Jorge Bucay: “La idea de que todo se puede si lo quieres no solo es falsa sino peligrosa”

 

 

¿Cómo es uno de los hombres que más ayudan a la sociedad actual? Un referente para millones de lectores que confían en sus consejos y reflexiones y que ahora pueden disfrutar de su nuevo libro, “Cuentos clásicos para conocerte mejor”

 

por Ricardo Castillejo

 

Toda su vida le ha contado cuentos a sus dos hijos, y lo sigue haciendo con sus cuatro nietos. Porque Jorge Bucay, por encima de todo lo demás, es un hombre de familia, que se emociona recordando su infancia y al que le gusta cuidar de su entorno con alas protectoras. Por eso tal vez decidió dedicarse a lo que se dedica y por eso, seguramente, lo ha hecho con tanto éxito. Porque ama su profesión y porque se ha entregado a ella durante varias décadas de conferencias, espacios en los medios de comunicación y best seller que atestiguan una trayectoria a la que ahora llega “Cuentos clásicos para conocerte mejor”, su nueva aventura literaria.

-Eres muchas cosas pero, realmente, ¿tú qué te consideras?

-Estudié medicina, pero no ejercí en el sentido clásico de ella como otros colegas. Incluso como médico psiquiatra me costaba aceptar la palabra “médico”. Los médicos curan a la gente y a mí me pareció que nosotros no curábamos. Además, los psiquiatras trabajan con pacientes locos y yo trabajaba con pacientes cuerdos. “Psicoterapeuta”, que es una palabra bellísima, tampoco me siento. La gente necesita poner una etiqueta y yo me inventé ser un “ayudador profesional”, dedicado atender a los que sufren para que dejen de hacerlo. Así, acompaño, sugiero, muestro, indico… herramientas que te permitan operar sobre ti mismo porque, el verdadero sanador, eres tú.

-¿Te consideras eso de “influencer”?

-Es que yo no pertenezco al mundo de las redes sociales. Los que tenemos más de cincuenta -yo tengo 50 y dieciocho-, hemos llegado tarde a eso. Hay 42 páginas de Facebook con mi nombre y ninguna es mía. Tampoco tengo ni twitter ni Instagram. No es mi mundo. Lo de la influencia no me interesa y la trascendencia, en mi caso, pasará por otro lado.

-¿No te ves entonces poderoso?

-No, no. Ni “influencer” ni poderoso. Amigo, nací en Buenos Aires a 50 metros del basurero municipal en un barrio que olía a basura y a humo. Uno puede irse pero, si conservas la memoria, sigues siendo aquel que era. Ahora no me huele la mano a quemado pero no voy a dejar de recordar de dónde vine. No me creo nada. Soy alguien común que ha tenido una inquietud poco común. Un buscador vehemente en mi búsqueda. Me crié en una casa donde no había problemas familiares, mis padres se querían mucho y nos enseñaron a querernos igual, sin rivalidades. Eso es una bendición

-Pero, ¿hay, en función de lo que acabas de decir, trenes a los que se llega tarde?

-Seguro. Y algunos trenes que no son para ti y a los que ni siquiera vas a llegar. La idea de que todo se puede si lo quieres no solo es falsa sino peligrosa. Es un engaño. Prometerme a mí con quince años, con mi cuerpo, que si me preparaba sería bailarín era un despropósito y una mentira. En España sobre todo se llegó a un desacomodo genuino y terrible porque a los que menos tenían se les dijo que tenían derecho a alcanzar casas que no estaban a su alcance. Y se pidieron créditos y se hipotecaron sin pensar y la consecuencia fue una crisis brutal. Hay que darse cuenta de lo que se puede y lo que no.

-En tu nuevo libro planteas una revisión de cuentos pero, muchas veces, los clásicos de este género se basan en asustar a los lectores… ¿Tu intención es atemorizarnos más aún?

-Bueno, tal vez hubiera sido un buen planteamiento… (Risas). En realidad la intención era saber qué más tenían que decirnos estos textos, por qué habían llegado vivos hasta la actualidad. Encontré mucho material pero todo pasaba por volver a relatar la historia original.

-¿Contigo pasa la paradoja que sucede muchas veces de que se da algo, ayuda en tu caso, que luego se necesita?

-Por supuesto. Eso es ser una persona íntegra y completa. Es como creer que el cocinero no come. Los terapeutas somos seres humanos y también necesitamos ayuda profesional. No estamos exentos de nada de esto y nunca reniego de eso. En un libro mío hablo de un momento muy depresivo mío. Lo escribí con orgullo y lo mantengo igual. Ése soy yo.

-Circulan por ahí muchas “frases de Jorge Bucay”… ¿Algo que comentar al respecto?

-Algunas son mías y otras, no pero no puedo hacer nada al respecto nada más que reírme y confirmarlo o no. Poco a poco se va descubriendo que internet no es un lugar fiable al cien por cien.

-¿Quién ayuda a Jorge Bucay?

-¡Uh! Mucha gente. Tengo dos hijos maravillosos, uno psiquiatra y escritor. Y Claudia, que también es médica, cardióloga, muy prestigiosa como su hermano. Algunos amigos, pocos, a los que recurrir, y en alguna ocasión, cuando estaba atascado en una situación de la que no podía moverme, volví a mi terapeuta.

-Una de nuestras grandes preocupaciones es… ¿existe un más allá?

-No soy ejemplo de nadie. Era bastante escéptico y tengo formación científica pero desde que murió mi madre he cambiado de forma de pensar. Posiblemente porque me cueste aceptar que no esté en ningún lugar pero, ¿qué importa? Prefiero imaginar que hay algo de ella que sigue viviendo, aunque no sea su cuerpo, y que su muerte me ha quitado la posibilidad de acariciarla pero no su amor ni su acompañamiento.

-Por cierto, a nivel de pareja, ¿está en riesgo el amor?

-No. Mi generación desprecia los nuevos modelos pero no es que eso no sea amor. Son nuevas opciones: homosexuales, monoparentales… Estamos asistiendo a un cambio pero eso no quiere decir que lo diferente que viene sea malo.

 

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