La clase de Rocíito

Cuando iba al colegio (ahora he vuelto, de alguna forma, a través del curso de inglés que estoy haciendo en la Academia CLIC), un profesor me enseñó algo que desde entonces tengo muy claro: “Si toda la clase suspende, ¿de quién es culpa? ¿De los alumnos o del maestro?”. Una máxima que aplico a todos los ámbitos de la vida y que me viene al pelo para hablar de Rocío Carrasco, “alias” “Rociíto”.
Aunque no conozco a la hija de Rocío Jurado, tengo que reconocer que, así de primeras, no me simpatiza demasiado. Claro que se trata esto de un prejuicio que lo mismo en persona se me quitaría pero que tampoco nace de nada puesto que, desde que sabemos de ella, sus decisiones y sus actitudes me han desconcertado bastante. Eso de querer ser modelo y presentadora (sin tener aptitudes para ninguna de las dos cosas) o de celebrar la boda que celebró con su ex, Antonio David Flores, a pesar de ser decisiones de juventud, no me transmiten que sea del tipo de gente que me vaya.
Pero es que, además, su hija hace tres años que no le habla, su padrastro –Ortega Cano-, evita hacer declaraciones sobre ella, sus tíos maternos no parecen tener una relación cercana y, el mencionado Antonio David, menos. Volviendo al principio, algo raro está claro que hay en relación a este personaje pues, cuando todo el mundo está equivocado, todo el mundo tiene la razón.

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