Lo mejor del año: BORIS IZAGUIRRE

Como siempre, un placer coincidir con el encantador Boris Izaguirre, que se convirtió en uno de los protagonistas de nuestro número de febrero posando como un auténtico modelo en las fantásticas instalaciones del Hotel Colón

Él mismo lo dice: un tipo encantador. Así es Boris Izaguirre, venezolano amante de Sevilla que, cada vez que tiene oportunidad, viene a nuestra ciudad para presentaciones como las de su novela, “Tiempo de tormentas”. Un texto con tintes autobiográficos cuyo eje vertebral es su relación maternofilial y que nos sirve como excusa para profundizar algo en la personalidad de este hombre de 53 años que, desde el primer momento en el que lo conocimos en España -y ya hace dos décadas-, nos robó el corazón. Con él, como en la película de Vicent Minnelli, llegó el escándalo, aunque su escándalo nos gusta tanto que no podemos resistirnos a caer en sus redes…

-Antes de nada, ¿cómo es tu momento vital?

-Muy acelerado, muy ocupado. Despedí 2018 con cosas agendadas hasta abril-mayo. Es un logro y seguramente tiene mucho que ver en que, el agosto del año pasado -justo antes del “Huracán Irma”, de Miami, dije que tenía que terminar mi novela el 31 de agosto. Quería hacerla en cuatro meses y fueron cuatro años. Por eso le puse fin. Me fui a casa de mi hermana a Los Ángeles, que me insistió en que me quedara con ella, aunque me regresé porque en Miami tenía mi programa y mis cosas. Pensé que a la semana volvería a España, pero cerraron los aeropuertos y me quedé viendo algo que fue mucho más violento de lo que se ha querido reconocer. Fue atroz y, mientras pasaba, pensé que, por si me llevaba por delante, aprovecharía para hacer una lista de las cosas en las que me he equivocado. El huracán duró ocho horas. Terminé esa lista y empecé otra con lo que quería que se llevara y otra de la gente que me cae mal -algo muy difícil porque para mí es muy difícil decir la verdad-, y otra más de la que quisiera que se llevara el ciclón. Después vi más claro lo que quería, que era ser más yo mismo.

-Porque, hasta ahora, ¿no lo has sido?

-Me parece que hasta ahora he sido como alguien al servicio de otras personas u otros proyectos. En el fondo nos pasa a todos. El verdadero éxito en la vida es conseguir ser tú mismo, con lo que vas aprendiendo de todas las ocasiones en las que no lo eres.

-Hagamos psicoanálisis… ¿Quién es Boris Izaguirre?

-Una persona encantadora (risas). Un profesional de ser encantador y es algo que sé hacer muy bien. En el fondo es casi como un servicio público. A lo largo del camino vas conociendo mucha gente a la que detestas y, encontrarte con alguien que te encante, es más difícil. En mi caso es imposible que vaya a todas las casas, como San Nicolás, pero sí puedo llegar a través de los medios mandando un mensaje que es mi naturaleza, no algo otorgado o que yo quiera transmitir.

-Conocemos de ti que eres elegante, buen profesional, rodeado de lujos… pero, cuéntame alguna miseria tuya…

-Que me chupé el dedo hasta muy tarde (risas). Sería una absurda inseguridad porque he tenido muchos privilegios. He nacido en una familia extraordinaria, he crecido rodeado de un entorno extraordinario, he aprovechado toda la información a mi favor… Ser inseguro era como un capricho y lo mismo una protección para que ese mundo maravilloso no se deshiciera. Mis miserias han sido esas tonterías, esas falsas necesidades a las que, de repente, me he aferrado mucho.

-Porque, ¿escribir una cierta biografía…?

-(Interrumpe) Es una novela. Muchos de mis libros recurren a situaciones en las que he estado inmerso y, de hecho, todos parten de un hecho real que he conocido o del cual me he alimentado y que convierto en ficción, tanto los personajes como lo de alrededor. Con mi texto finalista del Planeta, “Villa Diamante”, me pasó eso y con “Tiempo de tormenta” me sucedió algo similar. La relación con mi mamá fue muy única y me apetecía compartirla con los lectores. No a mi madre, sino esa lucha que tuvimos por la libertad y la individualidad de cada uno. Los nombres son Belén y Boris, pero luego hay mucho novelado, como la parte en la que hablo de Venezuela.

-Cuando comentas experiencias tuyas menos agradables, como la violación que relatas de pequeño, ¿desde dónde lo haces? ¿Rencor? ¿Serenidad?

-Por eso utilizo la novela. En una biografía tienes más derecho a expresarte desde el rencor, pero es que a mí este sentimiento, al igual que la verdad, me parece muy mal educado. Lo muy personal es muy personal y me choca convertirlo en algo que se exponga. De ahí mi relación con las redes sociales, donde un “yo” falso se nutre de ese mediocre “yo” que es el verdadero. Esa combinación cutre no me va nada. Por eso mi novela no tiene rencor sino sentido periodístico, que es como en el fondo me atrae escribir. De hecho, recurro mucho a los periódicos y hasta mi columna de El País nació por una novela que no conseguía terminar. Sé que el periodismo está en peligro de extinción, pero me complace formar parte de una generación que ha vivido el gran paso del periodismo a la literatura y que observa cómo todo eso empieza a resquebrajarse y a perderse esa terrible influencia.

