Las flamencas más flamencas: Raquel Sánchez Silva


Con la Feria de Sevilla como telón de fondo, seguimos repasando los “Especiales flamencos” que han marcado esta temporada. El mes de marzo fue el mes de Raquel Sánchez Silva cuando, la presentadora de “Maestros de la costura” -que ha publicado recientemente su nueva novela, “El viento no espera”-, se vistió por vez primera de flamenca.

Por Ricardo Castillejo

La presentadora ha pasado los últimos días de abril en Argentina, la tierra de su pareja Matías Dumont. El argentino llegó a la vida de Raquel, tras los duros momentos que atravesó la presentadora a causa de la muerte de su marido, Mario Biondo, cuyas circunstancias se siguen investigando. Ella es pura energía. Pero buena, bonita. De ésas que son como un soplo de aire fresco que te deja una maravillosa sensación de libertad y de ganas de más. Raquel Sánchez Silva es una aventurera con alma de periodista que se atreve con casi todo. Conductora de espacios de éxito como “Pekín Express”, “Supervivientes” o, en la actualidad, “Maestros de la costura”, estamos ante una persona comprometida y de sólidos valores. Una madre de dos hijos, Bruno y Mateo, que, a sus 46 años, ha sufrido duras experiencias como la de quedarse pronto viuda de su primer marido. Autora de éxito, incorpora a su currículum como escritora “El viento no espera”, texto coral cuyo escenario la vincula de forma muy cercana con nuestra tierra.

Vestido de lunares de Arte y Compás

-Tú eres muy periodista…

-¿Eso qué significa?

-Bueno, eres presentadora, pero el periodismo prevalece…

-Siento que soy periodista y quiero ejercerlo, dentro de las posibilidades que tenga el espacio donde esté. Es lo que estudié y lo que soy.

-Te lo pregunto porque, dentro de la profesión, el periodista que hace televisión parece que es menos periodista, con lo que no sé si la literatura te ha dado ese equilibrio, esa profundidad de la que, en apariencia, carece la “pequeña pantalla”…

-Ahora mismo tengo serias dudas sobre la excelencia periodística. Me cuesta ubicarla. El periodismo está en una etapa de transición en la que todos, la primera yo, tenemos que hacer un ejercicio de altísima responsabilidad. Al final, la manera de comunicarse en las redes sociales es muy contagiosa y eso esclaviza mucho el periodismo digital. Cuando estaba en informativos y pasé al entretenimiento, algunos compañeros se planteaban: “¿Dónde vas a hacer “eso”? (Por la tele). Pero lo mismo sucedió con las series para los actores. ¡Fíjate! ¡La denostada televisión! Mira por donde estamos en un mundo donde el contenido audiovisual se perfila como el gran comunicador, es lo excelente (con su gama de colores, de los grises al blanco). Intento ser bastante prudente en ese sentido y con la televisión muchas personas han sido crueles. Es un medio magnífico para informar, enseñar, entretener y es una lástima que no fuera acogida acorde a todo lo que puede dar de sí.

-Con la tele ha pasado como en el cine, que se llama a los mismos rostros para levantar cada proyecto. Dentro de eso, está claro que tú eres una de las “estrellas” más destacadas… ¿Cómo gestionas esa responsabilidad?

-Lo mismo esto que te comento no casa con la fantasía del espectador, pero está testado que un formato que no convence no sale a flote por tener un gran conductor. Por otro lado, todos los grandes presentadores han tenido algún fracaso televisivo y, ni eres tan bueno cuando te ven siete millones, ni eres tan malo cuando son doscientos mil. Tampoco un buen programa convierte a nadie que no esté preparado en un estupendo comunicador. Lo que hay que intentar es hacer la mejor televisión siempre porque, cuando te llaman, lo que se te pide es eficacia. En mi caso, soy muy racional en este sentido. Mi objetivo es no defraudar al público y a quien ha confiado en mí y de esa cuenta es de la que quiero salir victoriosa. Por lo demás, hay demasiadas variables que no están en mi mano.

La periodista vestida por Pedro Béjar

-¿Telecinco o Televisión Española?

-Detecto en algunas entrevistas la intención de que reneguemos de los lugares que nos han hecho felices. Una de las etapas más bonitas en mi carrera ha sido en Telecinco, Cuatro… Mediaset. Siempre será mi hogar, igual que TVE, donde empecé. No quiero elegir, igual que no quiero quedarme con televisión o internet. Hay que aprender a abrir la mente en este sentido y, como espectadores, estamos mal acostumbrados a encasillar a la gente en un lugar. El mercado anglosajón, por citarte alguno, es mucho más libre. Cambias y no pasa nada porque es la mejor forma de aprender. Soy bastante inquieta y me gusta variar, exponerme, enfrentarme a retos que, por supuesto, no siempre salen bien. Me parece mucho más enriquecedor haber estado en diferentes entornos: Movistar, Cero, Canal Plus, TeleMadrid… Ojalá esté en más sitios. Volviendo a tu pregunta, las dos deberían tener dos objetivos distintos y ser absolutamente coherentes, como lo son. Una, Telecinco, pegada al público y con la meta del entretenimiento, y Televisión Española pendiente de ser lo que es, un servicio. Entiendo la lucha, la pelea, la competitividad de las privadas por el dato, pero me encantaría soñar con una TVE a la que no le importara tanto eso como dar un contenido público.

-¿Cómo de libre has sido en tu trayectoria?

