KETAMA: “Rosalía le está quitando las arrugas al flamenco, como hicimos nosotros en su momento”

Ketama, Antonio, Josemi y Juan Carmona, llega al Cartuja Center mañana con su gira “No estamos locos Tour” y tras catorce años de ausencia como banda

por Ricardo Castillejo

Tras 14 años, la vuelta de Ketama, con Antonio, José Miguel y Juan José Carmona es ya todo un hecho. El grupo, que ha pasado por momentos en los que sus integrantes dudaban ante cuál sería la reacción del público ante su regreso a los escenarios de todo el país, están dispuestos a abrirse a una nueva generación colaborando en su nuevo álbum, “De akí a Ketama 2019”, incluso con Pablo Alborán mientras aseguran que, el verdadero sello de la familia Habichuela, es el de la sensibilidad.

-He leído que habéis vuelto “porque queréis y podéis”…

(Antonio) Hay grupos que se juntan para “trincar”. Nosotros somos familia, un clan, tenemos más vivencias juntos que por separado… Es decir, llevo más años con Ketama que con mi mujer (risas).

Ketama. (Foto/Daniel Ochoa de Olza)

-¿Y eso es bueno o es malo?

(Juan) Tiene de las dos partes. Si un matrimonio es costoso, imagínate un trío…

(A) Cuesta llevarlo, y más teniendo la sangre Habichuela y lo salvajes que éramos en aquella época…

¿En qué programa saldría hoy Paco de Lucía, Serrat o Sabina? ¿Tenemos que ver siempre a los mismos? Se están fabricando artistas como tortillas”

-¿Qué o quién os ha domesticado?

(J) El ser humano muere sin ser domesticado. Harás lo que quieras y cuando quieras, dentro de un respeto hacia los demás. De mí sale cariño, respeto, amor… No necesito que me domestiquen. Eso, para los verdaderos salvajes.

-¿Cuál es la diferencia entre ser libre y ser salvaje?

(A) La libertad es una cosa que viene de condición para el gitano. No podemos tener horarios. No los verás en oficinas, porque prefieren hacer mercadillos… Es muy difícil en ese aspecto. El salvajismo es para el escenario.

(J) Al ser salvaje, se guarda menos el respeto.

-¿Os sentís, como gitanos, integrados y cómodos en la sociedad?

(A) Totalmente, aunque mis hijas, por ejemplo, ven de qué raíz vienen, de los Habichuela, de mi padre, y por un lado les crea un orgullo muy grande, pero, por el otro, no saben dónde están.  

-(J) Nos sentimos integrados por ser quienes somos. A una persona que viene de Marruecos pobre la gente lo desprecia, pero viene un Emir, se mete en Marbella y, siendo del mismo sitio, por tener dinero ya lo miran de otra forma. 

-¿Cómo habéis gestionado el tema de la fama y el dinero?

(A) Pasamos de vender 20.000 copias a un millón. Recuerdo que mi hermano se compró un BMW y lo vendió a los seis meses porque no se reconocía en él. No somos ostentosos ni nos gusta llamar la atención. Mi padre siempre nos dijo que tuviéramos los pies en la tierra y somos muy sencillos. Cuando te dedicas a esto, a veces se “te suben las habas” por ahí arriba y hay que controlarlo.

(J) Seguimos yendo al mismo bar a jugar al mus en Madrid, con los que hemos estado siempre. Quien cambia su manera de ser por el hecho de ser más famoso, está perdido. 

(A) Salgo todos los días a andar por la Gran Vía, la gente me para, me hago fotos… No he perdido mi libertad porque soy un ciudadano más de a pie, pero, además, también soy músico. 

Ketama. (Foto/Daniel Ochoa de Olza)

-¿Qué habéis notado más distinto en esta ausencia?

(A) Cómo se gestiona la compra de discos. Estábamos mal acostumbrados porque veníamos de 300.000 y 400.000… Ahora llegas a 4.500 y dices: «¡Qué bueno!». En España se han acostumbrado a regalar la cultura y la música, a bajárselo todo gratis. 

Seguimos yendo al mismo bar a jugar al mus en Madrid, con los que hemos estado siempre. Quien cambia su manera de ser por el hecho de ser más famoso, está perdido”

-¿Y vuestras canciones con las generaciones nuevas?

