Javi Cantero, “Mi padre era muy de verdad y, lo auténtico, llega al instante”

 

El hijo de El Fary ha rendido un homenaje musical a su padre versionando las canciones de éste junto a otros artistas como Rosario Flores o Mario Vaquerizo

por Ricardo Castillejo

Todos le conocimos subido a una moto y cantando en el 2000 aquello de “cuanto más acelero, más calentito me pongo”. Desde entonces, la carrera de Javi Cantero ha tenido sus idas y venidas, al menos cara al público, aunque sin dejar nunca la vinculación con un mundo, el de la música, que conoció gracias a alguien tan admirado como su padre, José Luis Cantero, El Fary. Un taxista reconvertido en figura de la música que supo ganarse el corazón de los españoles y que dejó para el recuerdo títulos como “Caribirurí” o “El torito guapo” que su hijo, a sus 32 años, ha querido revisar casi una década después del fallecimiento de su padre.

-Después de su primer éxito se ha sabido poco de usted… ¿Cómo ha llevado esta situación?

-Bueno, bien. Siempre digo que aquella situación se me vino encima demasiado rápido. Ahora he sacado mi propio estilo, en colaboración al cincuenta por ciento con mi hermano, y he aprendido muchas cosas. Lo que sí mantengo es la ilusión del principio.

-¿Tuvo claro desde siempre que quería dedicarse a esto?

-No. Sentía algo pero nada definitivo. Luego conocí a Paco Ortega, que me grabó un par de maquetas, y ahí empezó todo.

-¿Su padre le dio consejos?

-Sí, muchos. Sobre todo que, por mucho que rodaran bien las cosas, no me creyera más que nadie porque esto es algo efímero. Que compusiera, que me entregara a los míos y que nunca me durmiera. Era una persona muy humilde, a pesar de ser tan conocido y tan querido.

-¿Cómo lo veía?

-Como un tío que tenía ese don y esa verdad y esa autenticidad que solo da Dios a los genios. No era un artista prefabricado con grandes campañas de marketing y tenía una garganta prodigiosa, con una rapidez increíble. Era muy alegre, muy de verdad y había vivido mucho y lo auténtico llega al instante. “Su” Cambridge había sido la calle, el asfalto.

-¿Era admirador suyo?

-De pequeño me tiraban otras cosas (risas). Cuando me empecé aficionar al cante –a través de Camarón-, lo valoré más. Además, como padre era un fenómeno.

-¿De qué forma lo recuerda?

-De muchas maneras. Me acuerdo de él cada día por mil detalles, como cualquier hijo con su padre.

-¿Considera que un padre así frena profesionalmente?

-Hombre, al principio me ayudó, me dio sus contactos. Me decía que me había puesto en la plaza y que, el resto, era cosa mía. Más allá la gente sí que a veces compara pero él era único e inimitable.

-Él era muy “personaje” y ha dado para muchos comentarios graciosos…

-Sí. Y me parecen fantásticos los chistes y todo eso. Caló mucho y eso me llena de satisfacción. Sabía sacarte una sonrisa y nunca le molestaban las parodias ni nada de eso.

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