Macarena Gómez: “Soy muy empática y, las personas muy empáticas, sufren bastante”

 

 

Sin duda Macarena Gómez era la actriz ideal para dar forma a un editorial donde, el número de junio de “Sevilla Magazine”, demostró que el “glamour” también tiene cabida en el barrio, siendo posible vestir con estilo vayamos donde vayamos. Muy popular por trabajos como “La que se avecina”, la cordobesa es también, por méritos propios, un icono de moda reflejo de una personalidad poliédricamente fascinante

 

por Ricardo Castillejo

 

A pesar de sus 40 recién cumplidos, Macarena Gómez podría pasar por una treintañera más. Joven, en físico y espíritu, la cordobesa es una trabajadora incansable que vive en el AVE entre Barcelona y Madrid, ciudad donde rueda, entre otras cosas, su serie, La que se avecina. Una producción que lleva once años en pantalla y en la que da vida a Lola Trujillo, personaje con el que tiene la libertad, por parte de la productora, de ir y venir cada vez que lo desea, pudiéndolo compatibilizar así con otros proyectos bien en televisión o bien en cine (formato donde hemos podido verla en títulos como Las brujas de Zugarramurdi o, en 2017, la aclamada Pieles, de Eduardo Casanova). Eso sin dejar de cuidar a su marido, Aldo Comas, ni a su hijo Dante, con tres años, ni al resto de su familia y amigos, parcela humana con la que equilibra la gran entrega que su profesión le exige.

-“Glamour” y “barrio”… ¿Qué tienes más de los dos?

-¡Ay! No sabría decirte… Me han educado para adaptarme en cualquier circunstancia. A los 16 años ya me marché a estudiar fuera, absorbiendo otras culturas y conociendo diferentes estratos sociales y lo mismo puedo estar en una megafiesta en Cannes que en la Alameda tomándome cañas. Tengo esa capacidad de que me gusta todo y soy muy feliz así.

-Curioso porque, en nuestra generación, los padres no animaban tanto a salir…

-Yo he sido muy privilegiada y siempre les agradeceré a mis padres eso. Con 15 años les planteé que quería hacer Arte Dramático y, como también se lo podían permitir, me dejaron ir a Estados Unidos, donde también pude aprender inglés. Y con mis hermanos ha sido igual.

