La preocupación de la “reina madre”

Recuerdo que de pequeño participé telefónicamente dando mi opinión (¡menuda sería!) en uno de los debates que María Teresa Campos hacía por la mañana. Todo un acontecimiento aquel para mí el poder compartir aquel instante con la que siempre ha sido uno de mis referentes. Años después, cosas de la vida, la malagueña presentaba uno de sus libros en uno de los programas de televisión que conduje en Sevilla, convertida ya entonces en una abuela entrañable (desde el mayor de los cariños y del respeto) la cual, algo gruñoncilla pero muy cariñosa, hizo realidad uno de los muchos sueños que he ido forjando a lo largo de mi trayectoria profesional.
Sé que a Teresa o se la quiere, o no se la puede soportar. Y está bien eso porque no hay nada más triste que pasar por aquí de forma anodina, sin despertar pasiones, sea cual sea el lado de la balanza hacia el que éstas nos lleven. Igual que sé, porque es evidente, que, si bien nunca ha sido ella muy de disimular, a la periodista, ahora más que nunca, todo se le nota en la cara. Por eso el otro día lo pasé regular cuando vi que el estreno de “Las Campos” no la satisfizo ya que, en el fondo, parecía estar indignándose pensando que, después de tanta lucha por construir una trayectoria seria y alejada de mamarrachadas, se encontraba cruzando la frontera del frikismo.
Líder de audiencia, Marité, la “reina madre” de la pequeña pantalla, ha vuelto a arrasar con el “share” aunque, en esta ocasión, creo que eso le ha importado menos. La poca acertada comparación con “Las Kardashian” le preocupa. Y con razón. Solo desearle que la anécdota no tape la historia completa. Ni sería justo, ni se lo merecería.

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