Joana Jiménez: “Cuando he estado mal, he deseado desahogarme cantando”

Este sábado en el Teatro Quintero se estrena el nuevo espectáculo de Joana Jiménez, ‘Entre las cuerdas’

por Ricardo Castillejo

Salió victoriosa de ‘Se llama copla’ y ahora viene a dar un giro dentro de su carrera con un formato musical completamente diferente, donde solo estará acompañada por cuatro instrumentos de cuerda: un piano de cola, un violonchelo, una guitarra española y, el más importante, su voz. Canciones de grandes figuras saldrán versionadas de lo más profundo de su corazón en este espectáculo que nada tiene que ver con lo anterior. Más allá, Joana Jiménez es una mujer como cualquier otra, con la diferencia de que el público la admira

-En tu nuevo espectáculo, ‘Entre las Cuerdas’, vas a hacer versiones como la de ‘Mediterráneo’ de Serrat…

-Una melodía es como un vestido, a todo el mundo no le queda igual. En el caso de ‘Mediterráneo’ todo el mérito no es mío, pues la idea de hacerlo por bulerías fue de Jesús Bola, el productor de ese disco. Sin embargo, los temas que voy a interpretar en ‘Entre las cuerdas’ son tal y como yo los siento. Incluso musicalmente hablando ya sé qué arreglos quiero que suenen.

-Avánzanos algo del repertorio, ¿no?

-Habrá una parte de coplas, porque sé que es lo que la gente espera de mí, pero con otro formato, más elegante, más íntimo y con algunas que no he hecho nunca. Luego vendrá una parte flamenca, por supuesto, y todo el que me conoce sabe que desde que soy muy niña admiro a Luz Casal, con lo que tendré algo de ella y de otros muy grandes.

-A pesar de las actuaciones que llevas a las espaldas, ¿no te cansas del escenario?

-Al revés, siento que crezco y que tengo que aprender más. Es una contradicción porque ves que vas evolucionando pero, a la vez, te das cuenta de que te queda mucho por ofrecer. La gratificación de ver cómo el público te admira y te aplaude es tan grande que me da la fuerza para dar cada vez más.

-¿Tienes amigos artistas?

-Depende de lo que se considere artista (risas). Amigos, amigos… sí, tengo esa suerte.

-Te lo pregunto porque el otro día estuve recordando con Pastora Soler las rencillas en el mundo de la copla…

-No entro a esos trapos ni muchísimo menos. Además, como he estado tantos años fuera de la copla, metida en el flamenco, viajando… Me fui con diecisiete y vuelvo con treinta de Madrid a Sevilla y me encuentro ese panorama (risas). Me sentí un poco pequeña porque no estaba integrada, entre ellos se conocían todos y yo llegaba nueva. Pero, al fin y al cabo, son tonterías del momento y hay que seguir adelante.

-Tú no paras ¿no?

-Ya me pararé cuando me muera, ahora no puedo (risas). Después digo que mi hijo no para, pero claro, ¿a quién va a salir? (risas).

-En revistas del corazón no sales, a vas contadas… Entonces o eres muy buena, o tienes mucha suerte, ¿dónde está el secreto?

-La suerte te tiene que venir trabajando. En esta profesión, la suerte existe y los padrinos también, pero luego está el público que no es tonto y es el que te va poniendo en el lugar donde creen que debes estar. También entra en juego tu constancia y tu profesionalidad porque esto no es tener buena voz, cantar y ya está. Eso son muchas cosas y, en 33 años que llevo cantando, te vas dando cuenta.

-¿Cuántas veces te has subido a un escenario pensando: “si la gente supiera lo que estoy pasando…”?

-Muy pocas, porque la música ha sido siempre una terapia para mí y, cuando he estado mal, he deseado desahogarme cantando. Me considero una persona muy dichosa, muy afortunada y soy muy feliz, aunque todo el mundo tiene sus cosillas.

-¿Cuánto sabe de ti el público?

-Todo el mundo tiene su intimidad, pero a mí se me nota todo en la cara y en los ojos. No puedo fingir. Soy muy transparente y me considero una mujer de la calle que hace lo que cualquier madre. Todos los días llevo a mi hijo al colegio y al instituto, lo recojo, hago mi compra, mi comida, lo llevo al fútbol, me quedo viendo sus partidos… Y aparte, mi trabajo. Quienes está a mi alrededor sí saben más de mí, pero tampoco es nada excepcional.

-Al final todo se termina poniendo en su sitio y tu gran maestra, Marifé de Triana, era de esa opinión…

-Da igual a lo que te dediques o como seas, lo que hay que ser es buena gente y lo demás son complementos. Admiro mucho a las personas que son humildes, aunque sean enormes como artistas.

Joana Jiménez posa en el Teatro Lope de Vega con diseño de Manolo Giraldo. Foto: La Petite Chambrè

 

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