Lo sublime del minimalismo

El estreno mundial de ‘Dos pianos con Pasión’, ayer en el Maestranza, supone un nuevo paso adelante en la trayectoria de la malagueña Pasión Vega

Ricardo Castillejo

Dos pianos accionados por dos magníficos pianistas, los hermanos Víctor y Luis del Valle, un baúl encontrado en Nueva York y con misteriosos objetos en su interior y, sobre todo, una voz magnífica como la de Pasión Vega. No hacía falta más… si bien lo relatado no es poca cosa porque, en tiempos en los que todo se sintetiza y se modifica electrónicamente, encontrar artistas valientes capaces de rescatar desde la desnudez canciones populares de antaño, es un hallazgo bastante poco frecuente.

Con un telón negro y una cuidada iluminación, el espectáculo supone un recorrido por músicas popularesque parten de Falla, tocando otros muchos estilos y autores, enlazadas por un ameno diálogo donde los protagonistas se preguntan a quién pertenecería el mencionado baúl y el porqué de sorpresas en su interiortan “misteriosas” como un mantón de Manila o un capote de torero firmado por I.S.M. ¿Les suenan estas iniciales?Esperemos pues al final de esta crónica para resolver el enigma y, mientras, recordemos clásicos como “El paño moruno” o aquella maravillosa jota de “Dicen que no nos queremos, porque no nos ven hablar…”. Tangos como “El choclo”, piezas lorquianas como “El café de chinitas” u otras más actuales como “La flor de Estambul”, partituras que nos conectan con Hispanoamérica (“Alfonsina y el mar”, por ejemplo) o con nuestra tierra (a través de “Granada”, de Agustín Lara y una de las más aplaudidas interpretaciones), o coplas del calado de “Y sin embargo te quiero” o “En tierra extraña”.

Un largo viaje que ha encontrado en la garganta de Pasión nuevas cimas y nuevas notas –respetando la base original- y en las manos del Dúo del Valle una nueva dimensión rica en matices y, en cierta manera, modernidad.

Y así, vestida con unas elegantes y vaporosas creaciones de Antonio García –en negro, negro y estampado negro y blanco y, al final, rojo-, Vega se alza como una columna vertebral en torno a la que va cimentándose el resto de una construcción casi perfecta en la que no importó ni un ápice el fallo de micrófono que obligó a la artista a salir de las tablas unos instantes. La solidez del resto hizo que apenas se notara pues, en realidad, era una apuesta en la que se iba casi sobre seguro.

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Dos horas que supieron a poco y en las que, a través de unos zapatos, al final se descubrió cómo la propietaria de la gran maleta hacía sido Encarnación López, “La Argentinita”, figura de los años 20 del siglo pasado y amante de Ignacio Sánchez Mejías (de ahí las iniciales del capote). Una mujer que ha dejado huella gracias a títulos como “Los cuatro muleros”, las “sevillanas del siglo XVIII” (ésas de “viva Sevilla, viva Triana”)  o, ya en el cierre, “La tarara”, con mezclas en el montaje del que hablamos todas ellas con arreglos jazzísticos y hasta salseros.

Por todo ello animamos a continuar la gira que ayer empezó y en la que se prevén muchos compromisos, y por qué no, premios al talento y a la buena resolución escénica que fue gratamente recibida y que reafirma a Pasión Vega–y a sus acompañantes también- como gente capaz de hacer todo lo que se proponga. Condiciones les sobran y, tanto el cartel de “No hay billetes” como los aplausos a compás del público (entre el que estaban Diana Navarro y Manuel Lombo, parte del equipo, hasta hace poco, de “Azabache”) con los que se despidió la velada, lo confirmaron. ¿La próxima semana? Granada y Roquetas ¡No se lo pierdan

!!

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