Los mejores editoriales de la temporada: Sandra Ibarra

 2017-2018 ha sido una temporada muy intensa para SEVILLA MAGAZINE, realizando en estos meses aplaudidos editoriales de moda y entrevistas de entre las que, este verano, queremos recordar algunas de ellas… como Sandra Ibarra.

Sandra vestida por Portobello Modas y Complementos.

Se sentía extraña, el día de la sesión que realizó para el número de abril de “Sevilla Magazine”, porque no tenía que trabajar. Y es que Sandra Ibarra está acostumbrada, a pesar del equipo que le acompaña en cada aventura, a llevar el peso de la Fundación Sandra Ibarra que preside y que, en 2018, cumple una década, a nivel nacional, y cinco años desde que inauguró sede en Sevilla. Es el sueño cumplido de una modelo que se hizo famosa en 1995 por superar el cáncer (leucemia, en su caso) en un momento en el que, quienes sufrían la enfermedad, solían fallecer (de hecho, de su planta solo sobrevivió nuestra protagonista). A partir de ahí mucha lucha, una recaída en 2002, y un destino lleno de ilusiones en el que le esperaba el periodista Juan Ramón Lucas, pareja suya desde hace catorce años y uno de sus pilares más importantes. Es el relato, muy resumido, de este ejemplo de superación y fuerza para muchas mujeres, y hombres, que saben que, con esperanza, es posible alcanzar cualquier meta que se desee. Como esa innovadora Escuela de Supervivientes del cáncer, en la que nuestra protagonista está volcada y que, seguro, llegará a ser una realidad más nacida de su fuera y de su empeño.

-¿Consideras que tu experiencia con el cáncer te ha cambiado en algo?

-El cáncer no te cambia. Cambias tú. La vida es lo que tú haces con lo que te pasa, sea lo que sea. Hay que variar el pensamiento del “¿Por qué?” por el de “¿Para qué?”. Cuando nos encontramos algo malo pensamos que es un paréntesis pero es que los paréntesis también forman parte de la vida. Yo decidí ser protagonista de la mía, aunque tuviera cáncer. No quería esperar a estar curada para vivir sino todo lo contrario porque, durante el cáncer y la enfermedad, también hay mucha vida. En realidad, te vuelves más consciente de todo, algo que debes usarlo a favor curándote física y psicológicamente. En mi caso, me negué a vivir con miedo y me volqué en lo mejor que puedes hacer: ayudar a los demás. Cuando me confiesan que se han curado gracias a mi ejemplo, esa capacidad de generar esperanza en los demás es fascinante. No te acostumbras a eso… Me siento plena, dentro de que ha sido un peaje muy duro. Pero es un privilegio levantarme y que no me duela nada y tener saliva y poder hacerme fotos porque he recuperado las lágrimas en los ojos. La gente no piensa que tienen lágrimas o saliva pero yo sí que lo hago. Y que puedo abrir la puerta de mi casa y salir a buscar sueños. No podía caminar porque no tenía masa muscular. Me dormía y pensaba que no me iba a despertar y eso es una barbaridad. Al final concluí que, lo que me tuviera que doler, que me doliera fuera de casa.

La protagonista vestida por Teresa Moreno (No Name).

-¿Esa actitud te acompañó durante la enfermedad o la desarrollaste a posteriori?

-Siempre he sido muy positiva pero claro, he tenido mis momentos. En el primero, la ignorancia y la juventud me ayudaron pero, con el segundo, me enfadé con la humanidad. ¡Dos trasplantes de médula! A partir de ahí aprendes a descubrir lo que eres, a potenciar tu capacidad de resiliencia y superación, que están como dormidas. A mí el sentido del humor, que sigo conservando, me sirvió muchísimo. Me despertaba y, mientras mi familia desayunaba, salía, calva, con un lazo de papel de regalo pegado con celo en la cabeza (risas). No tengo pinta pero soy muy gamberra y la contadora de chistes “oficial” de cualquier reunión.

-¿Cómo te comunicaron que padecías cáncer?

-Lo recuerdo perfectamente. Los médicos entraron en la habitación de la Clínica Ruber de Madrid y le advirtieron a mi madre que, si superaba el fin de semana, podríamos hablar del tratamiento. Era viernes, 10 de marzo, de 1995. Lo superé. Y muchos otros (risas). En aquella época no se pronunciaba la palabra “cáncer” y hay quien no te tocaba por si era contagioso. No te lo terminabas de creer y no había referentes. Solo Josep Carreras. Luego me llamaron muchos para preguntarme. Conocidos, como Rocío Dúrcal, María Pineda, Paco Fernández Ochoa o Luz Casal, u otros anónimos.

-Por si fuera poco, te tocó algo que, dedicándote a la imagen, enseguida le afecta…

-La deteriora en un grado extremo y, aunque lo llevé muy bien, eso no significa que no tengas dignidad. La minifalda y los tacones no tienen nada que ver con el cáncer. ¿Por qué hay que ir en chándal con pelotillas a la quimioterapia? Sabía que no iba a estar guapa ni lo pretendía. Me miraba al espejo y no me reconocía: delgada, con ojeras, sin pelo, sin cejas, con el catéter colgando pero la dignidad está por encima de eso. Yo me ponía mi crema a diario en el cuerpo, mi colorete en las mejillas y mi gloss en los labios a juego con el pañuelo y esa actitud te ayuda a afrontar la situación mucho mejor. El principio del descuido físico es el principio del descuido emocional y el dolor no lo puedes evitar pero el sufrimiento es hasta donde quieras llegar.

Ibarra vestida por Anclados Design.

-Y en todo esto, ¿cuál es el papel de Juan Ramón (Lucas)?

-Bueno, Juanra apareció cuando ya estaba curada, ¿eh? (risas). Pero sí, está claro que el amor sana. Las penas compartidas son la mitad y las alegrías, el doble. Ha sido un camino bonito pero, aunque nos pinten de pareja perfecta, también hemos tenido nuestras crisis. Ha habido unos años muy complicados porque los horarios de la radio no son fáciles. En RNE se levantaba a las tres de la mañana, con lo que no tenía ni cenas, ni nadie con quien salir… De todos modos, no es fácil encontrar un compañero de viaje. Compartimos todo. Él está en la Fundación y yo en la radio. Hablamos e intentamos disfrutar hasta aficiones. Vamos, que hasta me he hecho “paquete” de moto porque es motero desde hace un montón de tiempo (risas).

-Lleváis catorce años pero no estáis casados…

-Vivimos en pecado (risas). Estamos muy bien así. Casi todo lo que hago es emocional y, si celebrara una boda, sería para estar con nuestros seres queridos. Como dice mi amigo Jorge Font –que se quedó, por un accidente, en una silla de ruedas-, “la vida no se puede alargar pero sí ensanchar”. Lo que sí te aseguro que sería un bodorrio: de blanco y cumpliendo todos los requisitos.

-¿Por qué no eres mamá?

-Porque no puedo. Yo aporté sobrinos pero él venía con tres “regalitos”… (risas).

-¡Ah! ¡Madrastra!

-No, no, que suena muy feo. Mejor la persona que les quiere y les cuida como una madre, que es lo que soy cuando están conmigo.

Sandra posa para Sevilla Magazine vestida con un diseño de Felipe Duque.

 

Dirección: Ricardo Castillejo
Reportaje gráfico: Jesús Aldebarán
Ayudante de fotografía: Arturo Merino
Maquillaje y peluquería: Constantino Sánchez
Producción: Iván Alcázar
Ubicación: Hotel Mercer

 

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