La flamenca millennial, excelsa “savia nueva” de SIMOF

Si la primera jornada ofreció, sobre todo, las colecciones de algunos de los más veteranos del Salón, ayer viernes la pasarela se inundó de esa flamenca, más a la moda que nunca, por la que apuestan las nuevas generaciones

por Ricardo Castillejo / Fotos: Pepe Zarza

Está claro que los profesionales más veteranos crearon el interés por el vestir de flamenca renovando el vestuario temporada tras temporada. Sin embargo, los verdaderos artífices de que las gitanas vayan conforme a las tendencias que uno puede ver en la calle el resto del año son los integrantes de las nuevas generaciones de creadores, enmarcados en eso que se ha venido llamar “generación Millennial”, los cuales se nota estudian cada centímetro de sus patrones y cada minuto de sus puestas en escena, con independencia de que luego, como es normal cuando se corren riesgos -ya lo decíamos ayer con Pilar Vera-, uno pueda acertar más… o menos.

En los ejemplos que a continuación mencionaremos, les puedo asegurar que poco margen ha quedado para las equivocaciones. Y si no, acudamos a Alonso Cózar, que presentó alternativas para el Rocío más cómodo y estiloso y otras, para la Feria, con amplios vuelos y mucho juego de cinturones y tirantes de cuero para tejidos con estampados que iban desde el cachemir a los ángeles sobre fondos en malva y enaguas rojas. Como sorpresa, Anabel Pantoja en el cierre de un desfile, titulado “Zingarella”, que dio paso al de José Galván, “Torremolinos 75”. ¿Que cómo se da forma a una fecha en el calendario a través de prendas flamencas? Pues con detalles como las míticas gafas de sol redondas de la época o las diademas de anchas cintas en el pelo. O con telas que rescatan ese aire retro, como los perforados en rosa bebé o los grandes lunares en la gama de ocres y morados, eso sí, bajo una filosofía moderna. De nuevo “altos vuelos” para las faldas y, ya para la noche, mangas de murciélago en gasa, cuellos chimenea o flecos de brillo. Un panorama muy reconfortante, por el saber hacer de este buen conocedor de la costura.

A continuación, Gil Ortiz y Carmen Raimundo con “Mía” y “Maharaná”, respectivamente. El primero, con un homenaje a la historia de la flamenca, desde la más conservadora a la más nueva con trazos de pureza y sencillez, pero resultados sorprendentes en blanco, negro o verde con lunares blancos. La segunda, otro pero a la Feria de Mairena del Alcor a través de brocados y aplicaciones florales o de plumas con una base muy de lunares y preciosos estampados de flores que se distribuyen en vertical, a lo largo de todo el vestido, o en horizontal, en la falda de cortos sesenteros, todo ello sobre una base en blanco.

Pocos como José Raposo y Ana Morón para darle sentido a las ideas bajo las que nacen sus modelos, tal y como demostraron con “Natural Park” y “Elements”. De Raposo alabar su capacidad para aportar desde las maxisudaderas con capucha a la incorporación de telas acolchadas o hasta cuadros vichy, pasando por mantones de tira de tela o faldas de talle alto con camisetas (muy en boga). Un conjunto muy pensado, muy cuidado, muy elaborado. Como el de la mencionada Ana Morón, emocionante con su concepto de los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire. Así, en torno a cada uno de ellos hizo girar auténticos jardines andantes con tejidos, como lienzos, pintados a mano, exaltantes de belleza y delicadeza; verdes con plumas de pavo real como detalle o gran profusión de enaguas en las faldas de canasteros que se movían como las olas del mar (y hasta con los diferentes colores que el agua suele presentar al desplazarse en las orillas -blanco y dos azules, más claro y más oscuro, distintos-). Delicioso.

Desde San Fernando, Verónica de la Vega montó una “Revolución” con asimetrías y cortes curvos para un derroche de corazones en escotes, espaldas y hasta en sombreros, y, desde Granada, Antonio Gutiérrez imaginó en “Flamenca Invaders” qué pasaría si las extraterrestres invadieran una Feria de Abril en la que, de pronto, todo se convertiría en galáctico y sideral. Ahí aparecerían los brillos, los hombros fucsias con faldas naranjas y lunares azules, las telas metalizadas para un futuro que ya es presente. Cuellos a la caja, juegos de círculos en escote, espalda y caderas… Lo que se dice llegar al límite, y más allá, en un grupo de profesionales tocados por la varita del arte.

Claro que, si hablamos de arte, no puede faltar Javier García, cierre de la jornada a ritmo de un fantástico sonido disco de manos de una buenísima DJ que animó una puesta en escena, como el título de la colección, “Bendita”. Con complementos en los que más era más, el de Estepa se superó a sí mismo teniendo el plata y el fucsia como hilos conductores de, entre otros, canasteros con aberturas frontales (también se llevan mucho), cuerpos transparentes, volantes que, emulando al “glamour” de los años 20, parten de encima de la cintura y llegan hasta los pies con un patrón elegante y lánguido, mangas abullonadas… Muy destacables la serie de nudes, grises enaguas y volantes en mangas en plata y, bellísima, Ángela Ponce, “estrella” invitada del día, con un canastero malva y fucsia con lentejuelas. Chapeau, pues, por este gran derroche de estilo que supo a poco pero que no pudo sino celebrarse por todo lo alto. La ocasión, lo merecía.

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