-Entonces, te apoyan en tu profesión, ¿no?
-La adoran. Mi padre es médico pero su frustración es no haber sido actor. Cuando puedo le doy papeles de figurante en mis rodajes. Y a mi hermana y a amigos míos (risas)…
-Sin embargo, tampoco es frecuente ese entendimiento familiar ante lo del ‘show business’…
-Eso es lo triste. Tengo muchos compañeros a los que les prohibieron o les obligaron, antes de nada, a estudiar otra carrera. Mis padres me han inculcado siempre el amor por el arte en todas sus manifestaciones y desde pequeñita iba al Gran Teatro de Córdoba a obras, óperas, ballet… A veces me encontraba allí alguna profesora y, si al día siguiente tenía un examen, me decían que, si no me salía bien del todo -porque yo era de sobresalientes-, al menos sabían que era porque había estado en el teatro.
-¿Hubo algo concreto que te determinara para decidirte por la interpretación?
-Sí… ¿Qué película ponían todas las Navidades en televisión? (…) Lo que el viento se llevó… Escarlata O´Hara fue la que me inspiró para ser actriz y recuerdo ensayar con mi madre agarrada al cabecero de la cama como si tuviera un corsé. Y luego lo terminé de confirmar con El último Mohicano, con Daniel Day Lewis, uno de los mejores del mundo.
-¿Te ha merecido la pena aquella decisión?
-A mí me ha ido muy bien desde que empecé. He sido muy afortunada, la verdad. Date cuenta que, después de vivir en Londres, a los ocho meses me cogieron para hacer Padre coraje, con Benito Zambrano. No lo podía creer y lo pasé tan mal… Era una ignorante en cuanto al vocabulario cinematográfico se refiere y no entendía nada pero, a raíz de ahí, a los tres años me empezaron a salir ofertas de forma bastante constante. Así que, desde los 25 no he parado…
-¿Por qué piensas que has triunfado?
-Mira, eso de que llegues a una fiesta y un director se fije en ti sucede pero, en mi caso, el factor suerte ha podido ser un cinco por ciento. Creo que tengo dotes de actriz e insisto, hay que esforzarse mucho. Conozco muchas que, cuando les plantean participar en un corto, donde no se cobra y hay que levantarse a las seis de la mañana, pasan. Ésa no es la actitud. Yo he llegado a terminar La que se avecina, coger un AVE para rodar en Sevilla y volver, a las seis de la mañana, para llegar a tiempo para entrar a las nueve otra vez en la serie. O he compaginado series y películas pasando 38 horas sin dormir. Es una locura y mis padres me riñen pero dentro de tres años no sé qué va a ser de mí. Lo mismo estoy deseando que me suene el despertador, con lo que hay que aprovecharlo todo.
-Entonces para ti lo laboral, ¿en escala de valores?
-Es muy importante para mí. De lo más. Te da estabilidad económica y emocional. Cuando te sientes feliz con tu profesión eres feliz con el mundo que te rodea, eres más amable y tienes más amor que compartir. Y no es incompatible con los tuyos. Trabajo para vivir felizmente con mi familia.
-Lo que pasa es que hay sectores, como el tuyo, más complicados con los horarios y, cuando se tienen niños…
-Bueno, tengo infraestructuras para poder sacar adelante a los míos pero no te imaginas los AVE para arriba y para abajo, las combinaciones que debo hacer para que mi hijo esté conmigo o no esté solo…
-Es más, muchos compañeros tuyos suelen tener la ‘espinita’, cuando hacen retrospectivas, les pesa haberse perdido según qué momentos…
-Pues eso me lo tendrás que preguntar en el futuro. Claro que echo de menos a mi hijo pero también conozco a amigas que pertenecen a la banca, o a grandes empresas, que empiezan a las ocho de la mañana y no terminan hasta las ocho de la tarde. ¿Qué diferencia eso de alguien como yo?
-Porque el fin último tuyo… ¿Cuál es? ¿El reconocimiento? ¿La transcendencia?
-No, no. A mí es que lo mío me hace muy feliz. Esta sesión con Sevilla Magazine, por citarte algo, me da mucha dicha. Te he conocido a ti, a tu equipo, estoy en Sevilla… Y es parte de lo mío. A cualquier artista le gusta que reconozcan su valía y claro que me agrada cuando alguien me comenta con cariño que ha visto una película mía. Luego está lo menos bonito, como cuando estás comiendo y vienen a pedirte una foto…

