Cristina Luengo: «He conocido lo que es el miedo siendo madre»


El blog “Adoro ser mamá” de Cristina Luengo, con más de 15.000 amigos, se está convirtiendo en toda una revelación digital: ha celebrado un fin de semana intenso en Sevilla y ha sido nominado a los premios “Madresfera”

Por Ricardo Castillejo

Cristina Luengo es una madre de 34 años de dos niños llamados Alexandra, de cinco años, y Marcelo, de dos y medio. Pero Cristina es la responsable de la III Jornada de Crianza Respetuosa que se ha celebrado este fin de semana en Sevilla y, además, la propietaria de “Adoro ser mamá”, un blog sobre maternidad con el que ha conseguido el Premio Blogosur al «Mejor Blog Personal de Sevilla» y con el que se ha convertido en finalista de los Premios Madresfera, que se otorgan el día 23 en Madrid. Una evolución a pasos agigantados que comenzó cuando tuvo a su primera hija, en 2013, y pudo darse cuenta de la gran cantidad de mitos e informaciones erróneas que hay sobre la maternidad. Ahora ha encontrado en su blog un rincón donde reflexionar y compartir consejos con más padres y madres. 

-¿La maternidad está mitificada?

-Dicen que está sobrevalorada. Durante el embarazo estaba loca buscando una «nani» para que se quedara con mi hija y poder continuar con mi trabajo, pero cuando la tuve en brazos fui incapaz. No pude elegir porque, el simple hecho de pensar que me iba a separar de ella, me provocaba un estrés tremendo. Cambian tus prioridades, dejas de tener tiempo para ti, pero compensa muchísimo. Mañana, por ejemplo, tengo una rueda de prensa en la que participo con mi marido y nos llevamos a los niños. 

La crianza respetuosa no tiene nada que ver con la sobreprotección. Que un hijo tenga cuatro años no quiere decir que no tenga su propia forma de ver la vida y su personalidad»

-¿Qué es lo mejor y lo peor de haber sido madre?

-No hay nada negativo… El miedo quizás, que lo he conocido ahora. Ya no es porque se caiga y se haga una brecha, sino por tal y como está hoy la sociedad, el mundo, la educación… Es complicado traer hijos al mundo porque se enfrentan a un montón de psicópatas que están a nuestro lado sin que seamos conscientes de ellos (risas). Por otro lado, hay tantísimas cosas buenas… El amor incondicional, la compañía, la gratitud… Es inexplicable. 

-¿Cuál es el objetivo final de tu blog?

-Desahogarme. Ha tomado un matiz más personal que antes, siendo un rincón de reflexión cuando me siento preocupada o cuando tengo miedo. Es muy gratificante que, cuando te pasa algo, en la soledad de tu casa te crees que eres la única a la que le sucede, pero lo subes al blog y encuentras a un montón de madres y padres que se sienten exactamente igual. Por ejemplo, con el tema de las alergias he contado cuestiones que no se conocían. 

-Ha crecido más de lo que te habrías imaginado, ¿no?

-Cuando lo creé simplemente quería un lugar donde escribir y expresarme compartiendo mis experiencias. Nunca pensé que se fuera a crear una comunidad tan bonita. En Facebook somos casi 15.000 mamás. Además, cuando escribes desde el corazón, te das cuenta de que la interacción de la gente sube. 

-¿Tu marido en tu maternidad de qué manera ha contribuido?

-El 50% totalmente. Por suerte, compartimos la misma forma de ver casi todo, aunque a veces tengamos nuestras discrepancias. En mi casa yo no cocino, se encarga él. Todo depende de lo que tengamos cada uno en cada momento, pero nos lo repartimos equitativamente. 

-Si alguien quiere ser madre sin saber a qué se va a enfrentar, ¿qué consejo le dirías?

-Que no escuche a la gente. El instinto lo tenemos y, por lo demás, solo nos llegan ruidos como: «No lo cojas en brazos que se va a mal acostumbrar» u «¿Otra vez le vas a dar la teta?»… No te dejan hacer con tu bebé lo que realmente quieres, que simplemente es darle amor, consolar su llanto, alimentarle de la forma que consideras mejor… Cada uno tiene que vivir la maternidad y la paternidad como lo siente, no como los demás quieran que la vivas.

-¿Cómo se hace para protegerse de todo eso?

-Yo les contesto y entonces llega el momento en el que, quienes te conocen saben que no te pueden decir nada. Con “contestar” no me refiero a ser grosera, sino a dejar claro que la crianza de mis hijos nos compete a su padre y a mí. No permito que nadie se meta. Acepto consejos. De hecho, he sido la primera en acudir a una psicóloga infantil cuando lo he necesitado. Voy a profesionales que estén actualizados y me den información de verdad, no opiniones personales porque, lo que tú has hecho con tus hijos, me puede funcionar a mí o no. 

-¿A ser madre se aprende leyendo un libro?

-Los libros te dan herramientas y recursos. Aunque depende del tipo de libro porque hay cada uno… Yo recomiendo los de Carlos González, «Un regalo para toda la vida» o «Bésame mucho». En ellos hay una lógica aplastante y te ayudan a comprender situaciones. No hay un manual de instrucciones porque tu hijo es único y no hay verdades absolutas. 

-¿Es la intuición lo más poderoso?

-Sí. Y a lo que se le debe hacer caso. Ningún padre y ninguna madre en su sano juicio desatendería a su bebé. Sin embargo, hay libros que te dicen que tienes que dejar a los bebés llorando solos en la habitación hasta que se duerman y hay quien lo hace porque cree que es lo mejor. Que al cogerles en brazos se mal acostumbran es la tontería más grande que se ha dicho en este mundo. Nadie se mal acostumbra al afecto, ni al amor. Al contrario, hacemos personas seguras de sí mismas, que saben que si tienen algún problema tienen a su padre o a su madre.

-Entonces, ¿cuál es el límite? Porque luego está la sobreprotección, que tampoco es buena…

-Encontrar ese equilibrio puede resultar complicado y no hay una ciencia exacta. Pero la crianza respetuosa no tiene nada que ver con la sobreprotección. Se habla de que hay que respetar los ritmos de los bebés, sus necesidades, hay que escucharles, son personas… Que un niño tenga cuatro años no quiere decir que no tenga su propia forma de ver la vida y su personalidad. Reconozco que a veces puedo pecar de sobreprotectora por el miedo. También debe haber límites. En casa lo que es «no» es «no» y tenemos unas normas escritas en las que decimos que no puede haber violencia, no se grita, recogemos todo después de usarlo… 

-Cuando miras a tus hijos, ¿en qué notas que lo estás haciendo bien?

-En pequeños gestos como el que me contara la «seño» de mi hija: «Hemos repartido unas monedas de chocolate, una amiga estaba llorando porque se le había caído al suelo y tu hija le ha dado la suya». Que mi hijo, con poco más de dos años, me pregunte: «Mamá, ¿estás bien?» o a una amiga de mi hija que se había tirado por un tobogán él se le acercó y le dijo: «Nerea, ¿estás bien?». Pequeños gestos de empatía y de generosidad…

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