Juan Víctor Yagüe: El hombre bueno detrás del telón


Dos décadas como director del Lope de Vega, con una pausa de siete años, lo señalan como poseedor de un amplio bagaje como el gran gestor cultural que es. El 9 de abril cumplió 70 años y, con el cambio de década, ha llegado la jubilación para el que, además, es un fantástico ser humano, cercano y amable siempre con todos y en todas las circunstancias

Por Ricardo Castillejo

Ha realizado una labor intachable como director del Lope de Vega, templo del arte donde ha acogido multitud de propuestas a lo largo de una trayectoria que ahora termina. Juan Víctor Yagüe, muy vinculado a “Sevilla Magazine” desde nuestros inicios, dice adiós a un período vital que le ha aportado muchas satisfacciones y del que también los sevillanos hemos podido disfrutar a través de esos espectáculos con los que, semana tras semana, nos hemos ido enriqueciendo, cultural y humanamente. Una ocasión perfecta para hacer balance y echar la vista atrás, recordando instantes inolvidables y, sobre todo, con la satisfacción de haber cumplido, con creces, cualquier expectativa. 

-Está claro que estás ante una etapa decisiva… ¿Cómo estás viviendo este momento?

-Por una parte, bien y por otra, mal porque es un corte de una actividad cotidiana de muchos años. Estando en el colegio me di cuenta de que lo que me gustaba era la música y las artes. Hice Empresariales mientras estudiaba en el conservatorio, el cual terminé con Premio Extraordinario. Me dediqué durante mucho a dar conciertos de guitarra clásica y, a partir del 84, me llamaron de la Administración. También me ofrecieron llevar la gestión cultural de la Expo con Jesús Aguirre y estuve dos años. Luego volví a la Delegación de Cultura, que era del Partido Andalucista, y consideraron que era el profesional idóneo para dirigir el Lope de Vega. Es toda la vida trabajando en esto, casi cuatro décadas en la administración con todos los políticos…

-¿Tienes pensado qué vas a hacer ahora?

-Hay asignaturas pendientes… Hubo una época que pensé hacer la carrera de Geografía e Historia, pero tuve que dejarlo porque di el salto al pabellón de Sevilla de la Expo. Entonces, a lo mejor me puedo incorporar a la Universidad o también puedo tirar por el mundo de la música, donde me quedaron muchas cosas por hacer. Estoy haciendo transcripciones para guitarra de autores españoles, como Enrique Granados, cuyas obras son de piano. 

-¿Qué ha supuesto el Lope de Vega para ti en tu trayectoria?

-Me ha aportado muchas satisfacciones. Cuando ves que el espacio se te llena continuamente y que conectas con la ciudad -que no es fácil porque Sevilla es muy complicada y tienes que encajar muy bien las piezas para que funcione, y lo tienes que pensar y meditar todo mucho-, te das cuenta de la buena repercusión y eso te provoca una felicidad importante.

-¿Has seguido una filosofía concreta a la hora de programar?

-Cuando yo entro, aquí hay tres grandes teatros gracias a las dos Expos. Lo demás ha sido un auténtico desastre. Estaban el Imperial, el Álvarez Quintero, el San Fernando, el Coliseo… Y la ciudad los ha vendido o los ha tirado. No sé cómo ha podido ocurrir, además, ante la pasividad de todo el mundo, tanto de la sociedad civil como de los políticos. Cuando empiezo en el Lope de Vega se plantea la situación de que el Maestranza esté dedicado la música, el Central tenga la visión de acoger obras contemporáneas y lo que queda es lo que mejor se puede hacer aquí: teatros de texto. Me centro fundamentalmente en eso, aunque el gusanillo que yo tengo como músico me lleva a hacer una programación por temporada de unas 25 compañías de teatro e intercalar alguna obra musical. 

-Han venido muchas figuras del mundo del espectáculo, divas y divos que tienen leyenda, ¿guardas secretos de ellos?

-Guardo secretos y muchas anécdotas. A mí me gusta entrar en los camerinos antes de las funciones y charlar con los actores. Hay situaciones muy divertidas y otras complicadas que se han podido solucionar…

-¿Cómo cuáles?

-Fui a ver el Festival de Cine de Málaga y, de repente, me llamaron del teatro media hora antes de empezar una función, diciéndome que un actor se había puesto malo y que no podía actuar. También un actor de otra compañía que se despistó y no recordaba que la función del domingo no era a las ocho y media sino a las siete y media y no llegaba a tiempo. Ahí pregunté a qué hora salía él a escena y, como era a los veinte minutos o más, les dije que tiraran para adelante. 

