Los Alba, desunidos tras la ausencia materna

Se conmemoran cuatro años del fallecimiento de la duquesa de Alba a la que su hijo, Cayetano, recordará con una misa en Los Gitanos

por Pepe Zarza

 

Hoy se cumplen cuatro años desde que falleció, pero lo sorprendente es que, el amor que le tenía Sevilla, donde vivió hasta el final de sus días, aún puede sentirse por las calles. Cayetana Fitz-James Stuart y Silva murió, un 20 de noviembre, a los 88 años en su casa, el Palacio de Dueñas. Las banderas del ayuntamiento de la capital hispalense ondeaban a media asta, se decretó una jornada de luto y la capilla ardiente se instaló en el salón Colón del Consistorio. Era la jefa de la Casa de Alba y una destacada figura de la vida social, pero, por encima de todo, un personaje único e irrepetible que no dejaba a nadie indiferente.

Como es normal, cuando alguien se va deja un vacío inmenso, sobre todo entre los suyos. Un hueco que no se completa con nada. El problema llega cuando ese espacio se hace cada vez más y más grande hasta el punto de que, los que antes estaban unidos, acaban separándose. La Duquesa era el motor de su familia y, una vez apagado ese motor, no se puede avanzar. Sus hijos se encuentran cada vez más distanciados y, aunque en un primer momento se arroparon ante la pérdida y la exposición pública, Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia han vuelto cada uno a lo suyo y parece que poco saben los unos de los otros. Todo comenzó cuando el actual Duque de Alba, Carlos, reorganizó el funcionamiento de la Casa dejando fuera de la Fundación a Cayetano y poniendo en marcha varios proyectos. “Lo que vaya a hacer el duque, pregúntenle a él”, respondía Fernando tras ser interrogado por la prensa y evidenciando que la tensión era un hecho.

En otra línea, aunque la duquesa repartiese sus bienes antes de su matrimonio con Alfonso Díez, parece que sus descendientes no lo han tenido fácil para llegar a un acuerdo en cuanto a los objetos personales que les corresponden, contratando incluso expertos tasadores para que dividiera las pertenencias en lotes de igual valor económico e instando a Díez a que les vendiera su parte (algo que el viudo rechazó).

Más recientemente, durante el tercer aniversario de esta pérdida, la capital hispalense otorgó una placa a Cayetana en un homenaje que contó con dos grandes ausencias: Jacobo y Eugenia Martínez de Irujo. La del primero no extrañó a nadie, pues tampoco contribuyó económicamente a la creación del monumento en memoria de su madre, mientras que la segunda alegó, para no estar, motivos profesionales. Sin embargo, a pesar de la aparente distancia que mantiene con sus hijastros, Alfonso sí acudió a dicho acto igual que a todos los que hacen en honor de su difunta esposa.

 

 

Por otro lado, también hay que destacar que quien más interés parece mostrar en estos eventos es Cayetano Martínez de Irujo y prueba de ello es que esta tarde ha organizado una misa especial por el alma de su progenitora. La cita tendrá lugar en el santuario de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias Coronada, más conocida como la iglesia del Cristo de los Gitanos, a la que ella estaba tan ligada y donde reposan parte de sus cenizas. Sea como sea, solo acudirán, de sus vástagos, Fernando y el propio Cayetano. Tristeza, mucha. Unión, parece que menos.

 

Sevilla 05-04-07 Negritas, Los Gitanos. CAYETANO MARTINEZ DE IRUJO Y GENOVEVA CASANOVA.
Foto: Manuel Olmedo

 

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