-Bastante. Además, me han dejado intervenir, poner parte de mí. Lo que pasa es que siempre he tenido un gran respeto por los mandos. Cuando se te ve, como da la sensación de que manejas la situación, parece que somos los directores de nuestros espacios, pero no es así. He tenido mucha suerte de haber coincidido con grandes directores -algunos incluso amigos-, y creo que hay que saber delegar y ponerte en sus manos. Eso también es ser libre en una producción: hacer realidad lo que la cadena, la productora y el director pretenden hacer. Me encanta que me dirijan bien, que me sepan llevar y aprender en ese camino. Lo más bonito que te puede pasar como presentador es encontrar a un director que sepa sacar lo mejor que hay en ti.

Raquel con un modelo de Ernesto Sillero

-¿Las embestidas de la vida te han endurecido?

-No. Esa especie de coraza, en general para todo el que ha pasado por una situación muy complicada, es más una leyenda. A todos, de alguna u otra forma, nos ha tocado sufrir porque el sufrimiento va en la vida. Lo que sí aprendes tanto lo bueno como lo malo. No te hace más sabio el sufrimiento que la alegría. Es un grave error pensar que quien más ha sufrido es el más sabio. También hay que ser fuerte para estar alegre. Hay que ser muy fuerte para salir a la calle cada día, sonreír y portarse bien con los demás. Quien lo logra es extremadamente fuerte. Más incluso que la que ha pasado por algo tremendo y enseña sus heridas. Es más valiente el que no presume de ellas, sin esconderlas, que quien las va enseñando.

-¿Te da más satisfacción la admiración de un fan televisivo o de un lector?

-Lo que más ilusión me hace es cuando, quien sea, me mira y me dice: “¡Cómo me lo he pasado contigo!”. Por eso soy incapaz de terminar mal los libros. Es un hándicap como autora. Necesito la garantía de que, quien lo acabe, va a sentirse bien. Y en la tele me pasa igual así que me costaría hacer un programa triste. Al final, esto son cuatro tardes de playa… Que estemos todos lo mejor posible.

La periodista posa un diseño de José Manuel Pérez

-Eso es lo que transmites, buen rollo, alegría, positividad… ¿Tu fondo, no obstante, es así?

-Tengo mis días tristes como todo el mundo y mis llantos y mis nubes, pero, en esos instantes, procuro que sea para mí y compartirlo cada vez menos. También transmitir algo confortable a los demás es de valientes. A ese amigo al que le has pedido el hombro para llorar le tienes que compensar con seis tardes de fiesta (risas).

-Y la maternidad, ¿qué te ha dado? (¿o qué te ha quitado?)

-Soy hiperprudente para hablar de este tema porque pasé por un proceso de reproducción asistida, como lo son casi todos, difícil. Sé cómo me dolía ver a algunas mujeres en las revistas afirmando: “Lo mejor de mi vida ha sido tal…” o “No me imagino mi vida sin haber sido tal…”. ¡Cómo me hería la apología de la maternidad cuando se me ponía muy en contra todo y parecía que no la viviría! Fui mamá mayor, con 42 años, y no me resultó sencillo. Nunca hago declaraciones al respecto, y protejo a mis niños, pensando en las madres que lo quieren ser y no lo logran. La mujer tiene que ser feliz. A veces pasará por la maternidad y otras, no.

Raquel con un espectacular vestido de Victorio y Lucchino

-¿Y “Maestros de la costura”? ¿Qué te ha dado?

-A tres amigos íntimos, porque la productora ejecutiva ya lo era, que son María, Palomo y Caprile. Un contacto con la moda que no esperaba, y menos a estas alturas. No soy modelo y, cuando me veo con esos “looks”, me hace mucha ilusión. Supongo que quien siga el programa puede sentirse cercano con alguien que, habiendo sido mamá, midiendo 1,69, con sus “cosas”, es como ellos, como las mujeres más de la calle. Eso me hace mucha ilusión. Aparte, he descubierto que es un mercado muy complicado, donde hasta los más famosos sufren mucho, del que es muy complejo vivir. Los jóvenes necesitan encontrar su lugar, pero es David contra Goliat. El sentido de la moda se está perdiendo. El público quiere comprar ropa todas las semanas y no entiende pagar algo más por una prenda única, confeccionada para ti y eso complica todo. Los creadores se quedan solos y eso no puede ser. Habrá que encontrar la manera de cuidarlos o los perderemos.

-La moda viene muy asociada a superficialidad…

-Yo no lo hago. El mundo de la moda no es la portada de la revista, ni la sesión de maquillaje o el “shooting”. Es la patronista, la cadena de montaje, la señora que está bordando de noche porque no llega para el desfile… Hay muchísimos puestos de trabajo en este país, una industria que depende de la moda. Si hay algo que no me siento cuando me pongo moda es superficial. Al contrario, es un ejercicio cultural y artístico que hay que defender con mucha profundidad.

– ¿Quién frena tu pasión?

-Nadie… (risas). Tampoco soy de rodearme de gente que me frene. Me gusta la pasión, el arrebato, los que se equivocan (que suelen ser apasionadas). Suelo confiar más en quienes son en apariencia más vulnerables, más impredecibles, más flexibles… Me hacen más gracia. Confío más en alguien que en un enfado parezca que me va a pegar una voz que en uno tan correcto que me diga siempre lo que crea que estoy esperando. Prefiero a los rebeldes… (risas).

Modelo estampado de Aires de Feria
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