Llum Barrera: “Hay quien abandona mi profesión porque no soporta la incertidumbre que conlleva”

¿Cómo es la actriz y humorista que todos conocemos por su popularidad televisiva? Hoy, en “Sevilla Magazine”, tenemos oportunidad de conocerla, coincidiendo con su visita a nuestra ciudad para representar “La lista de mis deseos”

 

por Ricardo Castillejo / Pepe Zarza

 

La actriz, humorista y colaboradora de programas de radio y televisión, Llum Barrera, está en Sevilla, en el Auditorio Box de la Cartuja, con su obra de teatro ‘La lista de mis deseos’, donde nos plantea el dilema sobre qué haríamos si nos tocasen millones y millones de euros. ¿Seríamos verdaderamente más felices que antes? Emparejada y con un hijo, la mallorquina se desvela como una mujer apasionada y, aunque no lo parezca, con un ramalazo andaluz muy marcado.

-Los profesionales como tú, que tocáis el humor, sois muy valientes porque es lo más difícil y lo menos valorado…

-El humor es el género que, si no lo haces de verdad, es una patochada que puede hacer cualquier gracioso. Por eso se valora poco. A veces, cuando te dicen: “Yo no sabía que eras actriz porque siempre te veo en la tele haciendo tonterías”, tienes que responder que, cuando salgo en la televisión “haciendo tonterías”, estoy actuando también. Se valora poco porque se considera que tú eres gracioso y te sale así. En cambio, llorar por la muerte de un hijo se considera más difícil y, en realidad, es lo mismo, pero con otra técnica. En este país, además, donde tenemos mucho sentido del humor y somos todos graciosos, me da rabia que se valore tan poco a los personajes de comedia que tanto visten en mitad de un drama.

-¿Y no te apetecería que te llamaran para hacer una ‘Medea’ o una ‘Fedra’ y llorar a gusto?

-El personaje que hice anterior a éste fue Doña Dolores de ‘Las bicicletas son para el verano’ y, aunque no es un drama como ‘Medea’, disfruté mucho haciéndolo. Un clásico me encantaría, porque no los hago desde que estudiaba teatro en el instituto. Pero siempre que esté bien planteado y bien dirigido porque, si se enfoca mal, puede ser muy aburrido. Últimamente he visto clásicos muy bien hechos y me han dado mucha envidia.

-Tú formas parte ya de nuestras casas pues, a través del cine y la televisión, al final, te conviertes en una más…

-Soy como de la familia. De hecho, los domingos, cuando mi marido no hace arroz, que me encanta, voy tocando las puertas oliendo, como los perros de los dibujos animados, a ver dónde hay (risas).

-Todo eso tiene la parte buena del cariño y otra parte, menos buena, de que estés comiendo tranquilamente y te pidan una foto, ¿no?

-Y que se te enfríe la comida o se te fundan los hielos del ‘gin-tonic’… Pero lo llevo bien siempre que no esté con el niño, que el pobre se lamenta: “Por poco que veo a mi madre, si encima se pasa todo el rato haciéndose fotos…”. Pero ahora ya el tío, que es muy apañado, cuando ve a señoras que no saben manejar bien el móvil, coge y dice: “Os las hago yo, que así acabo antes”.

-¿Eres consciente de que vienes a Sevilla, a Andalucía, que es la tierra del humor y del arte?

-Es el público más exigente que hay. Pero me avala que estuve todo el mes de noviembre del año pasado en Málaga, en el Teatro Alameda, y tuve que volver en marzo porque la gente lo pedía. El público se puso en pie, y eso que me decían que allí no se levantaba porque sí y que, si no les gustaba, se iban.

-Pero que estés solo con esto, no me lo creo. Seguro que tienes un pie en el teatro, el otro en la televisión…

-Sí, sí. Estoy viendo cosas de televisión, buscando personajes de ficción, llamando al uno y al otro… Es que me parece que me voy a morir en dos días y que no he hecho todo lo que quiero hacer y hay tantas cosas… Voy al teatro a ver a compañeros, me ofrezco a directores que me gustan… Me parece que está bien que hagamos esto porque puede pensarse, a lo mejor, que soy solo de tele y yo soy de todo, básicamente de teatro, pero de todo lo que me pueda interesar.

-Eso del encasillamiento debe ser terrible, ¿verdad?

-Es muy bueno porque, al menos, sabes que por ese personaje te van a seguir llamando.

-Sí, pero si quieres crecer…

-Tienes que arriesgarte. Yo donde más me puedo arriesgar es en el teatro porque es donde me ofrecen otro tipo de cosas y, si no, yo me las he buscado y me las he producido.

-Siempre pienso cuánto os tiene que gustar, a los que os dedicáis a esto, vuestra profesión para asumir tantos riesgos…

-Te tiene que gustar mucho. Hay quien lo abandona porque no soporta la incertidumbre que conlleva. Nosotros somos productos que estamos en el mercado y tienes que luchar contra eso. Hay que aprovechar la oportunidad que se te dé y trabajar todo lo bien que puedas y de corazón. Con eso ya, al menos, has hecho todo lo que podías hacer.

-Para terminar, imaginemos, como en tu función, que te “cayeran” muchos millones… ¿Qué harías?

-Me compraría un teatro para hacer mis cosas y las de mis amigos. Luego, también escuché una vez que Antonio Banderas, harto de los aeropuertos, se compró un avión y pensé: “¡qué tío más listo!” (risas).

 

 

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