La “castración materna”

 

En la última función que he visto de Antonia San Juan, “Mi lucha”, disfruté muchísimo un monólogo donde el personaje que interpretaba la fantástica actriz hablaba de esas madres que asfixian con su cariño a unos hijos a los que impiden tener unas vidas propias y normalizadas. Un “amor” tan grande que supera los propios límites del amor (véase, respeto) y que llega a convertirse en una especie de soga al cuello apretada por las progenitoras sin medida y que sus hijos (porque suele es algo que sufren los varones) aceptan incluso desconociendo las terribles consecuencias a las que se exponen.

Yo he estado al lado de alguien que, con treinta años, lo primero que hacía al abrir los ojos era enviarle un mensaje a mamá y lo último, al final de la jornada, despedirse de mamá. Y no contento con eso, entre un momento y el otro hablaba varias veces por Whatsapp con ella, contándole cada paso que daba –desde la comida hasta con quién estaba- y convirtiendo su realidad en una proyección de los deseos, filias y fobias de la obsesiva mujer que le trajo al mundo.

El caso es que creo que Cristian Castro es de este mismo perfil. Enamorado de su madre, Verónica Castro, acaba de romper un matrimonio, con la violonchelista Carol Urbán, que no ha llegado ni siquiera a la “luna de miel”. Tercera esposa frustrada para el cantante y una prueba más –porque la nuera no era del gusto de la matriarca de los Castro- de los efectos de la “castración materna”. Vade retro…

cristian castro y carol urban

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