo, me comentaba: «Los niños que son malos van al infierno». A lo que yo le respondía: «Y a las monjas que no follan les huele el dedo a coño»(risas). Lo hemos estado diciendo diecisiete años y, de hecho, una vez sin darnos cuenta sacamos a una monja al escenario que se lo pasó bomba. Somos «verduleros», pero con un arte impresionante. Está mal que lo digamos nosotros, pero es que es la realidad. Decimos todo de tal manera que no te puedes enfadar. Es más, tengo una amiga en Marbella, que es prácticamente la dueña del 90% de las farmacias de Málaga, millonaria perdida, de estas pijas que parece que le han dado por el culo y le han cogido un nervio… Y cada vez que me la encuentro en un acto me mira como pidiéndomelo. Hasta que le suelto: «¿Qué pasa, «hijaputa»?»… Ella me reconoce que soy la única persona a la que le consiente que eso (risas). Incluso a la reina doña Sofía, que nos recibió por el quince aniversario de la obra, le llevé un mollete de Antequera, y le propuse: «Coja usted el mollete, lo parte por la mitad, le echa un poco de aceite, y se lo pone a Don Juan Carlos, que está malo, angelito». Cuando yo le dije «angelito» a esa mujer, se echó para atrás y, se desmontó de risa. No había corona, ni sangre azul, ni nada. Solo una señora colorada como un tomate. Fíjate hasta donde llega la naturalidad y la gracia andaluza. Venimos de México y no veas el trabajo que nos ha costado que los mexicanos cojan un poquito de «age».

-¿Los andaluces somos los más graciosos del planeta?

(J) Sí.

(M) No todos.

(J) Sí, no todos.

(M) ¿Tú conoces a algún vasco que sea gracioso?

(J) Si nos vamos al País Vasco tienen unos paisajes impresionantes, unas comidas bestiales… pero no busques ni tíos graciosos, ni sol. Cada uno tenemos lo nuestro. Sino seríamos todos iguales… ¡Qué aburrimiento!

-¿Y cuando toca un público difícil?

(J) Un público regalado tampoco lo quiero. Que no sea de estos de mala follada, pero uno que nos tengamos que poner el mono de trabajo. Al final siempre se rinden.

(M) Es que, claro, Andalucía es Andalucía. En Salamanca, qué dolor, hace un frío que te mueres… Cuando estuvimos en Madrid, en el Teatro Marquina, llegaban los coches con las mujeres muy preparadas… y la obra empezaba con: «¡Yo no veo un coño!». Escuchabas en el patio de butacas: «Uy, ha dicho coño». Imagínate, acostumbrado a una obra de teatro “normal”, te sale un tío gordo, con un delantal y un abanico, toda loca perdida soltando por la boca lo que no hay. Cuanto menos te quedas sin la butaca y piensas: «Pero, ¿esto qué es?», hasta que te das cuenta de qué va y le pillas el sentido.

-Las nuevas generaciones “Millenials” no se caracterizan por tener mucho sentido del humor…

-A los Millenials, Youtubers, y cosas de éstas que salen ahora en internet, les falta la gracia. Dicen cosas que podrían ser graciosas, pero si las dices sin gracia… Hay monologuistas que escriben muy bien, pero luego no saben interpretarlo porque no tienen gracia. Lo mismo que hay quien compone muy bien, pero hijo, tienen una cara de borrico que no pueden con ella. Dale esa canción a un David Bisbal o un Pablo López y te hacen un «hit» internacional, pero no la hagas tú. Cada uno tenemos una función. Como en el fútbol, a Messi no lo vayas a poner de portero…

-¿Y la gracia de qué depende?

(J) El 50% es Sol y el otro 50%, lo que hayas mamado. Entiendo que en Burgos puede haber una persona que sea muy graciosa, pero luego lo comparas con un andaluz…

El “cuentachiste” de toda la vida se está perdiendo… Y un chiste bien contado no tiene precio, pero hay que saber hacerlo”

(M) Después de llevarte 17 años con una misma producción, nos preguntábamos: «¿Se ha vuelto a llenar el teatro?». Tenemos un amigo, que sale en mi biografía, que nos ha visto 27 veces. Cuando salía al escenario y le decía: «¿Tú no tienes más amigos, tío?». Algo hay ahí, cuando generación tras generación han estado yendo al teatro para ver a Manolo Medina y Javier Vallespín.

-¿Qué opináis de los monólogos y los monologuistas?

-(J) Dentro de la obra, hay un espacio en el que cada uno hacemos un monólogo. El secreto es que tocamos todos los palos: sketch, monólogo, chistes, teatro, improvisación, música… De todo y en dos horas.

-Parece que todo lo que no sea monólogo ha desaparecido…

-(M) El “cuentachiste” de toda la vida se está perdiendo… Y un chiste bien contado no tiene precio, pero hay que saber hacerlo.

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