-¿Te sientes mayor o joven?

-Ambas cosas. Me siento muy mayor cuando me veo, pero también pienso que estoy más delgado y todo me sienta mucho mejor que antes y eso me parece increíble. Un amigo mío, vendedor de ropa, me decía que había que esperar cuarenta años para ponerse lo de los desfiles y ahora estoy en ese momento. Tengo la edad y el físico y es algo que me ha dado Miami. El océano tan cerca te aliviana mucho con respecto a los años. Te ves mejor, quizás, que en otras ciudades.

¿Cuánto tienes de superficial?

-Tengo mucho de superficial y lo prefiero a lo demás. Es más honesto y más cuidado. Cuando avanzas en lo profundo es muy difícil que no te ensucies. En lo superficial siempre estás limpio.

-¿Quién conoce entonces tus profundidades? ¿Tu marido?

-Probablemente Rubén sea mi profundidad. Somos muy equilibrados en ese aspecto. Discuto mucho con él a diario y todo. Lo que vamos a cocinar, lo que voy a decir… Con el tiempo lo hacemos más y usamos eso para organizarnos. Es lo interesante de una relación. Cuando nos conocimos estábamos deslumbrados el uno por el otro. De joven, como hoy, pensaba que era muy equivocado desvelarte mucho delante de los demás y el amor me ha llevado a cambiar de opinión. Digo todo con más claridad. Mis “noes”, mis “síes”…

¿El amor y la pareja, como el periodismo, también están en crisis?

-Quien no se enamora es su problema, no del amor. Igual que los que no creen en la pareja. La pareja es lo mejor que puedes tener. Hay que saber respetarlo, más que defenderlo con uñas y dientes, y ésa es la clave de cualquier triunfo.

En la actualidad se llevan las “triejas”, las parejas abiertas…

-Siempre han estado, ¿no? Son como las coderas, que a mí me fascinan. Nosotros no hemos sido capaces de explorar en ese sentido, la verdad. No me arrepiento. Me fastidia, pero es que no soy tan experimental. Me he dado cuenta con lo de la cocina. Contemplaba todo lo de las espirales y las esferas, pero yo lo que de veras quería hacer, en “Masterchef”, era un buen cocido. Y en cuanto a la pareja he preferido en otros sentidos, como enamorarme otra vez de Rubén, de disfrutar todo lo que hacemos y que, por otro lado, es cada vez más excluyente. No podríamos hacer tríos o cuartetos porque no nos entenderían.

-¿Tu vida tiene más de novela o de telenovela?

-De novela. Las telenovelas ya las hice y nunca me he arrepentido de ello. Gané dinero y un carné que ponía: “Boris Izaguirre, escritor”, pues pertenecía a una empresa muy grande, Radio Caracas Televisión, que hacía catorce telenovelas simultáneas.

En la pareja he preferido experimentar en otros sentidos, como enamorarme otra vez de Rubén, de disfrutar todo lo que hacemos y que, por otro lado, es cada vez más excluyente. No podríamos hacer tríos o cuartetos porque no nos entenderían”

-En España te conocimos en televisión también… ¿Mejor la de ahora o la de antes?

-Hemos reaparecido los de antes porque se cansó (risas). Siempre la he defendido, por pertenecer a ella desde muy joven. Es un reflejo de la sociedad. Si ves la de Estados Unidos, los entiendes, lo mismo que si ves la de aquí. E igual en Francia o Israel. La española tiene ese espíritu de explorar nuevos territorios. No te olvides que es el único país en haber descubierto un Nuevo Mundo. Lo mismo fue un accidente, pero eso forma parte de lo español. Mi experiencia televisiva en Miami me ha enseñado que todo lo que tiene éxito en ese medio allí, o tiene a alguien español en el equipo, o imita a lo español.

-¿Por qué gustas tanto a todo el mundo?

-No lo sé. Creo que todo el mundo desea vivir una noche loca conmigo. De cualquier manera: en un portal, en una habitación, en una fiesta, tomándose una copa… Está bien y a mí me hubiera encantado sentir eso por alguien. Y fíjate que me encanta Brad Pitt y, sobre todo, comprobar que lleva algo que yo también tengo, que sin conocernos nos vistamos igual, pero no es lo mismo. Sí que me emocioné mucho cuando vi a Miguel Bosé la primera vez en la tele y me dije: “Esto es lo que tengo que hacer”. De todos modos, mi mamá jamás lo hubiera permitido. Más allá, es cierto que me miran el cuello, la piel… Quieren abrazarme…

-¿Solo abrazarte?

-Bueno, si es algo más tienen que hablar con Rubén y negociar (risas). Creo que Rubén es capaz de hacerlo… (risas).

Boris, con conjuntos de Álvaro Moreno
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