Ideal de la muerte

De mayor quiero tener una casa como la de Carmen Martínez-Bordiú de El Pazo de Meirás, poder disfrutar de amantes y maridos millonarios igual que los que la nieta de Franco ha tenido en su haber y salir en el “¡Hola!” eternamente joven, como si el tiempo no dejara cicatrices ni en la cara, ni, por supuesto, en el alma. Así todo el mundo me contemplaría con los mismos ojos que la nuera de la “nietísima” ve a su suegra: “Ideal de la muerte”.

Fíjense que, cuando pensábamos que ese tipo de expresiones “pijas” de la generación del “te lo juro por Snoopy” habían quedado desterradas –sustituidas por el mucho más vulgar “Ola k ase”-, va Margarita Vargas y rescata una de ellas –posiblemente la más conocida-, recordándonos de esta forma que siempre hubo clases… y las habrá. Porque ustedes convendrán en que no es lo mismo protagonizar una exclusiva para el “Sorpresa” o el “¡Qué me dices!” que hacerlo en el mencionado “¡Hola!” y, mucho menos, cuando la co-protagonista de ese reportaje con el que la publicación celebra esta semana su setenta aniversario es, nada más y nada menos que Isabel Preysler.

130914_opinion_destacado__Juntas en amor y compaña, Carmen e Isabel, Isabel y Carmen –tal y como son citadas en ese texto recordando, como “reinas del corazón” que son, al “montaje” tanto del uno como del otro de sus majestades los católicos, Isabel y Fernando- han desplegado sus mejores sonrisas para, no obstante, dejar claro que “los ricos también lloran” e incluso, si me apuran, que hasta son “choriceados”.

Sí… Han leído bien… “Choriceada” es el término con el que “la” Martínez-Bordiú se autodefine, sin aclarar exactamente por parte de quién (a pesar de que todos podemos suponer que, si no es de su ex, el “rey de la chatarra”, será de otro anterior). Un vocablo bastante popular –por no decir vulgar- si tenemos en cuenta el contexto de la entrevista, la casa de su amiga “la” Preysler, y el “glamour” de estas señoras las cuales, igual que les sucede al resto de los mortales, tienen sus brillos… y sus sombras. Así, a sus 63 años, Isabel ha tenido que centrarse en el cuidado de su marido, Miguel Boyer, de 75, a quien tiene que cuidar en todo momento desde que sufriera un ictus el 5 de febrero de 2012. Un revés que seguro le ha cambiado todos sus planes vitales y que afronta, cara al público por lo menos, con la mejor de sus sonrisas. Algo similar a lo que hace Carmen, de la misma edad que su compañera de editorial, ante un currículum sentimental al que, desde bien joven, ha sabido sacarle el máximo partido aunque, una vez tras otra, tropiece con la piedra de la ruptura amorosa.

Algún precio habrá que pagar porque, además, les aseguro que de aquí nadie se va “de rositas”. Lo que pasa es que, con unos taconazos de quince centímetros, unos vaqueros “monos”, una blusa blanca sencilla y unos buenos retoques de quirófano y “Photoshop”, las cosas se ven de otra manera, esto es, “Ideal de la muerte”…

 

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