(J) El otro día en Granada me ocurrió una cosa muy bonita con un matrimonio. Se me acercó el hombre y me dijo que había cumplido el sueño de su vida: ir una actuación de Ketama con sus hijos. Por eso queremos llegar con al público joven y ha colaborado con nosotros Pablo Alborán, un pedazo de artista.

(A) Le da una gran frescura a «Problemas», tema con el que estuvimos muchas semanas como «Número 1» en el 96. 

(J) En nuestra tierra, Granada, todo el mundo cantaba con nosotros. Fue un alucine y llegamos a llorar los tres en el escenario. Estamos muy sensibles porque nos faltan miembros de la familia, como mi padre, y nos acordamos mucho de él, de Morente… Y poner «entradas agotadas» después de 14 años…

Ketama. (Foto/Daniel Ochoa de Olza)

-¿Os sentís jóvenes? ¿Mayores? ¿Maduros?

(A) Joven. Mañana tengo una cuadrilla con mi sobrino y mi primo, que vienen a buscarme para los CarnavalesMe muevo bien en todas las generaciones. De hecho, a mi hija Marina le encanta estar conmigo y tiene 25 años. 

(J) Yo el espíritu lo tengo más veterano (risas). Me aguanta menos la juventud, me respetan más y no sé por qué.

La libertad es una cosa que viene de condición para el gitano. No podemos tener horarios. No los verás en oficinas, porque prefieren hacer mercadillos…”

-¿Y qué os parecen los jóvenes de ahora?

(A) Nosotros teníamos mucha más responsabilidad. Con 14 años dejé el colegio y me puse a trabajar como un jabato porque se necesitaba en mi casa. Ahora están más acomodados.

(J) Te pones en un bar y ves a cuatro personas con el teléfono liadas. Ha cambiado todo y yo, me quedo con mi generación.

Ketama. (Foto/Daniel Ochoa de Olza)

-A veces se habla de vuestro estilo de música como «flamenquito», minusvalorándolo un poco…

(A) Para llegar a donde hemos llegado hay que pasar, primero, por el filtro del flamenco. Luego, por la inquietud musical se ha vivido en mi casa y la transgresión en mi familia. Hemos dado lo que hemos tenido que dar en su momento y en la actualidad nos pueden considerar un clásico, que también me gusta. Sea como sea, con todos mis respetos, no puedo hacer reggaetón ni nada eso. 

(J) Los jóvenes no ha pasado por los «parvulitos»… Nosotros les hemos tocado la guitarra a Chocolate, a Farruco, a Camarón, Paco de Lucía o Enrique Morente, para que ellos cantaran. De ahí hemos aprendido, asimilado y luego hemos dicho: «Esto es lo que nos gusta». Lo que no puedes es crear sin tener antes una base. La juventud de hoy nace sabiendo, no quieren aprender y les perjudica a ellos y a la música. 

-Pero los puristas flamencos son bastante estrictos…

-(J) A nosotros nos han conocido cuando éramos Ketama, no han visto nuestra historia de antes y no pueden decir que no soy flamenco. He tocado por seguiriyas, por soleá, sé quién fue El Planeta (el primer cantaor que hubo)… 

-Habiendo vivido la buena época de la música, el panorama que tenemos, ¿motiva o desanima?

(A) Tengo dos hijas que se dedican a esto las dos, estudiaron en el Liceo Francés, han estado cuatro años en América y en varios sitios… Quería alejarlas de la música de alguna manera (risas). Pero el «habichuelismo» tira mucho y las dos se han decantado por esto. Me estoy empezando a alegrar porque tienen futuro…

(J) El futuro lo tienen, lo malo es que no le dan el lugar en España. ¿En qué programa saldría hoy Paco de Lucía, Serrat o Sabina? ¿Tenemos que ver siempre a los mismos? Se están fabricando artistas como tortillas. 

-Un artista nuevo, si lo hay, ante el que os quitéis el sombrero…

(A) Jorge Drexler es un pedazo de compositor. Alejandro Sanz, también.

(J) Alborán tiene alma cantando…

– ¿Y Rosalía?

(A) Tiene su rollo, me gusta. Le está quitando las arrugas al flamenco, como hicimos nosotros en su momento. Era muy bueno porque la gente venía y, después de escuchar nuestra música, entraban a oír el flamenco más puro.

(J) Está ayudando mucho al flamenco. 

(Visited 115 times, 1 visits today)

Leave a Reply