Jóvenes, talentosos y arriesgados

 

 

Aportando ideas nuevas, los diseñadores de ayer en SIMOF son la “savia nueva” de una moda en la que, a las pruebas nos remitimos, vuelve a darse un giro de tuerca al traje de flamenca

 

por Ricardo Castillejo

 

Dicen algunos que llegará un momento en el que haya más diseñadores de trajes de flamenca que clientas. O que los propios creadores tendrán que ponerse sus vestidos para darles salida… Bromas aparte, es evidente que, cuando siguen llegando (y manteniéndose algunos), nombres nuevos a este sector es porque el propio sector lo demanda. Y, con ejemplos como los de ayer, realmente es un placer que así sea.

Basta acudir a casos como el de José Galván, bailaor que también afronta con éxito colecciones como “Cuando el alma habla”, donde descubrimos a una mujer sensual que puede moverse con libertad y cómoda pero sin perder por ello la mezcla perfecta de elegancia y “flamencura”. Mucho rojo pasión para arrancar una tarde seguida por Alonso Cózar en cuyo pase pudimos ver el tan de tendencia lunar “de galleta” (muy grande) junto a la también muy en boga mezcla de lunares de diferentes tejidos y tamaños. Rayas mezcladas con estampados florales fueron otro de los aciertos de este joven profesional con muy buen estilo.

Un diseño de José Galváñ. Fotos: Iván Alcázar.

Por su parte, Consolación Ayala presentó blancos inmaculados con aplicaciones de pedrería en pecho y espalda y escotes en uve delanteros y traseros para propuestas muy elaboradas dentro de un desfile compartido con Carmen Raimundo, muy luminosa y colorista con su pequeño homenaje a Grecia plasmado en celestes y amarillos como hilos conductores del que fue un soplo de aire fresco -con cortos sesenteros incluidos- pensado para quienes quieran hacer de la alegría su bandera.

Trajes blancos con pedrerías por Consolación Ayala.

Se echaba de menos a María José Blay sobre la pasarela del SIMOF porque la de Coria del Río es una isla dentro de la flamenca que siempre merece la pena visitar y que nunca decepciona. Su espíritu “hippy-cañí” de los setenta quedó de pleno reflejado en monos con blusas, grandes collares hasta la cintura o patrones muy amplios, ligeros y sin capas superpuestas que dieron paso a otra parte más sofisticada y de fantasía en la que no faltaron un espectacular modelo dorado o ideales blancos, negros y dorados, algunos con guantes de mano como complemento. De seguida, Ana Morón emocionó para empezar a su madre, dedicándole el título de un trabajo, “Carmen”, con el que conmemoraba una década de consagración a esta vocación a la que se dedica en cuerpo y alma. Cuerpos de mantones, mangas anchas de tul, flecos trabajados al láser o una delicada reinterpretación del volante -muchos en arriesgadas pero perfectas uniones de naranja y fucsia o fucsia y rojo- hicieron de su alta costura su mejor tarjeta de presentación.

El lado más “hippy-cañí” en la colección de María José Blay.

 

“Carmen”, el homenaje de Ana Morón a su madre.

En cuanto al binomio de Verónica de la Vega y José Raposo, destacar la excelente costura y patronaje de la primera, sorprendente en su abanico de “chicas guerreras” con tejidos militares, tachuelas, estrellas superpuestas, chaquetas de cuero y cadenas doradas y hasta un guardapolvo de camuflaje sobre un espectacular vestido rojo. De Raposo citar su inspiración en el Western (de hecho, su música fue la de “El bueno, el feo y el malo”) presente en faldas vaqueras, camiseros o petos en la parte superior, de cuadros rojos y negros, que van abriéndose hacia unas amplísimas faldas atrevidas pero ponibles.

Flamencas de ‘Western’ por José Raposo.

Ya en la recta final, Antonio Gutiérrez, en solitario, dividió su tiempo entre una primera parte más discreta (de folklórica de calle) y una segunda mucho más “de artista”, utilizando en general camisetas, gorras y viseras en tonos llamativos como el amarillo, el verde o el rosa. Para terminar, Rosapeula trajo de Granada un concepto árabe que avanzó desde los ocres con formas que recordaban a los azulejos nazaríes a los azules y blancos que trasladaban al marroquí Chauen para cerrar con unos maravillosos negros, muy modernos, confeccionados en punto de licra y con transparencias, botones y muchas estrellas de David dispuestas a lo largo de unas siluetas muy voluminosas. En cuanto a Javier García, una vez más volvió a subir su propio listón, en esta ocasión acudiendo a la calle Pureza para encontrar en ella, por ejemplo, unas rayas verdes iguales que la de los puestos de la Velá. Acompañado por la Banda de San Juan Evangelista, el estepeño defendió la manga larga, los volantes sin puño, unos moderados hombros de farol y encajes superpuestos para unos canasteros sin lunares ni estampados y adornados por flores de cera en el pelo. Unos toques semanasanteros que no hicieron sino convertir el suyo en un éxito más dentro de una carrera en constante ascenso. Porque está claro que las nuevas generaciones pisan fuerte y seguro. Saben lo que quieren y lo defienden con uñas y dientes. Como debe ser cuando cree firmemente en aquello que hace.

 

 

La propuesta más atrevida de la jornada la trajo Antonio Gutiérrez

 

Lo mejor

El maquillaje, muy marcado en ojos y labios oscuros

Lo peor

Los stands vacíos y con un traje solo… ¿qué sentido tienen?

 

 

 

Javier García “Pureza”- Fotos: Iván Alcázar.

 

Antonio Gutiérrez “Lo Prohibido”- Fotos: Iván Alcázar.

 

José Raposo “West” – Fotos: Iván Alcázar.

 

Verónica de la Vega “Flamencas armadas” – Fotos: Iván Alcázar.

 

Ana Morón  “Carmen” – Fotos: Iván Alcázar.

 

María José Blay “Mis quereles”- Fotos: Iván Alcázar.

Carmen Raimundo “Santo” – Fotos: Iván Alcázar.

 

Consolación Ayala “Aura” – Fotos: Iván Alcázar.

 

Alonso Cózar “Aleluya”- Fotos: Iván Alcázar.

 

José Galvañ “Cuando el alma habla” – Fotos: Iván Alcázar.

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