-¿Eres famosa o popular?
-A mí lo de “famosa” no me gusta. Yo soy popular, no famosa. Cuando me paran y me exclaman: “¡Una famosa!”, me paro y contesto: “No soy famosa, soy actriz”. Hay quien se pone a la defensiva pero es que es así. La fama es efímera. Lo mismo dentro de diez años nadie sabe quién soy pero, si sigo en activo, seré igualmente feliz.
-De todos modos, en tu caso ya ha pasado mucho desde que se te conoce, tienes más de 700.000 seguidores en redes… ¿Pesa esa responsabilidad de saber que, lo que venga de ti, tiene unas consecuencias?
-Hay que tener mucho cuidado. Al final acabas siendo influyente y debes tener precaución con las redes. No soy de las que pone una foto y se queda tan pancha. Medito cada texto y consulto para que no haya malinterpretaciones. En realidad son otra ocupación y yo dedico un tiempo al día a eso. Soy actriz, empresaria (es otra faceta mía) y también tengo mis redes sociales.
-Es que en ti misma tienes más seguidores que algunos programas audiencia… ¿Para qué usas ese poder?
-Mi labor no es dar opiniones morales ni políticas. Ni aleccionar a nadie. La educación debe darse en casa. Yo muestro el día a día de una actriz, qué hacemos entre bambalinas, entre toma y toma… Y luego está el glamour, lo inalcanzable, como vender un pequeño sueño.
-¿Nunca has subido una foto de tu hijo?
-No, bajo ningún concepto. De mi vida íntima, nada. Y no tiene nada que ver con ser popular o no. A amigas mías que tienen otras dedicaciones, si cuelgan fotografías con sus niños, les advierto que deben preservar la imagen de sus hijos. ¿Quién sabe si de mayores pueden echárselo en cara? Es algo que, en general en mi círculo, tenemos claro.
-Por cierto, tu marido y tú soléis tener un ‘look’, en vuestras comparecencias públicas, muy especial… ¿Es natural o estudiado?
-Supernatural. Somos divertidos y espontáneos y ya está. A veces vamos a eventos y nos encontramos allí mismo, en la puerta, y nos sorprendemos porque hemos coincidido con el mismo color o las mismas gafas sin tenerlo pensado. Es muy gracioso y nos pasa mucho.
-No habéis cruzado el límite y se os respeta pero, sin embargo, hay quien se queja de que se le persigue…
-No sé bien cómo funciona esto. Al principio creía que era raro que nunca me hubiera perseguido un paparazzi pero tuve a mi hijo y aparecieron en casa. Todavía no entiendo en qué se basa la prensa para prestar atención a una pareja, o a alguien, en un momento determinado. A veces nos reímos mi marido y yo porque, cuando salimos, pensamos que es porque no había nadie más interesante a quién seguir (risas).
-¿Cómo entiendes tú el amor? Se te percibe muy libre en tu forma de ser y transmitís un ‘rollo’ muy de amigos…
-Es que yo me llevo muy bien con mi marido. Mi madre me lo repite mucho y la primera vez le contesté: “Por eso me casé con él”, a lo que ella respondió que hay parejas en las que no existe la misma complicidad. Nos entendemos muy bien. Yo entiendo muy bien a mi marido y él es perfectamente consciente de lo que conlleva mi profesión.
-¿Y con la edad cómo te llevas?
-Fenomenal. Mi espíritu, aunque tenga 40, es el de una chavalita de 28 o 30. Aparte que, cuando eres el hermano pequeño, como es mi caso, aunque tengas 70 años te tratarán como la niña pequeña.
-¿Sientes la tiranía de la imagen?
-Me cuido, ¿eh? Mi madre tiene una clínica de medicina estética en Córdoba y yo, que no soy tonta, lo aprovecho (risas). El otro día me hice el factor de crecimiento, que es lo mejor para la piel. No tengo ningún pudor en decirlo.
-En Hollywood denuncian que, a partir de determinada edad, se desaparece…
-Es que mí no me ha pasado. Lo mismo cuando tenga cincuenta me encuentro ese conflicto pero, por ahora, no he sufrido eso. También tengo otros intereses. Con mi marido estamos construyendo un túnel de viento en Zaragoza, como iniciativa empresarial, y son otras opciones más allá de lo mío. Me encantaría vivir toda la vida de mi carrera pero también quiero abrir otros caminos. Ahora he conocido en la serie a la señora Petra Martínez y la amo profundamente. Es tan simpática, tan risueña, tiene tantas ganas de hacerse colega de nosotras… Así es como yo me imagino de mayor. Disfrutando la profesión.
-Grandes éxitos, como ‘La que se avecina’, pueden convertirse en grandes losas…
-Es que nosotros no tenemos exclusividad, con lo que podemos aceptar otras propuestas mientras estamos ahí. Incluso salir una temporada. ¿Por qué voy a dejar algo que me da estabilidad y visibilidad si no me quita nada? Hubo un año que me fui y luego volví. Tengo esa suerte.


-¿Cuáles son tus intereses más allá de la interpretación?
-La historia del arte. Me apasiona. Cuando pequeña hacía rutas como la de los Monasterios del Cister y eso llamaba la atención. El otro día le di las gracias a mi madre en Córdoba por haberme inculcado el amor por la historia, por los monumentos… Eso me hace eternamente feliz.
-Una amiga mía siempre me dice que todas las actrices tenéis un punto de locura…
-Es lo que proyectas. A mí me pasa pero, cuando hablas conmigo, no soy así. Es como un escudo que te pones para que no se te llegue a conocer del todo. Y no es premeditado. Lo mismo soy más seria de lo que aparento. Lo que sí soy es muy empática y, las personas muy empáticas, sufren bastante. Y muy susceptible.
-Por cierto, ¿consideras que ha llegado tu Escarlata O´Hara?
-No, no… Aún no. Pero llegará. Lo mismo con 80 años, pero sé que vendrá…

 

Reportaje gráfico:  Juanjo Moreno
Ayudante de fotografía: Arantzazu Carrera
Maquillaje y peluquería: Lole Díaz Ramírez (equipo Paco Cerrato)
Producción: Iván Alcázar
Agradecimientos especiales: Marcela Zambrano
Mercado Calle Feria

 

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