-Para ti, ¿quién es la mayor figura que ha pisado este teatro?

-Ha habido muchas y muy grandes. Desde Amparo Larrañaga, Concha Velasco, Lola Herrera, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé…  Grandes figuras de la música antigua y de la clásica, por ejemplo, Janos Starker, que ha sido el gran chelista del mundo.

-¿Hay alguien que te haya quedado la espinita de no haber podido traer?

-La temporada pasada me dio pena no haber podido contar con Chick Corea dentro del ciclo de jazz que hago. Lo tenía programado, incluso en los carteles, pero por un tema de enfermedad no pudo venir… 

-Estos personajes en las distancias cortas, ¿tienen algún denominador común?

-Normalmente los grandes son muy asequibles. Es curioso porque la gente se cree que se las pegan de divos, pero luego son uno más, casi como un amigo. No te miran por encima del hombro… Eso ocurre con los que son mediocres. Creen que son el «no va a más» y que se merecen otra cosa.

-¿Cómo has visto la evolución del teatro en estos 20 años? Siempre se dice que está en crisis, pero luego se llena…

-La crisis no la he visto. En la época de crisis algunas compañías y directores de teatro de otros lados me comentaban que tenían problemas de asistencia, pero cuando venían aquí tenían las funciones llenas. He procurado siempre hacer una programación siguiendo una idea muy clara: el Lope de Vega es un teatro municipal, pagado por los sevillanos y no puedo ser sectario haciéndolo solo para un público determinado. Eso sería una irresponsabilidad por mi parte. Todo el mundo tiene derecho a venir y, por esa razón, he intentado hacer un programa muy variado.

-¿Has vetado a alguien alguna vez?

-Que yo sepa no. Lo mismo hay alguien por ahí que piensa: «Pues yo no entré en el Lope de Vega y quería haber entrado». 

-Porque, ¿hay algo que no falle nunca en Sevilla?

-Nunca se sabe. Es una ciudad que de repente el público no viene y no sabes por qué. Pero si tienes una programación abierta a todos los sectores, es más difícil que te ocurra. Ahora llevamos una temporada que estamos llenando prácticamente a diario. Como va a ser mi última, he decidido apretar un poco más. Otras veces contrato compañías sabiendo que no van a tener una gran afluencia, pero no tengo más remedio que traerlas, no puedo dejarlas al margen. Hay valores seguros como La Cubana, Concha Velasco…

-¿Es fácil trabajar con políticos?

-Tienes que entrar en su mentalidad. Ellos no tienen la misma que yo a la hora de hacer una programación y valorar el aspecto artístico. Debes saber qué parámetros no tocar. Al principio me costó un poco porque nunca había trabajado con ellos, pero en la primera etapa me di cuenta de dónde estaban los límites. También depende de la persona. Algunos son más asequibles y otros menos.

-¿Has sido libre en tu gestión?

-Afortunadamente, lo he sido mucho. Desde el principio hacíamos programaciones sin cortapisas de ningún tipo. Incluso en la Expo, aunque todo se consultaba con el comisario. Luego, en el teatro, no he tenido a ningún político que me diga: «Esto no lo pongas». 

-¿Qué consejo le darías a quien te sustituya?

-Que intente entender la ciudad y siga en la línea de lo que considero que debe ser. Aunque cada cual piensa de una forma y el que venga puede considerar que el teatro debe mantenerse en otros parámetros… 

-Los actores y directores de compañías, ¿qué te han transmitido?

-Cuando terminó La Cubana, todos me daban las gracias. Todo el personal del teatro, cada vez que hemos tenido un problema, acuden para resolverlo. He cultivado eso, tener una relación estrecha con ellos. Ser un director déspota que hace, dice, ordena y manda, es un error. Esto es como un barco donde todo el mundo es esencial. Uno tiene que llevar el timón, pero, desde el maquinista hasta el que limpia, son importantes. Además, tengo la satisfacción de que el equipo de aquí, adora y ama el teatro. 

-¿Qué tiene el teatro que no tenga el cine o la tele?

-La espontaneidad del día a día. Cuando entré en el Lope, una de las cosas que me planteaba es que, ocurra lo que ocurra, a las ocho y media tenía que levantarse el telón (se emociona)…

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