Los secretos íntimos de los artistas, al descubierto

Rosa Marín, Carmen Raigada, Jonás Campos y Álvaro Gómez protagonizan una función que pretende sacar a escena todo lo que, los espectadores, no suelen saber de “La verdad tras el telón”

por Ricardo Castillejo

Llegaron a nuestro panorama artístico de diferentes maneras. Rosa Marín y Jonás Campos fueron concursantes de “Se llama copla” (en la primera y segunda edición, respectivamente), Carmen Raigada comenzó como Melu y ha desarrollado una extensa carrera como autora e intérprete y Álvaro Gómez ganó en Sevilla, en 2014, una iniciativa municipal conocida como “Operación Talento” y creada para promover nuevos valores musicales.

Cuatro intérpretes con muchos kilómetros de carretera a sus espaldas que, bajo una idea de Rosa, decidieron un buen día dar forma a una nueva aventura: convertirse en actores y contar al público “La verdad tras el telón”. “Estaba tomando café con Jonás y los dos coincidimos en que no nos apetecía dar un concierto. De pronto, se me ocurrió lo de explicar los entresijos del mundo del espectáculo, contactamos con Raigada y luego se incorporó Álvaro, que es pareja de Jonás. En definitiva, cuatro amigos juntos en esta locura”, explica Marín a “Sevilla Magazine”.

Así nació una tragicomedia donde, entre otras muchas cosas, sabremos cuánto realmente gana un artista -muchísimo menos de lo que se piensa- y a la que enseguida se sumó el humorista Manolo Medina quien, tras ver en las redes una foto de Marín y Campos, les propuso su colaboración a unos protagonistas bastante intranquilos ante su estreno en el Teatro Los Remedios. “Estamos muy nerviosos porque estamos acostumbrados a cantar, pero no a actuar”, cuenta Gómez. “Aquí hay que medir los tiempos, saber qué hacer corporalmente mientras otro compañero habla y hasta improvisar, pues Manolo (Medina) es muy de eso”.

Conscientes de que el texto pude levantar ampollas entre cierto sector -al ser demasiado claro en ciertos aspectos del “show business” que, desde fuera, se tienen mitificados-, estos intérpretes solo pretenden demostrar que, aunque pisen un escenario, son tan humanos como el resto, con sus luces… pero también con sus sombras. De hecho, nuestros entrevistados, sin ir más lejos, han tenido que cumplir compromisos profesionales con las manos fracturadas (Jonás) o tras el fallecimiento o el infarto de un padre (Rosa y Carmen). Al final, el espectáculo debe continuar y esta función trata precisamente de eso desde un duelo de egos de dos figuras de la copla, los cuales solo se tratan a la hora de actuar, y con un final apoteósico que no podemos desvelar pero que, por la reacción de los integrantes de la compañía, debe merecer la pena.

Una propuesta en la que hay lugar para la música, pero donde, sobre todo, existe un argumento donde se han invertido muchas horas de ensayo y que no dejará a nadie indiferente. Porque, a pesar de todos los malos ratos y el sufrimiento que, en ocasiones, conllevan estos trabajos, los aplausos son un “enganche”, al que es difícil renunciar.

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